Los últimos días de San Martín

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José de San Martín llegó al puerto de Buenos Aires en marzo de 1812. Lo hizo a bordo de la fragata George Canning y con un único objetivo: ofrecer sus servicios

como militar experto al gobierno local, delegado en el Triunvirato. Nacido en Yapeyú, San Martín debía "profesionalizar" su tropa, con entrenamiento militar y disciplina.

Esa fue la primera lucha del prócer que en 1817 realizó el Cruce de los Andes. Pero el historiador Felipe Pigna recuerda al general también desde su "última odisea" y el relato de su último pedido, que se cumpliría 30 años después de su muerte.

Felipe Pigna (Archivo)

Felipe Pigna (Archivo)

"El sábado 17 de agosto de 1850 era un día desapacible en Boulogne Sur Mer, Francia. El general San Martín almorzó frugalmente. Poco después, sintió fuertes dolores de estómago. Se sentó en su sillón a la espera del doctor Jordan, que lo revisó y decidió quedarse ante la gravedad del cuadro y le sugirió a Mercedes que llamara a una hermana de la caridad para asistir al general", narra Pigna.

El Libertador luego le dijo a su hija: “Esta es la fatiga de la muerte” y le pidió al yerno que lo llevara a su cama. Allí tuvo sus últimos recuerdos. En eso estaba cuando la muerte se lo llevó a las tres de la tarde.

San Martín había prohibido que se le hiciera funeral o cualquier otro tipo de homenaje. Pero en su testamento sí dejó algo muy en claro: pedía descansar en Buenos Aires y que su sable fuese entregado a Rosas.

Ya embalsamado, el cuerpo del general fue colocado en un sarcófago y llevado, el 20 de agosto, a la iglesia de San Nicolás, de Boulogne. De allí fue trasladado hasta la catedral de Notre-Dame de Boulogne y en una de las bóvedas de la capilla fue depositado el féretro, donde debía permanecer hasta que fuese conducido a Buenos Aires.

"Al recibir la comunicación de la muerte del general San Martín, el ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, Felipe Arana, le escribió a Mariano Balcarce, en nombre de Rosas, para iniciar los trámites de repatriación. Sobrevino la batalla de Caseros, y los restos de San Martín permanecerían en Francia. El 21 de noviembre de 1861, con la presencia de los representantes de Argentina, Chile y Perú, los restos del Libertador fueron llevados a la bóveda de la familia Balcarce-San Martín en Brunoy, a unos 35 kilómetros de París", detalla el historiador.

Recién el 18 de julio de 1864, el diputado nacional por Buenos Aires, Adolfo Alsina, y el representante de Entre Ríos, Martín Ruiz Moreno, presentaron un proyecto al Congreso Nacional para que al Poder Ejecutivo, ejercido por Bartolomé Mitre, cumpliera la última voluntad de San Martín de descansar en Buenos Aires. Pasó un mes hasta que el Senado convirtió el proyecto en ley. Pero el Ejecutivo no activó el traslado.

Manuel Guerrico, en nombre de la familia, pidió a la Municipalidad de Buenos Aires una parcela en la Recoleta para depositar los restos del general, cerca de su mujer, Remedios de Escalada.

Ahí Pigna vuelve al incumplimiento del testamento. "Cuestiones de una histórica ingratitud", refiere sobre una demora inexplicable, tratándose del pedido del Libertador.

A los seis años, describe, la burocracia local nombró una comisión que dictaminó que el gobierno nacional tenía prioridad para decidir el destino final de los restos de San Martín. "El Poder Ejecutivo, ejercido por Nicolás Avellaneda, dispuso la creación de otra comisión, esta vez nacional, para poner en marcha el operativo que permitiera el retorno de los restos".

Los miembros de la comisión decidieron que el Libertador debía descansar en la Catedral Metropolitana. El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Federico Aneiros, propuso levantar el mausoleo al héroe nacional en una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Paz, que debería construirse en uno de los laterales de la Catedral.

El 25 de febrero de 1878, el día en que se cumplía el centenario de su nacimiento, se puso la piedra fundamental del monumento funerario.

El 21 de abril de 1880, desde el puerto de El Havre, finalmente partieron los restos del Libertador a bordo de la nave Villarino. Habían sido exhumados del cementerio de Brunoy. El cuerpo de San Martín llegó a Buenos Aires el 28 de mayo de ese año. Tres décadas después del día en el que San Martín le dijo a su hija la frase más triste y cerró los ojos para siempre.

El gobierno decretó el feriado nacional que conocemos hoy y organizó unas imponentes ceremonias públicas comandadas por el presidente Nicolás Avellaneda y el ex presidente Sarmiento. Los restos de San Martín fueron ubicados en el Mausoleo en la Catedral de Buenos Aires, inclinados y de pie, porque se había calculado mal el tamaño del féretro. Esa es, según Pigna, "la última odisea" del héroe nacional.

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