Dóping en el turf argentino: intrigas y secretos de una práctica salvaje

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“No es la primera vez, ni será la última”. El hombre, empleado del Hipódromo de La Plata, habla por teléfono en voz baja aunque no haya nadie a su alrededor, como

sabiendo que pisa un territorio delicado. En el mundo del turf, el corrillo ha ganado nueva fuerza desde que el 4 de mayo pasado la potranca Imperial Queen ganó la séptima carrera del Premio Luna Cascabelera. Hasta ahí nada fuera de lo normal. Un triunfo más. Lo distinto, o no tanto, se supo los primeros días de junio: Imperial Queen había ganado con cocaína en el cuerpo.

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Después del antidóping positivo, Eusonio Boni, hijo de una familia con larga tradición en el cuidado de pura sangres y preparador de la potranca ganadora, recibió una suspensión. Boni habló con Clarín: "Hasta el dia de hoy no se por qué dio positivo el dóping. No le encuentro explicación. Estoy convencido de que fue un error del hipódromo", dijo. Pero también reconoció: "Los hipódromos de nuestro país no tienen controles antidóping eficientes. Todos los mecanismos de control tienen muchos márgenes de error".

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El caso de Imperial Queen es, apenas, el último y el más sonoro. A mediados de 2015, 11 entrenadores de caballos fueron suspendidos por dópings positivos de los animales después de ganar sus respectivas carreras. En 2016, de 15 muestras tomadas en el hipódromo de Neuquén, 13 dieron positivas. En mayo pasado, una yegua cayó muerta, también en Neuquén, 50 metros antes de llegar a la meta. En este 2019, Héctor Morales, preparador de la yegua Pacienta Int, que ganó la decimosexta carrera del hipódromo de San Isidro el 19 de abril pasado, también fue suspendido, en este caso por un año, luego de que al animal le diera positivo un doping. Algo similar ocurrió con el cuidador Martín Cerezzana, suspendido por cuatro meses cuando fue descubierto el dopaje al que su caballo, Paciente Zero, fue sometido en la misma fecha.

Los controles antidóping se realizan siempre sobre el ganador de cada carrera y el ejemplar que entra segundo. Algunos entrenadores, ante la sospecha de que sus caballos no tienen el exacto comportamiento que le conocen, lo retiran de la carrera incluso unas horas antes, conscientes de que los casos de dóping positivo en el turf aumentan día a día. Las suspicacias también. Porque en el mundillo del turf hay quienes plantean una posible mano negra.

Gustavo D’audia, presidente de la comisión de carreras del Hipódromo de La Plata, desmiente con fuerza las sospechas de sabotaje. “Desde hace unos tres años vemos con preocupación cómo crecen los casos de dóping, pero de ningún modo podemos pensar que se trata de un sabotaje. Sé que hay gente del turf que lo piensa pero no, acá no hay mano negra”.

El marcador de la carrera en la que Imperial Queen resultó ganadora.

El marcador de la carrera en la que Imperial Queen resultó ganadora.

“La mayoría de los dópings tienen que ver con desprolijidades en el retiro, es decir, el tiempo antes de la carrera”, explica D’audia y agrega: “Por ejemplo, el cuidador comprueba que el caballo tiene una molestia menor, una indigestión, un dolor de estómago, y le da un analgésico, pero se lo da tres días antes de la carrera, en vez de cuatro días, que es el tiempo imprescindible para que un animal esté retirado de toda medicación. Después el caballo gana, va al dóping y le sale el analgésico en la muestra”. La sanción de la Comisión de Carreras del Hipódromo no sería la única pena. O sí. "Las autoridades de los laboratorios están obligadas a informar a la Justicia sobre cada caso positivo. Las causas se inician, pero hasta el momento ninguna prosperó", dice Roberto Pico, director de la revista Palermo, especialista en el deporte.

Más información del letrero electrónico sobre la carrera en el Hipódromo de La Plata.

Más información del letrero electrónico sobre la carrera en el Hipódromo de La Plata.

“A la yegua no se le suministró ninguna droga”, insistió Boni. Y se defendió con vehemencia: "No existe ningún cuidador que sea tan ignorante de tener una actitud tan burda como para darle cocaína a un caballo. Ni siquiera un peón analfabeto podría hacerlo". Boni explicó: "Yo no le suministré nada. Fue un error de la química, lo había hecho con otra prueba de otro caballo. Habiéndose equivocado ella, me suspendieron igual. A esa química la tendrían que haber echado. Pero me suspendieron y sólo por 30 días porque es una droga de baja calificación".

