La llegada del hombre a la Luna, en el recuerdo de uno de los enviados de Clarín a la NASA

Sociedad
Lectura

La cuenta de Twitter de Clarín @misionapolo11 está contando la misión que llevó al Hombre a la Luna (y lo trajo de vuelta a la Tierra) en un salto

temporal, como si estuviéramos en 1969, a partir de la información que en ese momento publicó el diario. Muchos usuarios en la red se engancharon en ese juego. Y uno de ellos, particularmente: el testigo privilegiado que escribió parte de esas notas y que hoy, 50 años después, vuelve a compartir sus recuerdos en Twitter. Conrado Estol, reconocido ingeniero aeronáutico, fue uno de los dos enviados del diario. Y, con 88 años, bucea en su memoria para compartir los detalles de una hazaña única en la historia de la Humanidad.

“Estuve ahí cuando el lanzamiento (soy el ingeniero de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales que menciona Clarín...) y me resulta más que interesante -y también un poco extraño- volver a vivir, por así decir, esos momentos ¡medio siglo después!”, respondió Estol a la cuenta y siguió luego tuiteando recuerdos.

¡Muchos recuerdos! Por ejemplo, los muchos artículos enviados a Clarín y trabajosa – y lentamente – tipiados en alguna Telex en distintos momentos y extraños horarios…

— Conrado Estol (@IngConradoEstol) July 16, 2019

¡Muchos recuerdos! Por ejemplo, una reunión breve, al pasar, con Chris Kraft (suena como las conocidas lanchas) - su nombre completo era Christopher C. Kraft -, legendario gerente de operaciones de la NASA. Hoy el Centro de Control de Misiones lleva su nombre…

— Conrado Estol (@IngConradoEstol) July 16, 2019
Newsletters Clarín
Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

“Es la primera vez en mucho tiempo que uso Twitter. Es que los jóvenes como yo no tenemos que usar mucho redes sociales”, se ríe Estol del otro lado del teléfono al comenzar la entrevista con Clarín, que se extenderá por una hora de memorias y anécdotas. Estol está en su oficina en la universidad: aún hoy sigue activo como integrante del consejo académico del ITBA y profesor titular de posgrado en la Austral, y hace sólo unos meses publicó su último libro, "Estimaciones: Métodos, técnicas y atajos simples para poder hacer mejores estimaciones en el trabajo y en la vida".

Pero a los 18 años, recién egresado del Nacional Buenos Aires, Conrado se fue a vivir a Estados Unidos porque padre, Horacio Estol, era el corresponsal de Clarín en ese país. Estudió en la Universidad de Nueva York, obtuvo una maestría, se casó con una mendocina y en diciembre 1960 volvió a la Argentina (“Me traje una heladera Westinghouse que todavía anda, porque entonces no hacían las cosas para que fueran descartables”, acota). Acá trabajó en IBM hasta que entró a la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales que dependía de la Fuerza Aérea. En 1969, era jefe del Departamento Técnico.

Fanático de aire. El ingeniero aeronáutico Conrado Estol, en el pequeño museo que tiene en su casa de Recoleta. (Juano Tesone)

Fanático de aire. El ingeniero aeronáutico Conrado Estol, en el pequeño museo que tiene en su casa de Recoleta. (Juano Tesone)

Clarín había asignado a Estol padre para ser uno de los periodistas que cubriera el lanzamiento del Apolo 11. Pero Horacio tuvo un problema cardíaco y no pudo viajar. Entonces, por la formación tan específica en la materia que tenía su hijo, propuso a la dirección del diario que él lo reemplazara. Estol cree recordar que fue el mismo Roberto Noble quien lo autorizó. Y sí recuerda con precisión la responsabilidad que él sentía para cumplir con el enorme compromiso con el diario, sus lectores y su papá. “No podía decirle a mi padre ‘Te mando un mail’ para que leyera mis notas. Pero cuando envíe la primera, me dijo: “La leí para ver qué estaba mal y me pareció magnífica”, cuenta Conrado.

Las notas de Estol en Clarín.

Las notas de Estol en Clarín.

Las notas de Estol en Clarín.

Las notas de Estol en Clarín.

Bucea Estol en su memoria y trae recuerdos de un tiempo perdido. Y de otras cosas que no cambiaron. Cuenta que con el otro enviado del diario, el periodista Gerardo Gonzalo, se encontraban en el hotel a desayunar y desde allí cada uno armaba su cobertura, Gonzalo apuntando a las historias de color y él, buceando en los datos técnicos por su expertise. Después, tenía que salir a conseguir un telex en las salas de prensa y ahí, directamente, escribía su nota (“Como lo hago ahora frente a la PC, tenía buena memoria así que a lo sumo había hecho alguna anotación”), que salía directamente en el teletipo en la redacción de Clarín en Buenos Aires, donde a partir de ese texto se componían las páginas que al día siguiente llegaban a los lectores.

Estol recuerda la efervescencia en Cabo Kennedy de los días previos al lanzamiento. Las entrevistas con los astronautas (no con los tres de la misión porque estaban aislados), los encuentros con los técnicos y jefes, las recorridas, el Saturno V, el enorme cohete que permitió la hazaña. “Nos llevaron en una visita al edificio de montaje donde se construyó, uno de los más grandes del mundo. Tiene 200 metros de altura en un piso solo. Una cosa impresionante es la plataforma para transportar el cohete, con rieles... va lentísimo”, dice Estol y habla en presente, como la cuenta de Twitter.

