El drama de una de las víctimas de la Fundación de la Hemofilia: "Jamás perdonaría a esos médicos, me arruinaron la vida"

Sociedad
Lectura

“No… laburo no. Me las rebusco. Vendo tortillas y rosquillas para el mate. Fui contagiado con el virus de hepatitis B y C, y con el VIH. Además, nací con hemofilia

y tengo epilepsia desde que era bebé”. Suena caótico, pero hay un orden en la endeble condición de Pedro Gutiérrez, de 42 años. Es que, aunque nació con hemofilia y aunque se la detectaron en una grave hemorragia de meninges que al año de vida le derivó en epilepsia, los tres virus que porta están lejos de ser una pesada herencia: “Las hepatitis y el VIH me los contagié en la Fundación de la Hemofilia a través del factor VIII que me aplicaban para la hemofilia. Me enteré de grande. Los médicos nunca me avisaron que me podría haber contagiado”.

Por décadas Pedro entró y salió de esa fundación en la que más de 1.000 personas, igual que él, resultaron infectadas con esos virus. ¿Cómo era el contacto con los médicos? “Yo me tenía que hacer chequeos de sangre cada 4 o 6 meses y aplicarme factor VIII, porque tengo hemofilia ‘A’, la más grave. Ahí conocías a todos enfermeros, a los médicos. Tuve contacto con Biedma y con Tezanos Pinto, pero al que más conocí es a Raúl Pérez Bianco. De chico era cariñoso, te acariciaba el pelo. Pero después cambió el trato, sentí que me discriminaba. El tipo seguramente sabía del contagio y no me decía nada”.

Se trataba por la hemofilia desde bebé, pero recién a los 24 años Pedro Gutiérrez supo que era portador de VIH y hepatitis B y C.

Se trataba por la hemofilia desde bebé, pero recién a los 24 años Pedro Gutiérrez supo que era portador de VIH y hepatitis B y C.

Newsletters Clarín
Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

Si se contagió de muy chico o si fue después, es difícil saber: "Me entere a los 25. Fue un con chequeo general. Yo lo único que recuerdo bien es que siempre me hacían firmar papeles en blanco. En un momento empecé a preguntar qué firmaba. Me decían que era mi aceptación de que me estaba haciendo ver. No tenía noción de lo que pasaba".

"Una y otra vez me pasaban el factor VIII", reconstruyó Pedro, y apuntó: "Ellos ahora lo niegan. Dicen que no lo hacían, pero mienten. Hay cámaras frigoríficas para que a los pacientes que llegan mal se les aplique el factor VIII, y el IX para los que tienen hemofilia B”. Y agregó: "Yo no soy mala persona, pero jamás perdonaría a esos médicos. Me arruinaron la vida".

Mientras habla con Clarín, el hombre espera que su madre salga de una sesión de rehabilitación por artrosis cervical. Viven en el partido de Tigre. Algún tiempo estuvo en Chacarita y en San Miguel, también. “Ella tiene la espalda mal... creo que por alzarme a upa. A los 7 y 8 años, siempre me tenía que llevar a upa a todos lados”, recordó. 

Es la misma infancia difícil que muchas veces lo tuvo postrado en una cama. Por eso, para poder hacer al menos la primaria, “terminó viniendo una maestra domiciliaria”. 

"La música me salvó de la depresión y el bajón", contó Pedro Gutiérrez, una de las víctimas de los contagios masivos en la Fundación de la Hemofilia.

"La música me salvó de la depresión y el bajón", contó Pedro Gutiérrez, una de las víctimas de los contagios masivos en la Fundación de la Hemofilia.

Ocasionalmente le tocó tener un teclado cerca. Se dio maña y usó sus manos. Eso sí podía: “No sé, tengo un don para la música. Aprendí a tocar el piano y me metí en algunas bandas de música tropical, incluso una muy conocida: ‘Jimmy y su congo negro’. Tuve que dejarla porque pagaban poco los shows. Ahora daría cualquier cosa por tener de nuevo un teclado. La música me salvó de la depresión y el bajón”.