Boni dijo que fue durante 7 años a la facultad de Veterinaria y trabajó en tres cátedras; que sabe de qué habla. "Yo sé muy bien qué cosas pueden ingerir los animales y cuáles pueden determinar mejores rendimientos. Pero también sé muy bien que con la cocaína no mejora la performance en una carrera". Boni también sostiene la teoría de que detrás de todo esto existe un movida para desprestigiar a las carreras. Según datos del sector, hay unas 300 mil personas que viven directa o indirectamente de las carreras de caballos.

D’audia dice que muchas veces el cuidador medica a su pupilo (el caballo que recién comienza a correr), cuando sólo debería hacerlo el veterinario y que eso genera también irregularidades. Frente a la constatación de que lo encontrado en Imperial Queen fue cocaína, el hombre que preside la comisión más importante del Hipódromo platense afirma: “Yo no te digo que no haya animales con chinche encima, pero no son la mayoría, eso lo puedo asegurar”. En la jerga de los burros la “chinche” es la forma coloquial de llamar a las drogas. Dice D´áudia que “un caballo enchinchado es un caballo eufórico al que le han dado cardiotónicos, o estrignina o cafeína, o todo eso junto y sale a la pista hecho un demonio”. Los caballos suelen estar, siempre, a cargo de dos personas: del cuidador, a la hora del entrenamiento. Y de los peones, el resto de las horas.

“Entre nosotros, muchos creemos que podrían estar saboteando nuestras carreras para quitarnos fuerza a la hora de reclamar la continuidad de nuestras leyes”, dicen bajo reserva en algunos centros satélites de los hipódromos.

El 8 de septiembre de 2018, TurfDiario.com, uno de los medios de referencia, se hizo la siguiente pregunta: ¿Hay una mano negra en el turf argentino? En la misma nota el medio se responde: “El turf argentino está en alerta. Suele ser difícil creer en manos negras, pero los sucesos que se están viviendo en las últimas semanas dan para pensar que algo está ocurriendo”.

Según la ley provincial 13.256, más conocida como la Ley del Turf, se establece un Fondo de Reparación Histórica por el perjuicio que las apuestas en las carreras de caballos sufrieron frente al crecimiento de los juegos de azar online, los bingos y el avance de las máquinas tragamonedas. La ley fue sancionada en 2004 y reglamentada en 2007 mediante decreto de la gobernación, y establece un piso del 9% y un techo del 15% de la recaudación que debe ser otorgada a los organismos del turf. Quince años después de aquella sanción, la fricción entre las corporaciones hípicas y Lotería Nacional alcanzó su cota máxima de tensión.

En la actualidad, y desde hace años, la Lotería Nacional está abonando el 9%. Es decir, el mínimo del acuerdo. "Para bajar ese porcentaje hay que ir a la Legislatura. El oficialismo fue e intentó bajarlo, pero el proyecto fue rechazado por la oposición", explica una persona del ambiente del turf. "Qué casualidad... justamente se presentaron luego de que saltaran 5 o 6 casos de óoping de cocaína, de caballos emblemáticos, de cuidadores reconocidos. Fue muy llamativo tantos casos juntos. Desde que el proyecto para bajar el impuesto se rechazó no aparecieron más casos. Hasta el de Boni".

Eso es lo que sostiene una parte del mundo del turf. Que una mano negra tendría responsabilidad en los casos de doping, para desprestigiar al deporte y pagarles cada vez menos. "Se creen que somos cien viejos locos. Pero acá hay más de 100 años de historia", concluye la misma persona.

San Isidro, Palermo y La Plata forman el triángulo elemental del turf argentino, una actividad que, de Gardel y Leguisamo para acá, cuenta con un siglo de tradición popular. De hecho, hasta la mitad del siglo XX, antes de que el fútbol se volviera la gran atracción industrial del entretenimiento globalizado, las carreras de caballos constituían el principal espectáculo deportivo de las multitudes argentinas.

¿Y por qué la actividad hípica, a diferencia de otras partes del mundo, alcanzó en nuestro país a las clases medias y medias bajas? Roy Hora, investigador del Conicet y autor de la Historia del Turf Argentino, lo explica con contundencia: “El hecho de que Buenos Aires o Entre Ríos tuviesen veinte o treinta veces más caballos per cápita que las sociedades europeas, distribuidos de manera más igualitaria a lo largo de toda la escala social, ayuda a explicar por qué en este rincón americano no era posible convertir al caballo en un símbolo de distinción social”. Este puede ser apenas un dato de la historia o puede ser un conector para comprender cabalmente por qué la familia del turf argentino hoy se ve tan agitada.

Informe: Fabián Debesa (La Plata)

PS