Mataron a su hijo, él da clases de rugby en centros de menores y defiende al deporte: "Fueron delincuentes", dice del crimen de Villa Gesell

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"No entiendo cuando el periodismo habla del rugby. Lo usan para hablar de la mejor forma o de la peor. ¿Están a favor o en contra? Es gente, que hace cosas

buenas o cosas malas. En Villa Gesell​ murió un chico, mataron a un chico, y la vida está mucho más allá. Hay una familia que quedó destrozada para el resto de su vida. Yo sé por lo que están pasando. Lo mataron delincuentes, de esta gente hay en todos lados... Pero en el título ponen 'rugbiers'".

Gastón Tuculet está doblemente capacitado para opinar sobre el tema que en la última semana acaparó la atención de todo el país.

Primero, porque su hijo Juan Pedro fue asesinado de un tiro en la cabeza, en Villa Elisa, en marzo de 2013. Tenía 19 años. Casi la misma edad que Fernando Báez Sosa (18), el chico al que diez jóvenes golpearon hasta la muerte en la puerta de un boliche de Villa Gesell. En ambos casos, tanto los culpables como las víctimas eran adolescentes.

Gastón Tuculet muestra los recuerdos de su hijo, Juan Pedro, baleado en 2013 (Archivo / Mario Quinteros).

Gastón Tuculet muestra los recuerdos de su hijo, Juan Pedro, baleado en 2013 (Archivo / Mario Quinteros).

Segundo, porque su familia lleva el rugby en las venas. Su hijo jugaba desde los cinco años de edad -y hasta sus últimos días- en el club Los Tilos de La Plata. Su sobrino, Joaquín Tuculet, es fullback de Los Pumas. Y él -Gastón- jugó toda su vida, fue entrenador, y ahora se dedica a dar clases de este deporte.

No lo hace en cualquier lugar, sino en centros cerrados de contención -popularmente llamados "cárceles de menores"- y en hogares convivenciales que alojan a niños y adolescentes por ausencia de sus padres, abandono, maltrato, o diversas vulneraciones a sus derechos.

En otras palabras, sus alumnos son chicos que fueron golpeados por la vida. Pero que -al igual que en el rugby- pueden levantarse y seguir adelante.

"La idea fue arrancar con un deporte que era desconocido, que para el sistema parece hostil, porque hay un contacto físico", cuenta a Clarín este profesor de Educación Física, de 58 años, sobre sus inicios en los centros y hogares.

"Hay que respetar las reglas de juego. Es un sistema de autocontrol, que es lo que falta en esas instituciones. Hay que respetar al prójimo, cuidar al compañero. Siempre les decimos que se juega 'con' el contrario y no 'ante' el contrario", señala sobre los valores que busca transmitir.

Juan Pedro Tuculet fue baleado desde un auto (Archivo).

Juan Pedro Tuculet fue baleado desde un auto (Archivo).

A diferencia de lo que suele pasar con el fútbol, en estos ámbitos, "nadie sabe jugar al rugby", comenta Tuculet. Así que arranca de cero con sus alumnos. Les enseña las reglas de juego, los prepara físicamente, y ejercitan técnicas individuales como pase de pelota, dirección de las carreras, tackle, formaciones fijas, y ocupación de espacios.

Los chicos tampoco vienen con preconceptos -como pasa con el fútbol- donde tildan a uno de malo y a otro de habilidoso. De hecho, se considera que el rugby puede ser jugado -incluso en forma profesional- por personas altas, bajas, grandes, chicas, rápidas y lentas, según el puesto que ocupen. "Entonces, cambiás los roles de los chicos. Todos pueden ser buenos en una cosa, pero no en otra", dice Tuculet.

Tuculet entrenando un grupo de jóvenes en un centro para menores de Abasto. (Martín Bonetto / Archivo)

Tuculet entrenando un grupo de jóvenes en un centro para menores de Abasto. (Martín Bonetto / Archivo)

"Los chicos se sienten respetados por los profesores. Les marcamos las reglas de juego para que puedan cuidar al compañero", sigue Gastón. Y subraya: "Cuando un chico tiene la autoestima elevada, genera cosas buenas".

Desde 2014, enseña a los adolescentes presos en el Instituto de Menores "Nuevo Dique", en las afueras de La Plata. La mayoría están ahí por robo y varios por homicidio. A estos chicos, todos menores de 18, les transmite los valores y códigos del deporte, la vida sana, y la importancia del trabajo en equipo.

Clase de rugby en el Instituto de Menores "Nuevo Dique" de La Plata (Archivo/ Martín Bonetto).

Clase de rugby en el Instituto de Menores "Nuevo Dique" de La Plata (Archivo/ Martín Bonetto).

Con el mismo espíritu de inclusión social, da clases a chicos que viven en hogares convivenciales. Una combi los alcanza hasta un club. Al menos por un rato, busca "sacarlos de los hogares para que puedan conectarse con otras vivencias".

Y espera que les sirva como futura salida laboral. "La idea es, cuando egresen -a los 18 años o cuando el juez les dé la orden- tratar de vincularlos con los clubes", explica.

Actualmente, junto a los docentes Mariela Pinto y Ariel Rodriguez, están trabajando en las colonias de verano para los niños y adolescentes que viven en hogares. El proyecto es una coordinación conjunta entre siete clubes platenses y el Organismo Provincial de la Niñez y Adolescencia, dependiente del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad bonaerense.

Además de mantenerlo activo y ayudarlo a salir adelante, este deporte lo conecta, día a día, con su hijo. El dolor empezó el 10 de marzo de 2013, a la una de la madrugada, cuando Juan estaba en un asado y salió a comprar gaseosas y hielo. Fue con un amigo a una estación de servicio de Villa Elisa.

Juan manejaba el Fiat Uno blanco de otro amigo cuando un Duna bordó se les cruzó y los increparon, posiblemente confundiéndolos con otros jóvenes. Juan y su amigo creyeron que los querían asaltar y aceleraron. Los del Duna los siguieron, se les pusieron a la par y le dispararon al conductor a la cabeza. Juan murió al día siguiente.

Juan Pedro Tuculet jugaba al rugby desde los cinco años y hasta su muerte (Archivo).

Juan Pedro Tuculet jugaba al rugby desde los cinco años y hasta su muerte (Archivo).

Por el crimen fueron condenados dos hermanos. Uno a 20 años de cárcel y el otro a 19 años. "No les dieron prisión perpetua. ¿Qué hay que hacer para que te den prisión perpetua? Así es la justicia argentina", se queja Tuculet.

En marzo se cumplen siete años de aquella despedida. Aunque para esta familia -que Gastón integra con su esposa y sus otros dos hijos- Juan Pedro nunca se fue.

"Los seres que uno quiere siguen viviendo con uno. A Juan lo sigo abrazando, lo sigo teniendo conmigo. Está en mi cabeza todo el día, está en otro plano, es complejo explicarlo. Nos sigue dando alegrías y tristezas", concluye su papá.

AS