Aunque la mayoría no paga los estudios, 80 mil extranjeros dejaron $10.000 millones en la Ciudad

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Cuando se habla de los jóvenes extranjeros que llegan al país para estudiar, se suele hacer referencia al beneficio que ellos obtienen por cursar aquí gratis, o a un costo mucho

más bajo que en sus países. O a la inversión que el Estado argentino hace en las universidades nacionales y de la que ellos “se aprovechan”. Pero hasta ahora nadie había hecho el cálculo sobre lo que estos estudiantes dejan aquí en su paso estudiantil. Investigadores de la UBA y del Conicet acaban de realizarlo. De acuerdo a los últimos datos disponibles –de 2017- llegaron 80.766 estudiantes ese año a la Ciudad de Buenos Aires y dejaron 10.113,4 millones de pesos.

La investigación fue hecha por los economistas Javier Curcio y María Fernanda Luna. En el informe explican que a esa cifra se llega tras sumar los $9.902,8 millones que gastan los estudiantes internacionales en alojamiento, pago de aranceles universitarios cuando corresponden, consumo, transporte y entretenimiento, entre otros rubros; más $210,6 millones que aporta la visita de amigos y familiares de esos estudiantes. La suma representa el 0,52% del Producto Bruto Geográfico 2017 de la jurisdicción, afirman.

La mayoría de esos jóvenes (61.058) llegan para hacer carreras cortas en universidades y en otras instituciones o programas de intercambio de menos de un año; un segundo grupo -formado por 16.861 estudiantes- cursan carreras de grado; y otros 2.847 hacen un posgrado. La mayoría no paga por estudiar: son quienes cursan carreras de grado en universidades estatales (12.009 personas), más los que hacer carreras cortas estatales o programas de intercambio.

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En cuanto a las nacionalidades, primero están los brasileños (16%), seguidos por europeos (13%), chilenos (12%), uruguayos (11%) y norteamericanos (8%).

Hay más datos. Un cuarto de los extranjeros elige a la Universidad de Buenos Aires (UBA) para estudiar. Hoy son el 6,2% de los estudiantes de carreras de grado de esa universidad, que concentra el 52,5% de los alumnos que estudian carreras largas en instituciones públicas y representa el 23,1% del gasto de los estudiantes, unos $2.336,2 millones.

Encuentro de estudiantes extranjeros en Buenos Aires, en el marco del programa “Study Buenos Aires” del gobierno porteño.

Encuentro de estudiantes extranjeros en Buenos Aires, en el marco del programa “Study Buenos Aires” del gobierno porteño.

Para evitar confusiones, el trabajo se basa en lo que se define como “estudiantes internacionales”, que son aquellos que ingresan a la Ciudad exclusivamente por motivos de estudio. Los autores los diferencian de los “migrantes 1.5”, que son los hijos u otros familiares de inmigrantes, que nacieron en el exterior y que migraron con sus familias cuando eran niños o adolescentes, y ahora están estudiando la universidad en nuestro país. Estos últimos son estudiantes extranjeros, pero no “internacionales”.

Para los especialistas, además del impacto económico, la internacionalización de los estudiantes trae otros beneficios menos tangibles, como puede ser el intercambio cultural o el prestigio de la Ciudad y sus universidades que estos jóvenes después se llevan al mundo. De hecho, en el último ranking QS de ciudades, Buenos Aires se convirtió en la primera de Iberoamérica, superando por primera vez a Barcelona y Madrid.

"Los alumnos extranjeros enriquecen el acervo cultural de la UBA. Quienes estudian en nuestra universidad, se llevan una imagen muy positiva de la UBA y la toman como propia; luego son embajadores nuestros en el mundo y fortalecen el intercambio en todos los aspectos en los países en donde estén", dio a Clarín el rector de la UBA Alberto Barbieri.

Desde el gobierno de la Ciudad festejan estas cifras y afirman que continuarán con las acciones para atraer a más estudiantes extranjeros. Como el convenio que, a fines de 2017, firmaron con 23 universidades, entre ellas la UBA, para potenciar la llegada de estudiantes extranjeros.

En la Ciudad. Un encuentro de estudiantes de diversos países.

En la Ciudad. Un encuentro de estudiantes de diversos países.

Una de esas iniciativas es el programa “Study Buenos Aires”, que les brinda a los extranjeros que vienen a estudiar unas cuantas facilidades, sobre todo para los primeros días como un “kit de pre arribo” que incluye una línea gratuita para el celular, una tarjeta SUBE y una tarifa especial en hostels para las primeras noches. También les organizan actividades, desde culturales y de entretenimiento hasta visita de negocio (a empresas) y políticas (al Congreso y la Legislatura).

“Las principales ciudades del mundo compiten cada vez más por estos jóvenes, que buscan estudiar fuera de sus países. Es un capítulo más de la competencia por el talento, un factor clave en el desarrollo económico que surge alrededor de las ciudades abiertas, diversas y con vocación internacional”, dijo Fernando Straface, secretario de relaciones internacionales del gobierno porteño.

“Además, la hora de definir dónde instalarse, las empresas multinacionales valoran cada vez más las ciudades que ofrecen una excelente calidad de vida, poseen un ecosistema universitario y de investigación de primer nivel y atraen jóvenes de todo el mundo”, agregó.

"En Colombia se te complica estudiar en la universidad"

Samia Angulo Rincón, colombiana que estudia en Buenos Aires. Constanza Niscovolos.

Samia Angulo Rincón, colombiana que estudia en Buenos Aires. Constanza Niscovolos.

Samia Angulo Rincón (32) es colombiana y se recibió de ingeniera industrial en la Universidad de Antioquia, en Medellín. Sin embargo sigue estudiando. Arrancó este año una maestría en negocios (MBA) en la Universidad de Buenos Aires. Samia le cuenta a Clarín que, por los costos, a ella siempre se le hizo difícil estudiar la universidad en Colombia.

Cuenta que en ese país a la gente se la divide en “estratos sociales”, de acuerdo a sus ingresos. Todas las universidades tienen examen de ingreso y son pagas, incluso las estatales. Pero el costo de los estudios depende del estrato social de cada estudiante. En su carrera, por ejemplo, los del estrato 1 pagan muy poco y los del 6 el equivalente a unos 1.000 dólares el semestre.

Samia era del estrato 3 y debía pagar 100 dólares por semestre. Pero a los estudiantes con buen nivel académico les dan la posibilidad de trabajar en la universidad y así no pagar ese arancel. Fue su caso. “De todos modos a mi familia se le hacía muy difícil pagar todo lo relacionado a los estudios”, dice a Clarín.

Cuenta que cuando terminó la carrera buscó posgrados en distintas ciudades y finalmente eligió a Buenos Aires “porque quería un país que me ofreciera la posibilidad de desarrollarme como profesional ”.

Además de estudiar, Samia ahora trabaja en el Banco Patagonia (en la gerencia de productos mayoristas para empresas). Llegó con su marido, que es cocinero, y tienen un hijo de 3 años. Dice que Buenos Aires es una ciudad “muy segura, comprando con el resto de América Latina” y que, en el futuro, quiere seguir creciendo dentro de un banco y, al mismo tiempo, llevar adelante proyectos gastronómicos junto a su marido.

RB