Nos espera un futuro retro

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¿Qué más retro que el largo midi, las hombreras o los vestidos con cintura avispa y faldas vaporosas con cientos y cientos de metros de tul (650 para ser exactos), como

el que usó Pampita by Jorge Rey en la entrega de los Martín Fierro de la Moda? Todos estos diseños y guiños del pasado, que remiten a otras épocas, se usan ahora combinados con toques modernos, en una suerte de revival y recategorización que los especialistas en tendencias no dudaron en llamar futro o futuro retro.

“La innovación a menudo se basa en aprendizajes de épocas anteriores, en la aplicación de tecnologías de nuestros archivos para ofrecer soluciones nuevas”, anticipa Maximiliano Iriart, Digital Marketing & Sportleader de Puma. Y como ejemplos menciona momentos de la historia en los que el pasado y el futuro pierden distancia: los saltos exponenciales en tecnología, los viajes espaciales o la simple y fortuita odisea de transportarse de un milenio al otro al pasar la medianoche de un 31 de diciembre. “Son hitos que despiertan en el inconsciente colectivo el poder flexibilizar el tiempo y habitar a antojo momentos que tal vez no hayan existido ni van a existir”, comenta.

Vinculado a la moda, el lanzamiento en 1957 del Sputnik, el primer satélite artificial puesto en órbita por la Unión Soviética, y la llegada del hombre a la Luna en 1969 sirvieron de inspiración para diseñadores como Balenciaga, Pierre Cardin y Paco Rabanne, quienes se consolidaron como “los principales exponentes del futurismo en la moda y prepararon a la clase alta con los looks perfectos para vivir en la era espacial”, amplía Iriart. Pero en 1983 esa visión futurista rebota hacia el pasado “y se potencia con el sugimiento del retrofuturismo como corriente artística. Ese mismo diálogo de ida y vuelta entre pasado y futuro es el que mantenemos hoy”, agrega. Los colores neón y los materiales sintéticos de tacto plástico que se usaban hace décadas sin más lejos, ahora vuelven impulsados por las luces de las pantallas de la era digital como paleta de moda.

Por eso hoy se toman códigos estéticos y culturales y se incorporan las últimas tecnologías y materiales propios del futuro/presente que habitamos. Esa es la esencia del futro que analizaba Iriart, un futuro retro, una cocreación entre nuestro yo presente que relee sus apuntes e ideas del pasado y termina de materializarlas “al ensamblar partes que se resignifican mutuamente”.

Esta tendencia impulsada como vanguardia por la contracultura joven (incluso por una juventud que aún no había nacido en el año 2000, como bien apunta), se expresa a través de las zapatillas y el streetwear, dos rubros que responden con velocidad y desenfado a los cambios.

Para el experto, las firmas que llevan la delantera son Prada, con la línea de zapatillas Cloudbust y el relanzamiento de su unidad deportiva Linea Rossa, Louis Vuitton con las Archlight, Lanvin con las Diving Sneakers y Puma con la familia de zapatillas RS (Running System). En 1986, Puma lanzó la primera zapatilla para correr que podía conectarse a una computadora Commodore 64 y descargar información de la performance del corredor. En 2018, relanzó la tecnología RS con Ader Error, la firma de moda más vanguardista de Corea. Así surgió el modelo RS-X, que ilustra la reinvención de una idea del pasado con códigos retro y futuristas.

Para la diseñadora Luz Ballestero, este “ida y vuelta” también puede vincularse con lo que “nos dejan y lo que dejamos”. Y asocia el concepto a la sustentabilidad, el cuidado y el hecho de “conocer el producto y quién lo produce”, además del valor que tiene el pasado a nivel personal. El “todo vuelve”, aplicado a la moda, se manifiesta como una resignificación de lo heredado. “Es una referencia a temas pasados, pero desde perspectivas más íntimas y personales”. La diseñadora no habla de referencias a años anteriores. “Hablo de lo que tenía mi abuela en su placard cuando era joven, en su cajón. Es una referencia íntima, no generalizada”, explica.

Al crear su nueva colección verano/playa, Luz apeló a todas las mujeres de su vida con las que compartió vacaciones. “Desde mi abuela a mis primas. Y también pasé por esa casa imaginaria donde se dejan cosas que solo se usan una vez al año”.

Cuando se inició la carrera de Diseño de la Indumentaria en la UBA, allá por el año 2000, la socióloga Susana Saulquin hablaba de ciclos de la moda que se repiten cada 20 años, recuerda Luz. “Ahora no sé si se acortaron o mezclaron simplemente. Para mi vale todo. Se usan referencias de los ‘80, ‘90, pero también de los ‘60. El valor pasa por lo personal, por esa mirada particular”, reflexiona.

En las colecciones de alta costura de Gabriel Lage, por ejemplo, siempre hay reminiscencias del Art Deco, un estilo que le encanta porque se aleja de la complejidad del Art Nouveau y ayuda a delinear la figura femenina. “Creo que la posibilidad de combinar un trabajo inspirado en un concepto clásico, que suma actualidad a la creación, logra una pieza atemporal que fusiona pasado y futuro y parece adelantarse en el tiempo. Esa fusión es sumamente atractiva y de vigencia permanente”, dice el diseñador que decidió no participar de la versión fashion de los Martín Fierro.w

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