El círculo del infierno: qué rol cumplía en la red de abusos cada uno de los acusados del Provolo

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Con lengua de señas y sollozos, los alumnos víctimas de los abusos sexuales denunciados en el colegio religioso Antonio Provolo de Mendoza han descripto el espanto y el rol que cumplía

cada uno de los acusados. El miércoles se reanuda el juicio y los jueces del Tribunal Colegiado 2 escucharán los testimonios de las 11 víctimas de la causa inicial, que tiene a dos curas y un administrativo como imputados. El fiscal Gustavo Stroppiana y los abogados de las familias víctimas coinciden en que hubo “un plan sistemático de corrupción de menores, una red de complicidad y la selección de víctimas más vulnerables por su contexto social y familiar”.

La mayoría de los chicos abusados tenían entre 5 y 13 años. Los hechos aberrantes ocurrieron entre 2005 y fines de 2006, cuando estalló la primera denuncia y el gobierno mendocino decidió cerrar el colegio privado católico. Unos 100 estudiantes concurrían en jornada extendida, de 8 a 17, al instituto para hipoacúsicos. Un grupo de alrededor de 30 estaban pupilos y permanecían de lunes a viernes en la escuela y sus albergues para niños y niñas. Los alumnos que provenían de provincias alejadas de la sede de Luján de Cuyo pasaban la mayor parte del año al cuidado de los curas y las monjas, sus verdugos.

Familiares , víctimas y amigos se manifestaron el la puerta del Palacio Judicial en el inicio del juicio, este lunes. (Orlando Pelichotti/ Los Andes)

 

En total son 14 los acusados como autores y partícipes primarios de los abusos. En la primera causa, que está ahora en juicio oral, había otros dos acusados. Jorge Bordón (51) se declaró culpable y recibió una condena a 10 años, en un juicio abreviado. Y otro hombre de 41 años, el jardinero, fue declarado inimputable por padecer problemas mentales. En otros dos expedientes aparecen las monjas, la regente y empleados.

Corradi, el que manejaba todo

El cura Nicola Bruno Corradi Soliman (83), nacido en Italia, está acusado de seis hechos de abusos sexuales y corrupción de menores. Está detenido desde noviembre de 2016 y goza del beneficio de arresto domiciliario por padecer ceguera parcial, problemas para caminar y sordera por su avanzada edad. Arrastra denuncias de abusos sexuales a estudiantes desde hace 50 años cuando estaba en el Provolo de Verona, la sede mundial de la orden religiosa para chicos con problemas de audición.

En 1985, Corradi fue denunciado en Verona por abuso sexual y trasladado a La Plata, Buenos Aires. En la década del 90, llegó a Mendoza y, como integrante de la Asociación San José, construyó el imponente edificio donde funcionaba la escuela. Es un predio de seis hectáreas, ubicado en la localidad de Carrodilla en Luján de Cuyo, a 25 kilómetros de la ciudad de Mendoza. El edificio fue vendido por 153 millones de pesos a la comuna de Luján, en septiembre de 2018. La operación inmobiliaria estuvo a cargo del interventor de la Obra de San José, el sacerdote Alberto Bochatey, quien argumentó que lo vendió porque la Iglesia “no se podía hacer cargo de los gastos del mantenimiento”.

Familiares , víctimas y amigos se manifestaron el la puerta del Palacio Judicial en el inicio del juicio, este lunes. (Orlando Pelichotti/ Los Andes)

Corradi, trasladado en silla de ruedas a la primera audiencia del juicio. (AFP)

En el Provolo de Luján de Cuyo, Corradi era la máxima autoridad religiosa y tenía injerencia en todo el funcionamiento administrativo del colegio, junto a la regente Graciela Pascual (también detenida con prisión domiciliaria).

El sacerdote gobernaba el Provolo de Mendoza. “Ejercía el control y la dirección de la escuela. Contrataba el personal, los echaba, salía a buscar alumnos a los sitios más pobres y les pedía a los padres que los dejaran albergados”, explica el abogado querellante Oscar Barrera.

 

Entre las víctimas está un alumno que denunció que a los ocho años Corradi lo llevaba a su habitación para abusarlo. Los testimonios coinciden en que el cura italiano no sólo los violaba, sino que también permitía que otros curas y empleados abusaran de los chicos.En la causa está acusado de haber entregado a un alumno para ser abusado por un hombre “vestido de sotana” que llegó de visita al albergue para chicos sordos. “Era el demonio en persona”, repiten las víctimas. Hasta el momento nunca quiso declarar y, a través de sus abogados, niega todas las denuncias en su contra.

