Los grandes deberían seguir a los chicos

Sociedad
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Esta es la primera vez que hay un movimiento pacífico de escala global en el que los protagonistas son los chicos. Y los grandes deberían seguirlo con mucha atención porque no

se trata de una revolución de alegría, sino una auténtica denuncia contra el mundo espantoso que se les viene encima. Ellos saben que les tocará la peor parte de la historia si no se frena la escalada loca que tiene hoy la temperatura planetaria, que es producto principalmente de la combustión de hidrocarburos.

¿Quién hubiera imaginado un planeta sin hielo marítimo en el Ártico, con la Antártida crujiente y las montañas sin glaciares? ¿Mares sin corales y miles y miles de especies de animales, plantas e insectos extintas? Ese sería un mundo de migraciones masivas, de inseguridad alimentaria, pobreza extrema, enfermedades... Si nada cambia, todo esto sucederá cuando estos chicos sean adultos.

En Milán, la multitud, este viernes.

En Milán, la multitud, este viernes.

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Pero, el tema, es que el cataclismo se puede evitar. Existe la tecnología. Es barata y sólo hay que impulsarla. Pero la ventana para hacerlo es muy pequeña: apenas una década. Este es el tiempo que determinó un panel científico de la ONU el año pasado.

En muy pocos años habremos rifado el presupuesto de carbono para frenar la suba de la temperatura en 1,5C. Por eso, marchan miles y miles, acaso millones, ocupan calles y plazas, cantan y llevan improvisados carteles. Se mueven desde Australia a la Argentina, de Europa a los Estados Unidos o el Asia.

Los jóvenes en Londres.

Los jóvenes en Londres.

Este motín de chicos fue iniciado por una sola adolescente: Greta Thunberg, hoy convertida en una especie de Ghandi del SXXI. Pero hay Gretas brotando en todos lados. Incluso aquí, en la Argentina, donde todavía los políticos, sin importar de qué lado de la grieta estén, siguen pensando con cabeza de carbón. Tienen la cabeza negra.

Este año, redundante es decirlo, hay elecciones. Los candidatos seguramente irán a Vaca Muerta a prometer más fracking, más producción de gas y petróleo en nombre de la patria y del presente. No se olviden señores y señoras que también tendrán que rendirles cuentas a los jóvenes, para los que la profundización de la matriz fósil significa una auténtica condena. Ellos también votan. Y los van a increpar cada vez que puedan porque su futuro está en juego. Estas movilizaciones son apenas el comienzo de algo que necesariamente tiene que tener una respuesta. Se las debemos como adultos. Hemos arruinado el mundo. Ahora, no arrojemos a los pibes al infierno.

Movilización en Madrid. AFP

Movilización en Madrid. AFP