Familias instagrameras: convierten miles de ‘likes’ en una fuente de ingresos

Sociedad
Lectura

“Los dos éramos actores, pero teníamos que dedicarnos a otra cosa porque era muy difícil. Ahora, gracias a Instagram podemos vivir de nuestra pasión”, cuentan Jerónimo Freixas y Josefina de Cabo, más conocidos como “La pareja del Mundial” a partir de videos que se hicieron virales el año pasado.

Al igual que ellos, cada vez más familias se vuelven influencers después de hacerse conocidas en las redes sociales y las marcas las eligen para ser las caras de sus campañas publicitarias, que se venden en posteos o “stories”.

Hasta 2018, Freixas trabajaba como administrativo en una oficina y De Cabo hacía maquillajes para eventos sociales. Pero después de su “boom” en Instagram, donde la pareja discutía porque él no podía ver los partidos de la selección argentina por fiestas familiares a las que ella exigía ir, la pareja, que tiene dos hijos, pasó a tener 178 mil seguidores, en el caso de Freixas, y 37 mil en el de De Cabo. Ambos aseguran que hoy solo se dedican a Instagram y que para generar contenidos tienen la ayuda de sus hijos: Rita, de 3 años, y Ramón, que tiene 5 meses.

“Nosotros tenemos un precio fijo por nuestro trabajo. Pero algunas veces las marcas tienen menor presupuesto y lo evaluamos; en otros casos, nos ofrecen más”, cuenta la pareja, que también asegura que su economía mejoró desde que se dedica a las redes. Además, por su éxito ahora hará una obra en el Teatro El Nacional. Para la pareja, no es un problema la participación de los niños. “Si alguna marca pide que aparezcan, tratamos de que sea un juego”, cuentan.

Otro caso es el de Maximiliano Kupferman, que en su cuenta @papacocina lo siguen 66 mil personas. “Hace 15 años que trabajo en publicidad. Pero cuando nació mi hija decidí ser freelancer y mezclé las tres cosas que me interpelaban: mi profesión, la paternidad y mi hobby, que es la cocina”, cuenta Kupferman sobre su perfil, en el que no solo hace recetas fáciles para los niños, sino también cuenta lo difícil que es que “los hijos coman de todo”. “Mi hija estuvo dos semanas sin querer cenar, eso pegó muy fuerte”, recuerda el padre cocinero sobre los principios de su cuenta.

Si bien Kupferman continúa trabajando para empresas para las que es community manager, cuenta que “el 30% de los ingresos” se los debe a Instagram. “Desde el principio decidí que no iba a hacer cosas solamente por canje”, cuenta el publicista reconvertido en chef.

Además, dice que a su hija le divierte participar en los videos que produce, los cuales después se los envía a los grupos de WhatsApp familiares y que también le trajeron nuevas propuestas de publicidad. “Antes de exponerla en las redes lo hablamos con mi esposa. Ella también se copa mucho y hasta aporta ideas”, cuenta.

“Aún no me animo a dejar mi trabajo porque se desvirtuaría el mostrar una familia común”, cuenta Manuel Cabrera, que todos los días trabaja en una empresa de logística y tiene el perfil @quechuchomanucho, con 316 mil seguidores, con el que obtuvo el premio Martín Fierro a la mejor fan page de Facebook. Cabrera saltó a la fama cuando grabó a su hija Juana, una niña que baila temas de cumbia. Desde que su cuenta pasó los 25 mil seguidores, trabaja con una agencia publicitaria. Lo eligen empresas que buscan familias jóvenes, unidas y divertidas, dice.

Reales. La incorporación de la familia a las redes puede transformar la carrera de algunas celebridades (ver aparte). Pero para muchos otros que no lo eran, se convirtió en un espacio que puede significar una importante veta comercial, aunque las reglas son variables.

“Hoy, las marcas de jabón o ropa prefieren invertir en creadores de contenido con perfil de familia, en lugar de famosos con millones de seguidores”, explica Gonzalo Luzza, fundador de Folouers, una productora y agencia enfocada en nuevas tecnologías. “Cuando una marca te habla, sentís que te quiere vender. Pero cuando el mensaje lo transmite un creador de contenido, la venta se vuelve más posible porque hay un ‘ida y vuelta’”, amplía Luzza.

En cuanto a las tarifas, detalla que una historia de Instagram –15 segundos y disponible por 24 horas– hecha por un argentino con 200 mil seguidores “cuesta entre US$ 200 y US$ 700”. Mientras que un posteo, puede valer entre US$ 800 y US$ 1.000. “En países como México y Perú, se puede pagar hasta US$ 1.000 por una historia”, dice Luzza sobre el “atraso” que tenemos en el país. Otras mediciones hablan de entre 10 y 30 mil pesos por posteo.

Polémica. Esta semana, Instagram agregó en algunos países (no aún en Argentina) una opción para eliminar los likes y la cantidad de reproducciones de un video en las publicaciones. Dicen que a muchos “les impacta negativamente la comparación con otros perfiles”. Sin embargo, para los expertos en marketing de redes, si esa medida se extiende será complicado: “Si eso pasa, se cae parte de la economía que funciona entre los creadores de contenidos, las marcas y las audiencias. Hoy, las marcas pagan por los likes para que sean visibles. En ese esquema, además, no habrá cómo medir el impacto de una acción”, resumen Luzza y su colega Luciano Villa.


Marcas buscan famosos con niños

Sus carreras se remontan a varias décadas, y son destacados por su labor como actores, actrices, conductores, músicos y sigue la lista. Las celebridades locales -y en el mundo- cosechan por sus trabajos millones de seguidores en redes, que pueden a través de ellas comunicarse directamente con quienes admiran. Pero cuando llega un hijo o hija a sus vidas, para muchos incorporarlos a esas vivencias que comparten con sus seguidores se convierte en muy atractivo para las marcas, que deciden acompañarlos con productos o contrataciones porque, como explica Luciano Villa, socio de Húngara Comunicación, una agencia especializada en campañas de marketing con influencers, “se abre una gran oportunidad: para las marcas, fidelizar a un famoso con niños es un hallazgo. Los productos ganan en credibilidad, porque se muestran en uso y de la mano de los hijos de esos famosos. Entonces, se vuelven orgánicos, cien por ciento creíbles. ¿Qué mejor que el bebé o niño de quien lo postea consume o usa efectivamente eso que están mostrando?”, reflexiona el experto.

Clara Fernández Escudero.

Cargando...