Corbacho, el "depredador"

“Empecé a ver cosas, a mis compañeros que sufrían, estaban enojados. No me daba cuenta de por qué ocurría. Ellos tenían muchos secretos. Hasta que un día fui abusada y también me quedé callada. ¿Quién fue? Horacio Corbacho. Quedé muy mal y guardé ese secreto porque tenía mucha vergüenza, era imposible decir eso”, expresa a través de sus manos, en la oscuridad para esconder su rostro, la denunciante inicial de la causa. Su testimonio es parte del documental Los muros del silencio, de la periodista Sofía Fernández.

Otro adolescente, también hipoacúsico, explica en qué momento ocurrían los abusos: “En grupo, entrábamos a la habitación de Horacio Corbacho. Él tenía computadoras, filmadoras, había películas, CD's… Él nos grababa. Quería que nos sentáramos en su falda, yo me sentía incómodo al hacerlo. Nos tocaba, me tocaba y me asustaba. No entendía esa situación y sufría”. Una tercera víctima también alude al ataque del cura más joven, Corbacho, considerado un depredador en la investigación: “Me tocaba las piernas y desde atrás me agarraba los hombros y cuando estaba con mi amiga, a las dos nos manoseaba”, describe.

El sacerdote Horacio Hugo Corbacho Blanck (59) está detenido desde el inicio de la causa, noviembre de 2016, en la penitenciaria de Boulogne Sur Mer, en la capital mendocina. Está acusado de cometer 16 hechos de abuso sexual y corrupción de menores. Nació en Castelar, provincia de Buenos Aires. En 2001, llegó desde La Plata a la sede de Luján de Cuyo, como seminarista. Es profesor de Teología. Según una antigua publicación de la agencia católica de noticias AICA, fue"el primer sacerdote argentino de la Compañía de María para la Educación de los Sordomudos". Fue ordenado sacerdote en el colegio de Luján de Cuyo, en el mismo sitio donde abusó de los chicos y adolescentes.

Corradi, trasladado en silla de ruedas a la primera audiencia del juicio. (AFP)

Horacio Corbacho, en el el tribunal. Según las víctimas, era "un depredador". (AFP)

En la causa judicial, Corbacho tiene un rol predominante porque estaba al cuidado del albergue. “Al principio, el albergue eran solo de varones y después incorporó nenas. Corbacho abusaba de ellos en los baños, en su habitación y hasta hay denuncias de tocamientos en frente de otras personas, en el comedor y durante la confesión”, detalla uno de los investigadores.

La pericia psicológica lo describe como alguien “manipulador, de rol paternalista”. Los padres de las víctimas cuentan que Corbacho los visitaba en su casa, se mostraba amigable, ganaba su confianza para después abusar de sus hijos. En su habitación guardaba una valija con películas pornográficas, fotos y cartas con contenidos sexuales, que forman parte de las pruebas del expediente y fueron secuestrados durante los tres allanamientos.

 

Este sacerdote es el único de los acusados que ha declarado ser inocente y niega todos los hechos.

El jardinero hipoacúsico

El empleado administrativo Armando Ramón Gómez Bravo, alias “Pilo” (48), está detenido en la penitenciaría de Mendoza, acusado de seis hechos de abuso sexual y corrupción de menores. Padece hipoacusia y trabajaba en el Provolo como jardinero y maestranza. Estuvo en pareja con una mujer con quien tiene dos hijas. Tenía una habitación en el colegio, pero no siempre dormía allí. En ocasiones, abusaba de los chicos en compañía del otro empleado sordo, que fue declarado inimputable y la Justicia prohíbe mencionar su nombre.

Horacio Corbacho, en el el tribunal. Según las víctimas, era

El jardinero Armando Gómez Bravo. Es hipoacúsico y está acusado de seis casos de abuso sexual y corrupción de menores (AFP)

En el arranque del juicio, el pasado lunes, Gómez estuvo más de 10 minutos para responder a dónde vivía. Aseguró no conocer la lengua de señas y no poder comprender lo que le preguntan los jueces. A pedido de su defensa, el tribunal accedió a que se le realice una nueva pericia psicológica. El estudio lo harán profesionales de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo. Habrá peritos de partes de los querellantes y participarán profesionales del Programa Nacional de Asistencia a Personas con Discapacidad (Adajus).

Con este estudio, el tribunal sabrá si Gómez es imputable o queda liberado de la causa. Sin embargo, Alejandro Iturbide, el jefe de Fiscales de Delitos contra la Integridad Sexual, asegura que el jardinero debe ser sometido a juicio: “Las pericias previas del Cuerpo Médico Forense determinaron que es una persona que, más allá de su dificultad auditiva y de comunicación, puede comprender la criminalidad de los actos denunciados”. El abogado de la ONG de derechos humanos Xumec, Sergio Salinas, pidió que los acusados "no vayan a hacer la gran Pinochet". "Dicen estar enfermos y no comprender lo que les pasa, para evitar la condena", denunció. Los tres imputados se arriesgan una pena a 50 años de cárcel.

Mendoza. Corresponsal​

AS​