Pocos lugares tienen desfibriladores y aumenta la capacitación en RCP

Sociedad
Lectura

En la Argentina hay casi 40 leyes, nacionales o provinciales, con las que se busca prevenir la muerte súbita. Una de las más importantes, porque establece que haya una red de

prevención, es la 27.159. Fue sancionada en julio de 2015, pero todavía no está reglamentada. Esa norma busca reducir la morbimortalidad súbita de origen cardiovascular, especialmente en espacios públicos con gran concurrencia de personas. El objetivo es lograr bajar el promedio de 40.000 muertes súbitas anuales mediante la capacitación en RCP y utilización de desfibriladores.

Sin embargo, al no haber sido reglamentada, la obligatoriedad de contar con desfibriladores suficientes en los espacios públicos quedó a mitad de camino. Aún así, en los últimos años aumentó la cantidad de lugares que cuentan con un desfibrilador. Mientras tanto, los especialistas advierten que es importante reforzar la capacitación en RCP. Cuantas más personas sepan practicar la maniobra, más posibilidades de que puedan salvar vidas.

Un desfibrilador

Un desfibrilador

“La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en Argentina y en el mundo. En el país la mortalidad por infartos es muy alta y hay una falla en reconocer la importancia del RCP. Cualquier persona, independientemente de su formación o contextura física, puede hacer RCP. Y aunque suene trillado, es la diferencia entre la vida y la muerte”, dice el cardiólogo Pablo Spaletra, del servicio de cardiología intervencionista del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA). “Si bien estamos mal, también estamos mucho mejor que hace cinco años. Hoy los desfibriladores están disponibles en pocos lugares, principalmente en clubes. En los aeropuertos también hay áreas cardioprotegidas. Y en las principales canchas de fútbol también”, agrega.

“Una persona-agrega- que entra en paro cardíaco en la calle o en cualquier lugar que no sea un hospital, que es lo que sucede la mayoría de las veces, si no recibe asistencia en el momento lo más probable es que muera. Si, por el contrario, te pasa en un hospital, lo más probable es que vivas, porque vas a recibir la atención enseguida”. Precisamente, la función del RCP es poder mantener a la persona que está atravesando un paro cardíaco con vida hasta que llegue la ambulancia. “Mi trabajo como cardiólogo sólo voy a poder hacerlo si alguien antes mantuvo viva a esa persona”, grafica.

Por eso, cada minuto que pasa es vital: por cada minuto que una víctima con paro cardíaco no recibe RCP pierde 10% de posibilidades de salvarse. Después ya no hay nada que hacer.

“Cuantas más personas sepan hacer RCP mejor. El 90% de las muertes súbitas son originadas por enfermedad cardiovascular. En Argentina tenemos alta cantidad de enfermedad cardíaca. Por eso es fundamental entrenar a las personas para que sepan hacer RCP y tratar de que haya más desfibriladores”, dice el doctor Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina, entidad que lleva 25 años dictando entrenamientos. “Los desfibriladores son fundamentales”, agrega.

En las escuelas también se capacita a docentes y alumnos secundarios, en el marco del programa RCP en las escuelas, que depende del Ministerio de Educación de la Nación. “Tenemos 378 facilitadores que capacitamos y están distribuidos en las provincias. Ellos son los que capacitan a docentes. Este año tenemos el objetivo de llegar a 15.000 instituciones y capacitar a unas 380.000 personas”, afirma Manuel Vidal, secretario de Gestión Educativa del Ministerio de Educación de la Nación. “El programa brinda capacitación, no entrega desfibriladores. Aunque hay escuelas que los tienen, pero eso ya es una potestad que corresponde a cada provincia. En las capacitaciones sí enseñamos a usarlos, porque puede ser que se presente la oportunidad de que una persona tenga que utilizar uno”, agregó.

Paso a paso, cómo se hace el RCP

Lo primero que hay que hacer es identificar que la persona no responde. Para ello, primero hay que verificar que efectivamente no responde (a un grito, una palmada). Luego, se apoyan ambas manos en el centro del tórax y se empieza a comprimir fuerte y rápido, hundiendo unos cinco centímetros con la compresión. Se calculan unas 100 compresiones por minuto. “Como referencia, para saber el ritmo de las compresiones, es el ritmo de la canción Stayin alive de Bee Gees o de La marcha de San Lorenzo”, señala el doctor Saletra. “Antes de empezar –aclara- asegurate que alguien llame a la ambulancia. Ese llamado debe llegar con un desfibrilador, que te va a ir diciendo lo que tenés que hacer”. Un detalle importante: la respiración boca a boca no va más. Lo más importantes es mantener el masaje cardíaco en forma continua para mantener la circulación de la sangre hasta que llegue la asistencia médica.

Cargando...