Frente a la computadora. Estol dice que escribió las notas en 1969 del mismo modo que hoy escribe frente a su computadora. (Juano Tesone)

Frente a la computadora. Estol dice que escribió las notas en 1969 del mismo modo que hoy escribe frente a su computadora. (Juano Tesone)

Otra experiencia destacada de los días previos fue un encuentro con los astronautas. “¡Sí! ¡Lovell!”, recuerda cuando se le menciona a James Lovell, uno de los suplentes de Armstrong, Collins y Aldrin, que terminó siendo nexo con los astronautas en el centro de control. Lo que no se acuerda es si fue él el astronauta que mostró cómo funcionaban los trajes. Estol tiró al piso “un quarter” (una moneda de 25 centavos de dólar) y el astronauta, con su guante, la levantó, demostrando la precisión del equipo.

También destaca los contactos que había tenido cinco años antes en Argentina con Wernher von Braun, el controvertido ingeniero alemán que diseñó el Saturno y participó en el régimen nazi. (“Más allá de su vinculación política era muy agradable”, apunta) y que tuvo allá con el director de vuelo de las misiones Apolo, Christopher Kraft, (“Un gerente que era capo allá").Y, claro, cuando vio a Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins partir hacia lo imposible.

El recuerdo de su padre. Horacio Estol fue corresponsal de Clarín en Nueva York.

El recuerdo de su padre. Horacio Estol fue corresponsal de Clarín en Nueva York.

“Los vi salir a tres pasos míos, saludando con la mano, a las 4.30 de la mañana. De ahí fuimos al lugar de lanzamiento, donde había unas gradas, y esperamos varias horas porque el despegue fue como a las 9 de la mañana. Valió la pena... impresionante el momento que se encienden los motores, se ve la llamarada y la nube que oculta al Saturno, gigantesca, como de 200 metros de alto. El despegue es lento porque es un monstruo de más de 100 metros de largo. La aceleración es muy importante: la velocidad inicial es bajísima y va aumentando paulatinamente, parece que nunca va a alcanzar a levantar a esa mole. Hasta que sale de la nube que generó por todo el combustible que quemó y vemos que seguía, seguía y seguía”, relata con precisión como si sucediera ahora.

¿Qué pasó en ese momento? “La gente aplaudía, sonreía... Yo sentí el alivio enorme por esas tres vidas que se supone que van a llegar a la Luna. Es que cuando en el año 62 vi el plan que se había diseñado para la misión me pareció poco probable porque era tan complicado y contenía tantas maniobras, y en un proceso de tantos pasos las probabilidades de éxito total van disminuyendo”, explica Estol.

Los periodistas de todo el mundo estaban viendo a un kilómetro de la plataforma LC 39A, y miles de personas en toda la zona. Pero además del “milagro” de que el despegue fuera exitoso, lo que más le sorprendió a Estol fue la vibración, incluso más que el estruendo: “Estaba parado y se movía todo”.

Durante más de cuatro días, los astronautas viajaron por el espacio 384.000 kilómetros y Estol, 1.440 desde Florida hasta Houston, donde está el centro de control de las misiones de la NASA. Allí vieron el alunizaje en una enorme sala con pantallas en las que se retransmitían las imágenes que llegaban del satélite y el sonido de las comunicaciones entre los astronautas y el control en la Tierra.

Estol saca del cajón de su memoria un momento preciso, la escena de película que podría haber hecho fracasar todo: cuando el módulo lunar Eagle (Aguila, en inglés) comandado por Buzz Aldrin se aproxima a la Luna, el astronauta tuvo que cambiar en cuestión de segundos la trayectoria porque se encontró con unas piedras gigantes.

“Los astronautas eran pilotos militares, gente muy entrenada con nervios de acero... La calma de la voz del comandante Neil Armstrong, cuando uno sabía que estaba con problemas por las rocas y que estaba buscando un lugar para aterrizar y le quedaban sólo 60 segundos de combustible para maniobrar... caramba”, remarca Estol.

Miles de corresponsales escuchando en silencio esos diálogos críticos, sentados en una sala inmensa (“En tiempos de tanto hermetismo de la Unión Soviética fue elogiable porque el potencial fracaso también hubiese sido público”, destaca Estol), con la pantalla a oscuras... hasta que llegó la luz. “El Aguila ha aterrizado”, dijo Armstrong y la sala estalló en aplausos.

“Estamos todos felices porque era el éxito de la Humanidad. Para mí fue una victoria personal: de la ingeniería, la ciencia y la tecnología que apoya la ciencia, un emprendimiento gigantesco surgieron cosas para la vida diaria que usamos hasta hoy. Me sentí orgulloso de ser parte y de ser ingeniero”, emociona Estol en su relato.

Después de ese día histórico, y de mandar las notas por telex a Clarín, claro, se fue a visitar a su hermana en Nueva York, vio el amerizaje por TV, regresó a la Argentina y siguió su carrera en Price Waterhouse Coopers Argentina, de donde se retiró como socio. Tuvo tres hijos: el neurólogo Conrado, el músico Horacio (Acho, integrante de La Chicana) y la traductora pública Andrea. No guardó ningún merchandising de la aventura en Cabo Kennedy, ni tampoco sus notas del diario: se perdieron en una limpieza de papeles y le consulta a esta cronista cómo puede volver a conseguirlas digitalmente, porque quiere releer lo que escribió entonces.

Estol se arrepiente de una sola cosa: de no haber llevado un diario. “Participe en tantas cosas en mi vida que me interesaría poder repasarlas. Hay literatura científica que dice que el ser humano inventa y modifica recuerdos. Por eso hay que tener mucho cuidado con ellos. Me gustaría tener ese diario, sacar la página 1325, y decirle los nombres de los astronautas que conocí”, dice.

Pero de lo que está seguro es de que vivió algo único que puede contarles a sus nietos “un abuelo tan viejo que cuando era chico no había televisión”. Y también está seguro de que tuvo “el honor de haber sido una infinitesimal parte de algo histórico”. Como enviado de Clarín.

AS​