Murió el químico George Rosenkranz, uno de los padres de la píldora anticonceptiva

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Este domingo, a los 102 años, murió en su casa de Atheron, California, el químico George Rosenkranz. Fue quien, junto a otros dos colegas, cambió la historia reproductiva de la humanidad

en un laboratorio de la Ciudad de México en 1951, sintetizando el ingrediente clave para lo que se convertiría en el anticonceptivo oral, luego denominado “la pastilla”.

Además de la importante contribución a la ciencia del control de natalidad, el equipo de Rosenkranz fue el primero en sintetizar cortisona, la droga utilizada para el tratamiento de artritis reumática, y para reducir inflamaciones dolorosas en músculos y articulaciones. También fue campeón mundial de bridge. De hecho su mujer fue secuestrada durante un torneo en Washington, en 1983, y debió pagar un rescate de 1 millón de dólares.

Rosenkranz era judío húngaro, formado en Suiza como ingeniero químico, y debió escapar del fascismo al tiempo que la Segunda Guerra Mundial devoraba Europa. Se refugió en Cuba y después de la guerra se convirtió en el director de investigaciones en Syntex, un laboratorio farmacéutico en México. Allí, en un desierto científico, reunió un pequeño grupo de químicos que sentó las bases para avances revolucionarios en el área de las drogas de la hormona esteroide.

George Rosenkranz. (Foto: Douglas A. Lockard)

George Rosenkranz. (Foto: Douglas A. Lockard)

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Los científicos sabían hace tiempo que altos niveles de estrógeno y progesterona inhibían efectivamente la ovulación. Pero sintetizar esas hormonas a partir de extractos animales o vegetales había sido demasiado caro y relativamente ineficaz para su uso comercial en la forma de anticonceptivos orales. A principios de la década de 1950, había una carrera entre los contendientes farmacéuticos para encontrar la clave que permitiera restringir la ovulación.

Luego de mucha experimentación, Rosenkranz y sus colegas, el químico Carl Djerassi, un refugiado austríaco, y el estudiante y asistente de laboratorio, Luis E. Miramontes, lograron dar un salto, sintetizando una progestina que llamaron noretindrona. Fue el 15 de octubre de 1951, una fecha que luego quedó registrada para la posteridad en la patente que los tres compartían, aunque al principio la dimensión de lo que habían conseguido no era del todo visible.

La noretindrona, a veces denominada noretisterona, demostró ser un eficaz inhibidor del embarazo, y su producción era de bajo costo. Pero en vez de avanzar en un control de la natalidad, el equipo lo consideró como un tratamiento de fertilidad, y al principio fue desarrollado en mujeres embarazadas para evitar abortos espontáneos. Pasaron cinco años de pruebas hasta que se demostró su seguridad y efectividad como pastilla anticonceptiva.

Incluso entonces, algunas empresas farmacéuticas se mostraron renuentes a comercializar la pastilla, temiendo sabotajes de sus productos por parte de grupos religiosos y otros que se opusieran al control de la natalidad. En los años sesenta, sin embargo, una investigación conducida por M.C. Chang, Gregory Pincus, John Rock y otros demostró su eficacia, y la pastilla —cuya denominación técnica era anticonceptivo oral combinado— fue desarrollada y comercializada por Syntex, G.D. Searle, Johnson & Johnson y otras empresas.

El uso de la pastilla se difundió rápidamente, provocando importantes efectos económicos y sociales. Las mujeres ganaron un control sin precedentes sobre su fertilidad, separando sexo de procreación. Las parejas estaban ahora en condiciones de planear sus embarazos y regular el tamaño de sus familias. Las mujeres podían planificar su formación y sus carreras. Pero la pastilla generó intensos debates en torno a la promiscuidad y la moralidad del control de la natalidad. La Iglesia Católica, en particular, hizo énfasis en la prohibición de los anticonceptivos artificiales.

El químico Carl Djerassi, otro de los creadores de la pildora anticonceptiva, junto a Rosenkranz. (Alfredo Martínez/Archivo)

El químico Carl Djerassi, otro de los creadores de la pildora anticonceptiva, junto a Rosenkranz. (Alfredo Martínez/Archivo)

“Le dejo a los demás el debate acerca del valor último de la pastilla”, dijo Rosenkranz en 2001, aceptando un premio de la Universidad de México en el 50 aniversario de su síntesis. “No tenemos que olvidar nunca que las investigaciones originales son la sangre vital de la industria farmacéutica y biotecnológica, y que el esfuerzo de un equipo interdisciplinario es el motor indispensable para obtener logros significativos en una investigación”.

Un don por el aprendizaje

Nació en Budapest el 20 de agosto de 1916, y lo llamaron Gyorgy Rosenkranz. Era el único hijo de Bertalan y Stella (Weiner) Rosenkranz. Sus prósperos padres lo introdujeron desde su infancia en la apreciación del arte, la música, el teatro y el bridge. Tenía un don para el aprendizaje de idiomas, y llegó a dominar media docena. Pero los estudios científicos, en particular la química, era lo que mas le interesaba.

