Los secretos y las claves para catar vinos como los expertos

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El vino, bebida noble y legendaria, suele llegar a nuestras vidas en la etapa más madura, cuando las armonía de los sabores nos permite el disfrute pleno de los buenos

y pacientes alcoholes.

Quizás por eso, los más jóvenes prefieren la ingesta festiva de tragos, aperitivos, y obvio, la reina de las fiestas sub 30, la cerveza. Sin embargo, y pasito a pasito, como cantaría Luis Fonzi en versión sommelier, el mundo joven se está acercando al vino con el impulso de festivales y etiquetas marketineras. Sea como sea, bienvenidos al mundo de esta bebida majestuosa, irremplazable en asados tumultuosos o selectas mesas gourmets.

La temperatura ideal para degustar un vino tinto es 18°. Foto: Juan Manuel Foglia

La temperatura ideal para degustar un vino tinto es 18°. Foto: Juan Manuel Foglia

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Sugerencia para iniciados

Los primeros pasos, o traguitos, pueden parecer raros y hasta hostiles, pero hay que gambetear el temor ancestral a lo desconocido y aprender a disfrutarlo plenamente. Sorbo a sorbo. Dejarlo jugar en nuestras bocas, permitirle que se amigue con nuestros paladares.

Alejandro Rodríguez, director de la Escuela Argentina de Sommeliers, piensa que a veces, en Argentina nos vamos de una punta a la otra. “De tomar vino con soda, nos vamos a el gran misterio que aleja a la gente. Hemos complejizado tanto a los vinos que lo hemos hecho difícil para la gente”, expresa.

El mejor consejo para los que quieran comenzar con esta bebida, es que tomen el vino que quieran, o el que les hayan recomendado según sus preferencias. Sin pensar en el qué dirán.

Por ejemplo, en la familia del sommelier, una integrante comenzó tomando vino dulce para acompañar al asado. Muchos se horrorizarán, pero esa fue la forma que ella encontró para entrar al mundo de las uvas. Una vez que se familiarizó con el sabor, Alejandro no perdió oportunidad de recomendarle seguir con los blancos, pero esta vez secos… De esa manera, el paladar se va acostumbrando. Y los viejos tomadores irán evangelizando a los nuevos integrantes para que los próximos brindis cada vez haya más copas y menos chops.

Los vinos rosados se disfrutan más si están entre los 8° y los 10°. Foto: Juan Manuel Foglia

Los vinos rosados se disfrutan más si están entre los 8° y los 10°. Foto: Juan Manuel Foglia

Una excelente manera de atrapar al club de los “menores de treinta” es hacer la prueba que hizo Rodriguez: puso un bol grande con vino blanco (Sauvignon Blanc), fruta, mucho hielo, Aperol Spriz y jugo de naranja. ¿Quieren saber qué paso?

Por primera vez, la cerveza sobró, pero de esta preparación no sobró ni una gota. “Esta es una forma diferente de tomar vino. De este modo se acercaron varios jóvenes, y una vez que ya mordieron el anzuelo, entonces sí, se avanza de a poco”, expresa.

Para comenzar se sugiere empezar por los blancos, Sauvignon Blanc o Pinot Grigio pero si se desea por las uvas tintas entonces debe ser un vino no muy complejo, uno joven que no tenga madera. Malbec y Tannat son ideales. ¡Dejemos la madera y quedémonos con la fruta!

En cuanto a los rosados, son el comodín de los vinos. Es una variedad que encontró su lugar entre los jóvenes por su frescura, la amplia oferta y su abanico de precios. Los espumantes también son una puerta de entrada al mundo del rey Baco, ya que esta generación se encuentra muy acostumbrada al consumo de bebidas cola, que tienen alta acidez y azúcar. Esa mezcla se encuentra en los espumantes dulces, comenta el sommelier.

Eduardo Celestino, un experto en vinos. Foto: Juan Manuel Foglia

Eduardo Celestino, un experto en vinos. Foto: Juan Manuel Foglia

Eduardo Celestino, sommelier del restaurante Cabaña Las Lilas y primer inscripto en la escuela que los capacita, comenta que elegir blanco, tinto o rosado dependerá un poco del estadío en el que uno comenzó a tomar vino. A veces no cambia a lo largo de la vida, y a veces sí. “Creo que hay que sumarle emoción y sentimiento cuando se degusta un vino. Tomarlo trayendo recuerdos lejanos y pensando en lo que estamos tomando sin olvidar el gusto de cada uno. Si te gusta uno, entonces será el mejor vino para vos”, expresa.

Como su colega, pone énfasis en el aire. Este es el enemigo del vino, pero también ayuda a que exploten los sabores en la bocay ese sorbo se convierta en una fiesta de frutas y madera.

La temperatura ideal para catar un vino blanco es 8°. Foto: Juan Manuel Foglia

La temperatura ideal para catar un vino blanco es 8°. Foto: Juan Manuel Foglia

Como en la vida, todo tiene un orden y un porqué. Celestino cuenta que el que ordena el vino es el que lo debe probar, ya que si éste llegara a estar “malo”, pondremos al agasajado en un aprieto si debe decir que el vino no está bien. Entonces es posible que diga que lo está, cuando no es así.

Ceremonial del servicio, pautas a seguir:

Eduardo Celestino explica el paso a paso.

Oler el corcho

Se descubrirán dos cosas: madera o vino. Se huele y se observa.

