Tras la devaluación y la quita del IVA, "caminar" evita pagar hasta un 65% más en el súper

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Son paquetes iguales en apariencia y en contenido: 118 gramos de galletitas con chips de chocolate de marca Pepitos. Tienen idéntico código de barras. Tampoco su sabor cambia en lo más

mínimo. Pero su precio sí puede variar, y mucho, según dónde se las compre. Es que, en los últimos días, un súper que las tenía a $ 39 las puso en oferta a $ 30. Otra cadena las mantuvo en $ 39. Un tercer local las remarcó 10%, para dejarlas en $ 44. Otro las retocó 14%, hasta los $ 46. Y un quinto súper, que ya hace diez días las vendía a $ 45,90, las subió 7% para llevarlas a $ 48,99. Así, el mismo día, se puede pagarlas a un cierto monto, o a otro 63% mayor. Y eso sin considerar que, en el maxikiosco de la esquina piden abonarlas a $ 65. O que, en una estación de servicio, pasaron a costar $ 80.

¿Cuál sería, entonces, el “precio real” de ese producto? ¿Y cómo puede saberlo la gente sin convertirse en una suerte de detective de góndolas cada vez que necesita llenar la alacena?

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Casos como este -que se replican en los principales rubros del consumo masivo- ilustran el caos y la confusión que se instaló en las góndolas en la última semana y media, cuando el dólar se disparó y la llamada “dispersión de precios” comenzó a crecer aceleradamente, tal como pudo detectar Clarín con un relevamiento en grandes supermercados porteños.

La clave es que, en los últimos días, casi todos los productos del “changuito” comenzaron a moverse, mayormente hacia arriba, pero también hacia abajo, debido a dos fenómenos.

El primero: que los supermercados dicen haber recibido de sus proveedores nuevas listas de precios con incrementos del 10 al 25%. El segundo: que comenzó a aplicarse el decreto oficial que eximió del Impuesto al Valor Agregado (IVA), hasta fin de año, a unos 14 alimentos básicos. Eso último lo que trajo fueron descuentos de hasta un 17,4%, amortiguando el impacto de las remarcaciones y hasta produciendo rebajas reales en pastas secas, leche, aceite, azúcar y otros. 

Lo que ocurrió fue que cada comercio aplicó todos esos cambios con una ecuación diferente, y a distinto ritmo. Para un mismo producto, algunas cadenas quizás ya trasladaron toda la suba, pero otras lo hicieron en parte y otras aún no remarcaron.

“En la última semana -contaron en Carrefour- recibimos listas de precios de nuestros proveedores que contemplan incrementos del 10 al 25%. En aceite o harina, algunos proveedores enviaron incrementos mayores al 30%, con lo cual decidimos no aceptar esas subas, ya que creemos que son muy difíciles de absorber por parte de nuestros clientes. Estamos en plena negociación y se decidió vender el stock de productos que tenemos en existencia al precio que teníamos antes del salto del tipo de cambio.”

En los autoservicios chinos la rebaja del IVA se implementó mucho más lenta y gradualmente que en las grandes cadenas de supermercados. Eso elevó también la dispersión de precios. (Foto: Andrés D’Elía)

En los autoservicios chinos la rebaja del IVA se implementó mucho más lenta y gradualmente que en las grandes cadenas de supermercados. Eso elevó también la dispersión de precios. (Foto: Andrés D’Elía)

Fue este el marco que hizo que, según relevó Clarín, por estos días pueda pagarse, según la cadena elegida, $ 90 o $ 140 (56% más) por 200 gramos de jamón Paladini, $ 34 o $ 51,50 (54% más) por un litro de jugo Cepita, $ 118 o $ 175 (48% más) por un kilo de yerba Cruz de Malta, y $ 91 o $ 122 (34% más) por una botella de aceite Cocinero.

Asimismo, el paquete de polenta Presto Pronta que en un local se vende a $ 44,60 sale $ 64,65 en otro, los tallarines Lucchetti se ofrecen a $ 37,10 y a $ 48,40, y un pote de Yogurísimo firme pasa de $ 36,65 a más de $ 50 al cambiar de tienda. El dulce de leche Sancor oscila entre $ 56 y $ 75, el sachet de leche La Serenísima entre $ 39,40 y $ 46, y un mismo desodorante Rexona entre $ 110 y $ 141,25.

