Verdades que no se sostienen pero cuesta cambiar

Sociedad
Lectura

Ser otro a los cuarenta es difícil, pero conozco a un par de personas que lo han logrado. No por necesidad económica sino por gusto: decidieron abandonar su trabajo y dejarse

llevar por algo que les entusiasmara más. Sin embargo, hubo escollos. ¿Y el lugar ya ganado? ¿Empezar a estudiar con chicos de otra edad? ¿Perder -o quizás no, pero hay que arriesgar- cierta estabilidad financiera? ¿Mejor seguir como alguien “un poco conforme”, aunque incompleto, que como un futuro fracasado?

Replantear el propio mapa cuesta. A veces por rutina (un cierto cobijo... que puede terminar en ahogo). Otras porque nos hemos construido a partir de geografías propias que fuimos delineando con ilusión. Y hemos aprendido -¿por qué?- que desandarlas significa ir hacia atrás. No, es aceptar que uno es un ser vivo, cambiante, que tiene compromiso con la honestidad de su pensamiento. No con una continuidad que a veces anquilosa.

He tenido cambios en mi vida. Hasta cerca de los 40, creía que el amor era algo ajeno a mí. Podía estar bien, pero no sentir que una relación llegaba para quedarse. En broma decía que había nacido sin el gen del amor. Pero un día del año 2000 las cosas cambiaron y ella y yo supimos que esto venía para largo -ya cumplimos 18 años de casados-. ¿Si me costó aceptar que estaba enamorado, que podía convivir en pareja sin sentirme asfixiado? Sí, iba contra mi physique du rôle. Pero la realidad pudo más y ahora asumo, aunque cueste, mis niveles de romanticismo.

El otro tema es menor, pero influye -y bastante- en mi vida cotidiana. Durante muchas décadas me consideré una persona sedentaria. Me aburría en los gimnasios, pagaba las cuotas y terminaba regalando el valor mensual. Hasta que me ponía las pilas y ejercitaba intensivamente tres semanas. Y vuelta a empezar. Como en todo, hay que encontrar “nuestro” ejercicio en el mundo. Un día me puse a trotar, luego a correr. Lo hice durante una hora. ¿Habrán sido las endorfinas? ¿Algo atávico? ¿El sueño de ir rápido? No importa. Importa sí que todos los días aún me calzo las zapatillas y voy para adelante sin pensar demasiado en lo que vendrá.