A los 17 años entró en la Escuela Politécnica Federal de Zurich, donde estudió química orgánica con el futuro premio Nobel Leopold Ruzicka. En 1937 se convirtió en el asistente de su mentor y se doctoró en 1940. Cuando los ejércitos de Hitler marchaban por Europa, Rosenkranz y otros estudiantes judíos decidieron abandonar el continente.

Ruzicka logró armar para él un establecimiento académico en Quito, Ecuador, pero el viaje transatlántico de Rosenkranz terminó en Cuba, en diciembre de 1941, cuando la entrada de Estados Unidos en la guerra lo dejó varado en la Habana. Se unió a un laboratorio cubano, en donde desarrolló tratamientos para enfermedades venéreas y se dedicó a estudiar la síntesis de hormonas.

En 1945 se casó con Edith Stein, nativa de Austria que, como su marido, había escapado de los Nazis y llegado a Cuba. Tuvieron tres hijos, Roberto, Gerardo y Ricardo. Gerardo murió en 2011.

Mexicano por opción

El trabajo de Rosenkranz en la síntesis de hormonas llamó la atención de científicos de todo el mundo, y en 1945 fue reclutado para unirse a Syntex, en México D.F. Pasó el resto de su carrera laboral allí, y se nacionalizó mexicano en 1949.

Merck & Co. produjo cortisona de manera comercial por primera vez en 1948 o 1949, por medio de un costoso y complejo proceso de transformaciones químicas. Rosenkranz y otros químicos de Harvard y Merck estaban compitiendo entre sí para sintetizar cortisona de manera más simple, barata, para su producción a escala industrial. En 1951 Rosenkranz logró la victoria, publicando un artículo en que se mostraba adelantado a sus contendientes por una ventaja de semanas.

Mientras los anticonceptivos orales ganaban popularidad en todo el mundo, Djerassi daba numerosas conferencias para promover la pastilla y se convirtió en una rica celebridad. Enfrentó las polémicas acerca de los efectos colaterales, incluyendo los riesgos de coagulaciones, cáncer y exceso de sangrado menstrual. Pero los fabricantes acortaron las dosis de estrógeno y progestina para reducir los riesgos. Escribió libros, enseñó en universidades y murió en 2015.

Miramontes, que obtuvo un título en ingeniería química de la Universidad de México, ganó muchas patentes en el área de la química farmacéutica y enseñó en numerosas universidades. Murió en el 2004.

Rosenkranz pasó a ser el director ejecutivo y presidente de Syntex Corp., que creció hasta convertirse en una empresa farmacéutica y biotecnológica diversificada de alcance internacional, valuada en 5.000 millones de dólares. Se retiró en 1981. Escribió cientos de artículos periodísticos y científicos, fue nombrado en 150 patentes y recibió homenajes de grupos científicos y del gobierno mexicano.

“George and Edith Rosenkranz: A Memoir of Their Lives and Times”, fue publicado en 2011. Rosenkranz y su mujer estaban viviendo hace algunos años en Atherton, California.

El secuestro de su esposa

Como jugador de bridge, Rosenkranz ganó una decena de campeonatos norteamericanos. Creó sistemas de apuestas, escribió 15 libros sobre bridge y entró al Salón de la Fama del Bridge de Estados Unidos en el año 2000. Edith Rosenkranz, una de las jugadoras top de México, lo acompañaba a menudo en los viajes de los torneos.

En julio de 1984, mientras asistía a un torneo en Wahington, Edith Rosenkranz, de 60 años, fue secuestrada a punta de pistola por dos hombres a la salida del hotel. La arrojaron a una camioneta y la tuvieron cautiva en un motel de Norfolk, Virginia, durante dos días. Después de que su marido dejara 1 millón de dólares en Alexandria, Virginia, fue liberada cerca de la Casa Blanca, muy conmocionada pero sin lesiones.

Tres hombres, incluyendo un jugador de bridge conocido por un compañero de Rosenkranz en competiciones nacionales, fueron capturados por agentes de la FBI minutos más tarde, y el dinero fue recobrado. Los agentes habían estado siguiendo la camioneta de los secuestradores desde que tomaron el dinero, y se habían lanzado sólo después de saber que la seguridad de Edith Rosenkranz estaba garantizada.

“Estaba aterrada”, le contó al jurado de la corte federal en Washington, luego de testificar que los hombres habían amenazado con matarla a menos que se pagara el rescate. Los sospechosos, Glenn Wright, de 42 años, el jugador de bridge, considerado como la mente maestra del crimen, y Orland Tolden, de 26, ambos de Houston, y Dennis Moss, de 27 años, de Cocoa, Florida, fueron procesados por secuestro y sentenciados a largas penas en prisión.

Traducción: Andrés Kusminsky

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