El desafío de ser modelo en la era del #TimesUp

Sociedad
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Por Vanessa Friedman, The New York Times

En enero, antes de la primera Semana de la Moda en Nueva York posterior al comienzo de la revolución social #TimesUp, (expresión equivalente

al “Hasta aquí, no más”) el Consejo Estadounidense de Diseñadores de Moda hizo pública su habitual carta preliminar.

Por primera vez la carta instaba a que, entre otras cosas, las casas de moda crearan zonas privadas para cambiarse, a fin de evitar que las modelos estuviesen desnudas delante de numerosos maquilladores, peinadores, fotógrafos y periodistas que trabajan detrás de escena en un desfile, donde la cuestión de la preparación se ha vuelto tan pública hoy como el desfile mismo.

La mayoría de los diseñadores trató de cumplir. Sin embargo, en uno de los desfiles, como en muchos otros en las demás ciudades de la moda, el área privada para cambiarse fue más un ideal que una realidad. “¡Había un fotógrafo sacando fotos mientras las chicas se desvestían!”, dijo la modelo Edie Campbell.

En febrero, una modelo de Minneapolis que se reunió con un fotógrafo para trabajar en un álbum de fotos para ella terminó denunciándolo a la policía porque, según dijo, la tocó por la fuerza cerca de los pechos y los genitales. En Facebook aparecieron relatos de otras cuatro modelos relacionados con tomas de desnudos y comentarios personales insinuantes con el mismo hombre. Y a fines de mayo, a una modelo de Nashville que fue a Nueva York para asistir a un casting, el director de su agencia la invitó a un club nocturno, adonde llevó sus fotos, y después la toqueteó.

La modelo Edie Campbell sostuvo que había un fotógrafo sacando fotos mientras las chicas se desvestían.

La modelo Edie Campbell sostuvo que había un fotógrafo sacando fotos mientras las chicas se desvestían.

A principios de septiembre, en el comienzo de una nueva Semana de la Moda en Nueva York, todas las miradas volvieron a posarse en la industria, para ver cuánto había cambiado desde que numerosos escándalos relacionados con acoso y agresiones sexuales que involucraron a algunos de los principales fotógrafos y dispararon toda una trama de medidas para evitar nuevos maltratos.

Entrevistas hechas a decenas de modelos, representantes y otros integrantes del mundo de la moda muestran que en la cúspide de la pirámide de esta actividad, donde las marcas son globales y el riesgo de lo que puede afectar a la reputación es alto, las actitudes han cambiado (al menos en lo que hace a las modelos femeninas). Pero el cambio no necesariamente se ha derramado al resto de la industria en general.

Condé Nast, LVMH y Kering, tres líderes de la industria que han hecho públicos sus propios códigos de conducta en cuanto al tratamiento de las modelos y han implementado líneas telefónicas de emergencia para informar violaciones, dijeron que no se han producido llamados a esas líneas. Pero Model Alliance, organización de investigación y políticas focalizada en los derechos de quienes modelan, recibió más de 100 llamados entre octubre de 2017 y julio de 2018 que informaban situaciones de acoso y agresión sexual, según la agrupación: un incremento de 40 veces en relación con el año anterior.

Karen Elson "Fue siempre el Salvaje Oeste fuera de la ley y ahora estamos reconstruyendo”, dijo, categórica.

Karen Elson "Fue siempre el Salvaje Oeste fuera de la ley y ahora estamos reconstruyendo”, dijo, categórica.

La modelo Kendall Jenner en la Semana de la Moda en Nueva York

La modelo Kendall Jenner en la Semana de la Moda en Nueva York

“Fue siempre el Salvaje Oeste fuera de la ley y ahora estamos reconstruyendo”, dijo Karen Elson, modelo durante largo tiempo e integrante del directorio que el año pasado habló con el New York Times sobre la experiencia de acoso sexual por la que atravesó a principios de su carrera. “¿Se está cambiando por las razones correctas? ¿Por miedo? No estoy segura. Pero hasta yo misma -y estoy en una posición privilegiada- tengo miedo de mencionar algunos nombres.” Lo bueno, lo malo y lo confuso “Hace poco un fotógrafo me decía: ‘Te voy a tocar el pelo ahora; no pretendo nada más con eso’”, dijo Jessica Stewart, modelo de 23 años de Illinois. “‘Ahora te voy a tocar el hombro: no es ninguna cuestión sexual.’” Jessica destacaba claramente qué distinto era aquello de la experiencia de un año atrás, cuando un fotógrafo la convenció de que se desnudara totalmente para una serie de imágenes en una cama y aprovechó la oportunidad para acariciarla contra su voluntad. Jess Cole, modelo inglesa de 24 años, sintetiza así el cambio: “Ya no somos más perchas para la ropa. Sos una persona”.

Y también ha habido cambios logísticos, que incluyen, en LVMH y Kering, desnudez preaprobada por contrato, límites horarios y asegurarse de que ninguna modelo quede a solas con un fotógrafo.

