Expansión mental: con chips y electrodos buscan mejorar las capacidades del cerebro humano

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Tras unos años en blanco, Neuralink -la startup de Elon Musk que diseña sistemas para expandir las facultades mentales- regresó con un proyecto de vanguardia. En una conferencia anunció que implantó

en el cerebro, mediante un robot quirúrgico, hilos microscópicos que se comunican con teléfonos o computadoras. Este avance pretende restaurar la capacidad de cuadripléjicos, pero también presentar batalla contra la inteligencia artificial (IA). Al igual que las interfaces cerebro-máquina que emplean otros proyectos, recopila señales eléctricas enviadas por el órgano y las traduce en acciones.

En una primera instancia, la compañía trabajó con ratones y el propio Musk confesó que un mono logró controlar una computadora con su cerebro. A su vez, destacó que los ensayos en humanos podrían comenzar a fines del próximo año, aunque la compañía aún no cuenta con la aprobación de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos.

El robot que se encarga de coser los electrodos, sin dañar los vasos sanguíneos.Gentileza Neuralink

El robot que se encarga de coser los electrodos, sin dañar los vasos sanguíneos.Gentileza Neuralink

“Ya es posible utilizar las señales eléctricas de las neuronas para comunicarse, sin la intermediación de órganos corporales como la vista o manos. Pero esto es algo experimental y las respuestas que puede ofrecer son de carácter binario. Lo que implica decidir entre dos botones o un juego de imágenes, no dar explicaciones o justificar decisiones”, señala María Roca, coordinadora científica de Fundación INECO y co-autora del libro Cerebros en construcción.

Como se comunica el implante con el dispositivo N1Gentileza Neuralink

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La máquina de Neuralink es capaz de “coser”, sin dañar los vasos sanguíneos, unos seis hilos flexibles (con 192 electrodos) por minuto. A diferencia de los implantes tradicionales, estos hilos se pueden desplazar del mismo modo que lo hace el cerebro dentro del cráneo. Toda la información recopilada se envía a un dispositivo en la oreja que lo transmite a un equipo externo o una computadora.

“En algunos pacientes con discapacidad motriz ya se emplean estos electrodos en la base del cráneo. Pero es un sistema complejo y si la persona se mueve o convulsiona, la información que se recibe puede ser mal interpretada. En cuanto a una intervención, es demasiado complejo abrir el cráneo y exponer la masa encefálica a posibles infecciones. No es ni barato, ni tampoco más eficiente que la comunicación, pero sí es posible lograrlo”, resume Roca.

Además, Musk asegura que un vínculo que conecte las mentes con las máquinas es vital si las personas quieren evitar ser eclipsadas por la IA que, según él, enfrenta a los humanos al riesgo de quedar relegados a un papel de gatos domésticos. En un futuro, para expandir las capacidades mentales se contempla la posibilidad de descargar un nuevo lenguaje en el cerebro o intercambiar pensamientos con otra persona.

“La IA permite crear herramientas para ayudar al humano en tareas difíciles y tediosas. Una calculadora hace cuentas más rápido que el humano, pero no es más inteligente. Cuando Musk habla de que alguna vez pudiera el humano fusionarse con la IA tal vez se refiera a incrementar algunas habilidades, pero la IA no supera la capacidad humana de aprender, interpretar y emocionarse”, explica Marcela Riccillo, especialista en Inteligencia Artificial y Robótica.

En medio de esta polémica, el profesor de Harvard, Steven Pinker, afirmó que si Musk hablaba en serio de las amenazas de la IA, debería detener la fabricación con su compañía Tesla de vehículos con funciones autónomas. En tanto Elon Musk le respondió que debería conocer la diferencia entre IA (Inteligencia Artificial) y la AGI (Inteligencia Artificial General, según sus iniciales en inglés).

“La IA comprende las áreas de visión artificial, procesamiento de habla y machine learning. Mientras que la AGI todavía no existe y por eso las máquinas no tienen voluntad, sentimientos, ni conciencia. Si alguna vez se llegara a crear una AGI habría que enseñarle leyes y moral. Por qué no pensar que tal vez le gustara existir entre los humanos, que crean la música, el arte, la ciencia”, se pregunta Riccillo.

Desde el punto de vista morfológico, el cerebro -compuesto por 100 mil millones de neuronas y cada una de ellas tienen 10 mil conexiones- ha experimentando un aumento constante en la encefalización, que es la relación del cerebro con el tamaño corporal.

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El cerebro está preparado para seguir desarrollándose, ya que es una máquina de adaptación y cambio. Pero de modo gradual, ya que la evolución es lenta. En este sentido, el gran salto lo da la tecnología. También es cierto que en pos de este progreso puede prescindir de algunas funciones”, advierte Roca.

Una máquina en el cerebro

Los científicos han trabajado durante décadas para lograr la interfaz cerebro-máquina definitiva. Incluso, algunos dispositivos para controlar los temblores en personas con la enfermedad de Parkinson ya fueron aprobados. Con la intención de alcanzar un estándar, varias compañías de tecnología siguen presentando sus prototipos.

Uno de los más recientes son los neurogranos: chips inalámbricos del tamaño de un grano de sal que se implantan en la corteza cerebral de personas con algún daño neuronal. A través de diminutos pulsos eléctricos, estimular las neuronas atrofiadas.

Un neurograno mide 100 micrones e integra chips microelectrónicos con circuitos para captación de energía por radiofrecuencia, detección neural, microestimulación cortical y sofisticada telemetría inalámbrica bidireccional. El proyecto está financiado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Pentágono (DARPA).

Al frente de esta idea esta Vincent Leung, ingeniero electrónico y director del Qualcomm Institute Circuits Labs de la Universidad de California en San Diego, quien durante décadas, se dedicó a mejorar la potencia de los chips de los teléfonos móviles.

Un sistema similar está siendo probado por la Universidad de Stanford, en California. El implante permitirá a personas con parálisis múltiple mover el cursor y hacer clicks en una computadora al registrar las órdenes del cerebro. Estas órdenes mentales "fueron descifradas y enrutadas hacia aparatos externos" que las recibieron como si se tratara de movimientos realizados con la mano.

DD