El crimen de Villa Gesell: el crudo relato de un guardavidas que pasó de atender "picaduras de aguavivas a comas alcohólicos"

Sociedad
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La carta de un guardavidas que trabaja en la costa atlántica se viralizó en las últimas horas por su cruda descripción sobre el descontrol en Villa Gesell​, escenario del crimen de Fernando Báez Sosa (18)

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El joven, identificado en Facebook como "Teb Musica", contó que "en lo que va de la temporada", en su sector "ya se pidieron más de cinco ambulancias para trasladar gente convulsionando", todos ellos jóvenes intoxicados."No es muy difícil la suma: alcohol + droga = cocktail = convulsión", explicó.

Además, advirtió por el contexto violento al que se expone, al revelar que muchos jóvenes, descontrolados, llegaron a agredirlo física y verbalmente por hacer su trabajo: "A veces no se qué contarle a mi familia para que no se preocupe".

Su publicación se compartió más de 10 mil veces en dos días.

Su publicación se compartió más de 10 mil veces en dos días.

El guardavidas, que según su perfil en la red social también parece ser músico y en momentos del año se va a trabajar al exterior, lamentó que las autoridades reaccionaran aumentando el control recién después del asesinato de Fernando. "La playa no es 'la del horror', como dicen. El horror es que tenga que pasar lo que pasó para que se tomen medidas como las que ya todos ven en los medios", cerró.

La carta, publicada el jueves a la noche, cuando ya había más policías y no se podía consumir alcohol en la vía pública, cosechaba este sábado a la tarde más de 10.000 "compartidos", 7.500 reacciones y 200 comentarios.

La carta completa

Villa Gesell 2020

Esta es mi 5ta temporada trabajando de Guardavidas en la playa que llaman "la del horror" y me gustaría contarles desde mi corta experiencia las cosas que vivimos a diario acá.

Muchos de nosotros levantamos bandera a las 8am. y sabemos que llegar al puesto es una lotería, una caja de sorpresas, claro, todos los días tenemos un after en la playa con gente que salió la noche entera, la mayoría alcoholizados y drogados. Hemos tenido que meternos al agua sin todavía poder acomodarnos en nuestros puestos, vestidos y sin elementos de seguridad.

Llegar a la casilla y ver gente arriba, tomando, rompiendo e invadiendo nuestro lugar de trabajo y tener que buscar la forma de pedirles que se bajen de buena manera para que nadie se ponga violento con nosotros.

 

El día "comienza" y aparecen las manadas de jóvenes con conservadoras cargadas de alcohol. Se escuchan los primeros mega parlantes sonar a todo volumen, se huelen los primeros porros, se ven los primeros "duros" y claro, los que siguen desde temprano "de rola" con la pasti que nunca termina están como un robotito repitiendo un paso que ni ellos ya controlan.

Nuestro trabajo no es solamente mirar el agua y que nadie se ahogue sino también atender primeros auxilios, pero pasamos de un corte, una picadura de agua viva, una baja de presión, a limpiar espuma en la boca, atender comas alcohólicos, entablillar y trasladar en ambulancia a pibes con signos vitales indescifrables.

En lo que va de la temporada, en mi sector ya se pidieron más de 5 ambulancias para trasladar gente convulsionando. No es muy difícil la suma: alcohol + droga = cocktail = convulsión.

En fin, prevención por acá, rescate por allá, no se metan ahí, criaturas solas en el agua, borrachos violentos, miles de nenes perdidos, gente invadiendo nuestro espacio de trabajo (delimitado), grupitos de pibes pateando pelotazos en lugares mínimos, botellas que vuelan, etc. Tratamos de explicar amablemente cuando le llamamos la atención a alguien y las respuestas son cada vez más violentas, agresivas e insólitas. "eh ! qué me tocas el silbato puto", "yo me meto donde quiero", "bueno para eso estás vos, para que mi hijo no se ahogue", "30 minutos buscándote Mateo (5 años), donde te metiste tarado?", "eh loco pero quiero sombra, por qué no me puedo meter abajo de la casilla?, que ortiva". "Por qué me viniste a buscar? Yo puedo salir solo, soltame (con aliento a un mezcladito de mil horas)".

 

Y si, así trabajamos, a veces a las piñas con turistas sobrepasados de excesos, cortando clavos y rogando que nadie convulsione en el mar y se fondee. Esperando que llegue la hora de irme (20hs.) y saber que dejo la playa con una "previa" incontrolable, cargada de peligros y totalmente desprotegida.

A veces vuelvo agradeciendo que ni a mí ni ninguno de mis compañeros nos pasó nada, a veces vuelvo y no se que contarle a mi familia para que no se preocupe, a veces el stress y la angustia me sobrepasa y a veces soy un zombie que pone play y acepta la realidad que vivimos a diario.

En estos 5 años que estoy acá, esta escena se repetía todos los días, pero como siempre, en este país, el de los hijos del rigor, buscamos cruzar un límite para poner un límite. Esta vez el tristísimo punto final lo puso "Fernando", el que abrió los ojos de todo un país para que hoy llegara a la playa y viera un despliegue policial sin precedentes en Villa Gesell. Controles, cacheos, fuerzas especiales, helicóptero, como si se tratara de la entrada a un recital de Rock.

La playa no es "la del horror" como dicen, el horror es que tenga que pasar lo que pasó para que se tomen medidas como las que ya todos ven en los medios.

Teb.

fuente clarin

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