Y en productos al peso las brechas pueden ser aún más grandes. Como las que se registran en el kilo de zanahorias ($ 23 o 37), el de manzana roja ($ 45 o $ 80), el de zapallo ($ 17 o $ 27), el de pollo entero con menudos ($ 73 o $ 100) o la media docena de huevos, que se paga $ 38 o hasta $ 52.

En total, para 60 artículos relevados, comprar cada uno en la cadena que lo tiene más barato evitaba hace dos semanas pagar hasta un 17% más que haciendo lo contrario. En sólo 10 días, ese promedio saltó al 27%.

“Por las promociones agresivas que cada cadena lanza, uno ya podía pagar precios muy distintos según el local y el día de compra elegidos. Pero ahora, tras la devaluación, eso se agudizó. Y los precios se desordenaron porque todos los proveedores ajustan precios, pero no todos lo hacen al mismo tiempo ni en la misma magnitud, y los comercios también trasladan las subas al cliente de diversa forma. Con el tiempo, los valores deberían tender a emparejarse”, explicó el economista Ariel Baños, consultor en estrategias de precios y director de Fijaciondeprecios.com.

Mientras tanto, la reacción de los consumidores parece haber sido ir en busca de los precios que aún no aumentaron y tratar de aprovechar para llenar la alacena. Juan Pablo Quiroga, gerente de Relaciones Institucionales de Walmart, destacó en ese sentido que, desde las elecciones primarias y la corrida cambiaria posterior, notaron un incremento en la cantidad de visitas a los locales y “un aumento en los volúmenes de venta”, en comparación con lo que resulta habitual para la época. “Puede deberse a que los consumidores intentan de ese modo adelantarse a los aumentos de precios”, interpretó Quiroga.

Para los consumidores, según Baños, la altísima dispersión representa un “desafío enorme”, porque los lleva a perder las referencias que cada uno tenía en la cabeza para determinar si algo es conveniente o es caro.

Se volvió muy complejo hacer las compras, la gente se marea y se fastidia. A las promociones, los Precios Cuidados y los Precios Esenciales se sumó el IVA 0%. Hay que luchar para que los cartelitos de los precios estén a la vista y encima los valores varían muchísimo entre comercios”, planteó Sandra González, presidenta de la entidad de consumidores Adecua. “Acá -siguió- el gran peligro es que intenten cobrarnos de más, aprovechándose de que hemos perdido las referencias para determinar qué es caro o barato. Así que hoy, más que nunca, conviene comparar precios antes de comprar.”

La vieja consigna de “caminar”, popularizada por Lita de Lázzari, que vuelve una y otra vez a estar vigente.

Precios Esenciales, sin cambios pese a la rebaja impositiva

Entre los Productos Esenciales -la lista de 64 alimentos y bebidas que el Gobierno acordó mantener a precio fijo entre mayo y octubre-, hay muchos que pertenecen a categorías que, por decreto, pasaron el sábado a tener 0% de IVA. La leche en sachet, el yogur, el aceite, la yerba y los fideos son algunos.

Pero, en los “esenciales”, a diferencia de lo ocurrido con productos similares no acordados, el beneficio impositivo no redundó en una rebaja del precio que paga el consumidor en la caja al comprarlos. Eso sí, tampoco sufrieron aumentos.

Así se mantendría la situación, afirman en el Gobierno, al menos mientras avanzan las negociaciones con los fabricantes, que protestan por lo bajo porque el “pacto de caballeros” se había hecho calculando un tipo de cambio menor al actual.

“Precios Cuidados y Productos Esenciales mantienen sus precios y disponibilidad en todo el país. Por ahora, se mantienen igual”, confirmaron a Clarín en la Secretaría de Comercio. Y dijeron que, pese al cambio de escenario, no cayó el nivel de abastecimiento de los productos involucrados.

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