Condé Nast y Condé Nast International se han comprometido a no emplear modelos menores de 18 años. Como norma general, las modelos de entre 16 y 18 años son acompañadas por custodios en el set y agencias como IMG Models y DNA ponen todo su empeño para que esto se cumpla.

El Consejo Británico de la Moda ayudó a crear la Asociación Británica de Agentes de Modelos de Moda, que se reúne cuatro veces por año y hace de puente entre agencias, modelos y marcas para “identificar áreas de cambio positivo”, según su directora ejecutiva, Caroline Rush, y para evaluar e identificar a quienes incurren en mal desempeño.

Sin embargo, la falta de estándares globales consistentes y el debate en torno a los mejores caminos a seguir, han dado lugar a una sensación de ambigüedad que hace dudar a las modelos acerca de la profundidad del compromiso.

Al mismo tiempo, otras grandes marcas, entre ellas Phillips-Van Heusen, el grupo propietario de Calvin Klein y Tommy Hilfiger, y Oscar de la Renta, están trabajando en versiones propias del estatuto. Y Ralph Lauren ha ampliado las protecciones para cubrir a los empleados contratados, lo cual incluye a los modelos. Pero ninguna de estas compañías ha divulgado los cambios, y las diferencias entre ellas (y por qué hay diferencias) son cosas que no están claras.

Como resultado, no hay un impedimento consistente en relación con la conducta profesional, ni acuerdo respecto de quién lo arbitra. En Condé Nast, por ejemplo, se informó recientemente una violación del código no a través de la línea de emergencia sino en forma directa a Helena Suric, la codirectora del grupo de talentos y directora de contrataciones de Vogue.

“Pensé que era una gran señal porque demostraba que alguien tenía suficiente confianza en el código para contactarse con nosotros directamente”, dijo Suric. Agregó que la violación fue investigada y que se tomó la decisión de que Condé Nast no trabajaría con el transgresor. La empresa rechazó especificar la persona, en qué consistió la violación y a dar detalles sobre la decisión.

Cuando el peinador Karl Templer fue acusado en el diario The Boston Globe de contactos físicos intrusivos con modelos (acusación que él negó con vehemencia), Dior dejó de trabajar con él como estilista de sus desfiles femeninos e hizo una declaración en la que decía no haber visto nunca actuar inapropiadamente a Templer, pero que dados la situación actual y el compromiso de Dior con las mujeres, había decidido suspender la relación con él. No obstante, la empresa siguió recurriendo a Templer para campañas publicitarias, como la de ropa femenina para el otoño nórdico de 2018, si bien no aceptó explayarse sobre el proceso de decisión más allá de la declaración anterior. La firma Coach no trabaja más con Templer en sus desfiles, pero Alexander Wang lo empleó como estilista para su muestra de precolección realizada en junio.

Esa diversidad de enfoque y la falta de claridad son dos de las razones por las que todas las modelos consultadas para este artículo dijeron que no era probable que se quejaran a una de las marcas por violación del código de conducta sino que posiblemente recurrieran a sus agentes o a una colega modelo.

Muchas personas sacaron a relucir el hecho de que a la modelo Teddy Quinlivan, que hace poco apareció en una campaña de Louis Vuitton y que meses atrás dijo ser transgénero, su agencia de Nueva York había dejado de representarla después de que publicara una afirmación en Instagram sobre que la habían tocado de manera indiscreta y agresiva durante unas tomas y se había quejado a sus agentes por el perpetrador.

El post tuvo lugar en abril y a ella dejaron de representarla en junio, un hecho casi inusitado para con alguien incluida en el Top 50 de las modelos del mundo en models.com. Teddy Quinlivan dijo que no sabía con seguridad por qué la habían abandonado (y la agencia, Women Management, no contestó las solicitudes de que ampliara el tema), pero comentó: “Cuando hablé de que era trans, me apoyaron mucho. Estuvieron mucho más vacilantes cuando hablé de agresión sexual”. Sus agentes respondieron a sus reclamos “con compasión -aclaró después- pero no me ofrecieron otra solución que sugerirme que no trabajara para las muchas marcas para las que también trabajaba mi acosador”.

Sergio Leccese, gerente financiero de Women Management, dijo que Quinlivan le mencionó a su agente el abuso dos meses después de que hubiese ocurrido, y que “la dirección de la empresa le expresó de inmediato su comprensión y le recomendó dos opciones: informar inmediatamente a la policía, y/o dejar de trabajar con el individuo en cuestión en proyectos futuros”.

El hecho de que eso haya pasado es indicativo de la continua inquietud acerca de lo que es o no aceptable en moda. Y ese clima permite nuevas transgresiones.

¿Qué sigue?

