Denuncian que una chica de 14 años fue drogada en un cumpleaños y luego violada por más de una persona

Sociedad
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El lunes 11 de febrero, a las 15, Pablo Aldanondo (50) acompañó a su hija Paloma (14) hasta un cumpleaños en una quinta de la ciudad bonaerense de Lobos. Si bien

Paloma no tenía amigos en la fiesta, nada hacía presagiar que sería víctima de una trampa letal, de una pesadilla.

La menor tenía permiso estar allí hasta las 18, pero habría sido convencida por algunos invitados, mayores de edad, para quedarse un rato más. Paloma vaciló y fue "marcada". Le sirvieron algunas copas con estupefacientes y prácticamente no hubo resistencia.

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Se la llevaron -¿secuestrada?- a dar unas vueltas en auto y la encontró una vecina pasadas las 19 del mismo lunes, tirada en la calle, en la esquina de su casa. Estaba semidesnuda, sucia e inconsciente. Según los primeros análisis realizados en la Comisaría de la Mujer y la Familia, se constató que presentaba lesiones compatibles con una violación. La causa está instruida como "abuso sexual con acceso carnal".

Entre indignada y dolida, Silvina Salinas (47), mamá de Paloma, luego de 12 días de oscuridad y vacío, empieza a creer que se pueden encontrar a los responsables. "Estamos seguros que son de acá, de Lobos, queremos a los responsables, caiga quien caiga", exclama Salinas a Clarín, envalentonada porque el triste caso de su hija se mediatizó.

Caiga quien caiga. "Los violadores están aquí, entre nosotros, paseando, y nosotros con miedo y encerrados", exclamó Silvina Salinas, la mamá de Paloma.

Caiga quien caiga. "Los violadores están aquí, entre nosotros, paseando, y nosotros con miedo y encerrados", exclamó Silvina Salinas, la mamá de Paloma.

La difusión puede llegar a acelerar las investigaciones, aunque "de arranque todo fue un infierno", ilustra Salinas. La mamá de la joven se refiere a "la falta de humanidad del Hospital Zonal de Lobos y del fiscal Alberto Sarramone. Lo del hospital es inexplicable, nos maltrataron, no nos querían atender porque decían que no tenían el protocolo para responder ante estos casos", le dijo a Clarín, indignada, Silvina Salinas. "La falta de humanidad de la médica de guardia, Lilian Sala, resultó inexplicable, ¡ni siquiera le tomaron el pulso! Y el director del hospital, Pedro Avila, jamás apareció para preguntar cómo estaba mi hija, una falta de sensibilidad alarmante. Somos muy pocos en Lobos y nos conocemos todos".

Sobre el fiscal, Salinas dijo: "Me subestimó y me criticó cómo soy cómo madre. Él me contó que con su hija vive algo parecido, que es una edad difícil y me terminó preguntando aquella noche del 11 de febrero si yo le podía bajar la bombachita a mi hija y fijarme si tiene algún pelito. Me quedé en shock. Parecía que no tenía ganas de laburar".

La denuncia, finalmente, fue radicada el martes 12 de febrero, en la DDI de La Plata, y a Paloma se le hicieron las pericias correspondientes en el Hospital Gutiérrez de la capital provincial, donde se constató que fue violada por más de una persona. Hoy el caso lo lleva la fiscal Patricia Hortel, de la Unidad Funcional de Instrucción N° 2, de Saladillo.

El pueblo de Lobos salió a apoyar a Paloma y su familia. "Hartos de la inacción policial y de la justicia, la gente se moviliza y exige, por eso se respira un clima de pocos amigos", describe Fernando, un vecino, quien hace saber que el próximo lunes se realizará la cuarta marcha instando a que se encuentren a los culpables.

Cada convocatoria, en la plaza del pueblo, concentra unas 500 personas, un número importante "para un pueblo que se moviliza poco y le cuesta reaccionar, pero que ahora se sintió tocado y por eso apuntan a las autoridades del hospital y al intendente Jorge Etcheverry "por insensibilidad y falta de humanidad". Clarín intentó comunicarse con Etchverry, que sólo respondió que "está todo en la Justicia" y no pudo atender por "estar en una charla". Mientras que el doctor Avila no respondió.

"Los violadores andan paseando y nosotros estamos encerrados con miedo porque nos amenazaron y nos tiraron un tiro en casa", denuncia Salinas, que tiene un patrullero en la puerta de su casa las 24 horas. "Evidentemente no quieren que salga a la luz la verdad".

Sacando fuerzas para que su hija tenga en quien reflejarse, Silvina intenta manejar su ansiedad: "Sé que los tiempos de la justicia no son los míos... La causa se está llevando adelante bien, yo sé que trabajan, soy demasiado ansiosa y quiero que se termine ya. Hay sospechosos pero no detenidos. Pero confío que caerán, mi hija ya dio un nombre".