Oler el vino

Antes de agitarlo tomando la copa por el tallo se huele el vino. Si hay alguna nota “enferma” será la más liviana y más volátil. Se siente las notas del vino y el alcohol. “La nariz también actúa como defensa. Si nos desagrada el olor, por naturaleza no lo vamos a llevar a la boca”, agrega.

con delicadeza, pero con firmeza, oler el vino es un paso importante de la cata. Foto: Juan Manuel Foglia

con delicadeza, pero con firmeza, oler el vino es un paso importante de la cata. Foto: Juan Manuel Foglia

Observarlo

Si llegara a tener pequeñas burbujitas rígidas, que no se desarman quiere decir que el vino se ha desviado, que tiene un desperfecto. A través de la vista podemos obtener mucha información sobre las características de ese vino, como su cuerpo, su acidez, una idea aproximada de su edad (los más jóvenes tienen colore más encendidos, mientras que los más longevos logran colores más tenues) o incluso, los expertos, descifran la variedad o variedades de uva con las que se ha elaborado.

A la vista no debe poseer burbujas. Los más experiementados ya podrán descubrir características más profundas del vino. Foto: Juan Manuel Foglia

A la vista no debe poseer burbujas. Los más experiementados ya podrán descubrir características más profundas del vino. Foto: Juan Manuel Foglia

Agitarlo

Sobre la mesa, o directamente en el aire (este paso lo dejamos para los que estén más cancheros si no quieren terminar empapados). Se vuelve a oler y se va notar que, se “levantaron” todos los aromas y el vino se desnuda ante la nariz. Una aspiración corta e intensa bastará. Se puede sentir la madera, las frutas….

El primer sorbo

Debemos bañar la boca con la bebida. Hay que hacerla bailar por toda la boca y sostenerlo en la misma antes de ingerirlo. De esta manera el vino va a tomar el calor del cuerpo, se va a expandir, se va a dilatar.

En boca

Los siguientes tragos ya serán diferentes. “Hay que abrirle la boca al vino. Eso de tomar con trompita no va”, sostiene Celestino entre risas y agrega: “La vida del vino es jugo hoy, mañana vinagre. Nosotros lo tomamos a un tercio de empezar la recta. En ese momento lo tapamos y lo defendemos del oxígeno. Si lo dejamos, llegamos al vinagre”. Nos daremos cuenta si un vino “no está correcto” cuando su sabor es avinagrado. Si se le siente una nota de sabor un tanto ácido, puede ser que necesite una decantación, es decir, dejarlo que "respire" unos minutos.

Novatos, no alarmarse: está claro que al principio será difícil detectar todos los aromas que un buen vino, como una caja de sorpresas, tiene ocultos. De hecho, es posible que nosotros encontremos algunos y, si disfrutamos del brindis con alguien, otra persona perciba otros. ¡Eso es normal! De hecho, las catas se hacen grupales para descubrir en conjunto la mayor cantidad de elementos.

Familias de aromas

Los expertos dividen estos aromas en grupos de familias como: vegetal (recuerdan la hierba, el pasto, ciertos tonos bucólicos, cualidad característica de los vinos jóvenes), floral (evocan ciertas flores, como el jazmín, la rosa), frutal ( las más destacadas son manzana, frutilla, cereza, frambuesa, ananá y banana), balsámica ( olores de ciertas resinas y aceites como el pino, eucalipto o alcanfor), química (cuando se siente olor a medicamento), madera (exclusivo de los vinos de crianza), especiada (típico de los vinos envejecidos, olores como vainilla, pimienta, canela, regaliz…), empireumática (recuerdos tostados y ahumados, como café y caramelo), esteres (olores lácteos) y la última serie, animal, que recuerda la carne, crease o no. Sensaciones, recuerdos, añorazas y aventuras encerrados en una copa, a la espera de una exploración de placeres con un simple sorbo.

De niños, Maria Elena Walsh nos invitaba a tomar el té. Ahora, invitamos a los “mayorcitos” a descubrir y disfrutar del amplísimo mundo de las uvas. ¡Salud!

Qué hay que tener en cuenta antes de catar un vino

Los consejos del sommelier Alejandro Rodriguez para los iniciados

Corcho

Puede ser el clásico, de sintético (excelente cierre para vinos que se van a tomar ese año, no se usa en vinos de guarda) o con tapa a rosca. Los vinos de alta gama llevarán el natural. Es posible que éste tenga la base teñida del color de vino, eso quiere decir que el vino ha estado en contacto con el corcho, o sea, que la botella se conservó acostada. Si se observa una línea que lo recorre, ésta no debe pasar la mitad del mismo. Si llega hasta el otro extremo quiere decir que se ha filtrado aire. El vino puede tomarse, pero hay que evaluar cada situación.

Botella

si bien no es una regla, en líneas generales, las botellas que pesan son más importantes, con un formato más evolucionado y suelen contener bebidas más caras. Se le llama “picada” a la base levemente hundida de la botella.

La etiqueta

Al leerla podremos ver si el producto tiene paso por madera, con qué cepas está compuesto incluso ver las notas de cata.

La copa

Si bien las principales empresas dedicadas a su producción se han adaptado a la modernidad y están fabricando “vasos” para vino, se disfruta mucho más de esta bebida con una copa que tenga base, tallo y tulipa. El borde de las mismas debe ser imperceptible, para que la bebida entre a la boca directo, sin tener que surcar un reborde. El porqué de la copa tiene su respuesta. Al tomarla del tallo, no calentaremos el vino con el calor de las manos. Es por eso que los vasos no son el recipiente elegido para degustar un rico vino. Las copas de blanco son más chicas porque se toma frío, y si se sirve mucha cantidad, éste perdería su temperatura inicial. Las de tinto son más grandes y las de espumantes, aflautadas.