Existe un reconocimiento generalizado de que se necesita trabajar más en la situación. “No todo está perfecto, pero vamos en la dirección correcta”, dijo Antoine Arnault, jefe de imagen grupal y comunicaciones de LVMH y fuerza conductora allí del estatuto de modelos. Arnault comentó que la falta de llamados a la línea de emergencia hacía que el grupo se preguntara si las modelos eran reacias a dar la cara y que entonces ahora en cada show han incorporado un psicólogo detrás del escenario para que constituya un recurso alternativo.

Meisha Brooks, modelo que experimentó numerosos problemas financieros con una agencia, dijo que el temor respecto a los pagos puede llevar a hacer cualquier cosa para asegurar la carrera, lo cual promueve un entorno en el que puede prosperar el abuso sexual.

Actualmente Condé Nast se ha puesto en campaña para conseguir que otros accionistas adhieran a lo que Anna Wintour, directora artística de la empresa, denomina su “iniciativa 18+” (el compromiso de no emplear a modelos menores de 18 años) y ha lanzado un llamado a las armas en el número de septiembre de la revista Vogue. “Es nuestra bandera, nuestra estaca en la tierra”, dijo Wintour, poniendo de relieve que a los 18 años la mayoría de las modelos ha dejado de crecer (y por lo tanto tienen un talle más normal) y son más maduras emocionalmente.

El Consejo Estadounidense de Diseñadores de Moda se unió a Condé Nast en la iniciativa de exhortar a las marcas a que sigan el ejemplo de no emplear a modelos menores de 18 años en los desfiles.

No todo el mundo está tan convencido, sin embargo. Elite World Group y DNA, ambas agencias destacadas, han comprometido su cooperación, pero DNA ha hecho una excepción con las modelos menores de 18 años que ya han desfilado al menos una temporada.

Pero aunque IMG, otra agencia prestigiosa, lo está considerando, todavía no se ha comprometido. Cree que esos años son importantes para el desarrollo de una carrera de modelo si se la conduce adecuadamente, según Ivan Bart, presidente de IMG Models e IMG moda, que es el administrador de los espacios para desfiles de la Semana de la Moda de Nueva York, donde la compañía ha asegurado zonas privadas para vestirse.

Arnault, de LVMH, coincide y dijo que el estatuto tenía protecciones importantes para las modelos de entre 16 y 18 años y que privarlas de esos años en carreras muy cortas era ponerlas en desventaja. Aseguró además que eso no impide que las modelos trabajen con empresas que no han suscripto el estatuto.

Que pase a ser una misión de toda la industria es la meta de las dos soluciones más ambiciosas que están en desarrollo. Una, que tuvo origen en Inglaterra con Elizabeth Peyton-Jones, maestra herborista y naturópata, es la organización llamada Responsible Trust for Models (aproximadamente, Protección responsable para modelos).

Comprende un breve programa de estudio para modelos y establece la responsabilidad de proteger a las modelos en sus agencias. Recurriría a la British Standards Institution (que tiene reconocimiento en 120 países) para que administre y audite un sistema de certificación, actualmente en desarrollo, para las agencias.

La otra es el programa Respect de Model Alliance, un conjunto de estándares abarcadores de la industria desarrollados por modelos para gobernar sobre el comportamiento, los derechos, pagos y a quién recurrir, como así también una lista de consecuencias y procedimientos. Está inspirado en acuerdos no gubernamentales de industrias motorizados por trabajadores, como el programa Comida Justa y el Acuerdo de Bangladesh, ambos creados para enfrentar crisis y regular políticas en industrias pobladas en gran parte por trabajadores contratados o temporarios que no pueden sindicalizarse.

El programa Respect fue presentado en mayo con el apoyo de más de 100 modelos. Las dos iniciativas están ganando fuerza, aun cuando ninguna puede afirmar que cuenta con apoyo oficial de la industria. “Nadie quiere ser el primero en dar el salto”, dijo Sara Ziff, fundadora de Model Alliance y modelo. “No debemos esperar a que los gobiernos se involucren”, dijo. “Podemos crear un mundo mejor por medio del derecho contractual.” Hasta que llegue ese momento, la industria puede seguir en esta zona confusa y riesgosa, captada perfecta, aunque intencionadamente, por una nueva serie documental de ocho episodios del canal E! que se estrenó justo para la semana de la moda.

Con el título de Model Squad, la serie trata de nueve modelos en Nueva York, de distintos niveles de éxito. Las chicas tratan de pasar las pruebas para el desfile de Victoria’s Secret y la edición especial de trajes de baño de la revista "Sports Illustrated", asisten a entrevistas de trabajo, desfilan durante la semana de la moda y van a fiestas en los Hamptons. Model Squad desborda champagne y Ubers, tacos aguja y bikinis, discusiones sobre racismo y problemas con el cuerpo, e interminables opiniones. Es TV reality, en definitiva. Pero hay un momento en el episodio 4 que se destaca (por el diálogo entre entre el fotógrafo y la modelo sobre tomas desnuda). En ningún momento de la sesión de fotos están solos. Pero después de todo lo que ha pasado, el hecho de que la escena esté en la serie es revelador.