Un hallazgo argentino revela detalles desconocidos de la evolución de las serpientes

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Fernando Garberoglio, becario doctoral del Conicet, pudo confirmar una teoría que por ahora no había sido comprobada sobre la evolución del cráneo de las serpientes. Hasta que hace muy poco, de

hecho antes de que Fernando investigara el caso, había dos modelos antagónicos de la cabeza de los antepasados de las serpientes modernas. Uno sostenía que hace 100 millones de años, estos animales eran pequeños, vivían debajo de la tierra y tenían cabezas chiquitas. Otra, en cambio, estimaba que sus cuerpos eran grandes, caminaban sobre la tierra y sus cráneos también eran voluminosos.

Durante décadas nunca se pudo confirmar ninguna de las dos teorías ya que los restos del ejemplar más antiguo conocido estaba incompleto y fragmentado, y le faltaba justamente el cráneo. Se trata de la Najash rionegrina, que es una antigua serpiente fósil de menos de dos metros de largo pero 100 millones de años de antigüedad que fue descubierta en La Buitrera, una localidad fosilífera situada cerca de Cerro Policía, en el noroeste de Río Negro, a unos 1.300 kilómetros de Buenos Aires.

Este especie se la conoce desde 2006, cuando la investigación sobre su hallazgo fue publicada en la revista Nature, y desde entonces muchos especímenes fueron colectados. Sin embargo, nada se conocía del rostro de esta antigua serpiente.

Garberoglio cuenta a Clarín que este animal "tenía las patas posteriores bastantes desarrolladas" pero que se "desconocía cómo era su cabeza". Pero él, también en La Buitrera, pudo hallar "fósiles de esta serpiente con el cráneo completo". 

Una recreación de cómo era la Najash rionegrina. (Conicet)

Una recreación de cómo era la Najash rionegrina. (Conicet)

"Eran serpientes de cuerpo grande y una boca amplia", comenta el investigador, dando a entender que de esta forma queda eliminada la idea de que eran pequeñas, subterráneas y de cabeza chica. 

Garboglio cuenta que las serpientes más antiguas que se conocen tienen 170 millones de años y no se sabe cómo eran. En algún momento tuvieron cuatro patas y después las fueron perdiendo. Su hallazgo --publicado en la revista científica Science Advances-- también confirmaría que las serpientes usaron dos patas posteriores durante mucho tiempo. "Lo que nosotros vemos es que las dos patas posteriores en las serpientes antiguas no fueron una etapa intermedia corta, sino mucho más larga de lo que se creía", comentó. Este período, cree, "duró al menos 70 millones de años, pero no se sabe muy bien". 

Sobre la causa de cómo las perdieron,  Fernando asegura que "no hay una razón clara. Evidentemente no tener patas no les generó ningún impedimento", asegura. 

Fernando encontró el ejemplar completo de un espécimen de Najash en el 2013, cuando aún era estudiante. Halló un cráneo con vértebras del cuello y presentó su solicitud de beca de Conicet para estudiar el vasto material de serpientes de La Buitrera en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara (Universidad Maimónides) bajo la dirección de los paleontólogos Sebastián Apesteguía (Conicet) y Michael Caldwell (Universidad de Alberta, Canadá).

La Buitrera se viene estudiando desde 1999 y ha provisto una impresionante lista de hallazgos completamente nuevos como dinosaurios (Buitreraptor, Alnashetri), reptiles esfenodontes (Priosphenodon), mamíferos (Cronopio), tortugas y peces. Las expediciones a La Buitrera fueron realizadas mediante un convenio con la Agencia Cultura del Gobierno de la Provincia de Río Negro y los materiales fósiles corresponden al Museo Provincial Carlos Ameghino, de la ciudad de Cipolletti.

"Najash se hizo famosa por ser la primera serpiente con patas hallada en Argentina. Sin embargo, desconocíamos su rostro. El fósil sorprendentemente bien preservado de la cabeza de Najash muestra que aún poseía un hueso del pómulo presente en los lagartos, el yugal --describe--. Najash poseía un tipo de cráneo móvil, aspecto que heredaron y potenciaron las serpientes modernas, pero no poseía dientes de veneno ni podía abrir la boca a un tamaño mayor que su propia cabeza, como sí hacen las serpientes modernas”. 

“Esta investigación revoluciona nuestro entendimiento sobre el hueso yugal en serpientes y otros lagartos”, sostiene Michael Caldwell, profesor del Departamento de Ciencias Biológicas y de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera de la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá y co-autor del estudio. “Después de 160 años mal identificado, este trabajo corrige este importante rasgo basándose en evidencia empírica, en lugar de sólo inferencias”, agrega. “La Buitrera nos muestra los fósiles más detallados de hace casi 100 millones de años, de principios del Cretácico Superior, un momento del que conocemos muchos gigantes, pero en el que vivían también animales pequeños, como serpientes, lagartos, mamíferos y ranas”, suma el otro co-autor del estudio, Sebastián Apesteguía, también investigador del Conicet y líder del grupo de trabajo de La Buitrera en la Fundación Azara.

Por décadas, el entendimiento de los paleontólogos sobre el origen de las serpientes ha estado condicionado por el limitado registro fósil. Los nuevos fósiles presentados en este estudio son cruciales para reconstruir los primeros pasos en la historia evolutiva de las serpientes modernas. Los fósiles descritos en este estudio son parte de un linaje antiguo de serpientes que habitó mayormente el continente de Gondwana, en el Hemisferio Sur, y parece estar relacionado únicamente a un reducido número de serpientes modernas.

Los investigadores pudieron visualizar las estructuras del cráneo del espécimen utilizando microtomografía computada (micro-CT) para examinar los pasajes de nervios y arterias, así como estructuras óseas, que de otra manera serían imposibles de ver sin dañar el fósil. “Esta investigación es indispensable para comprender la evolución del cráneo de las serpientes ancestrales y modernas”, añade Caldwell.