Beber o no beber: el crimen de Gesell y el doble mensaje de una sociedad que alienta el consumo de alcohol

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El fin de semana el país entero se conmovió ante el asesinato de Fernando Báez Sosa, de 19 años, a la salida de un boliche de Villa Gessell. Once rugbiers de Zárate

-ahora imputados por homicidio agravado- lo habían golpeado brutalmente hasta quitarle la vida.

Este caso de violencia fue el más extremo que se vivió en la costa bonaerense durante la temporada, pero no el único. En los festejos de Año Nuevo, un patovica de un boliche marplatense intervino en la discusión entre dos jóvenes y se lanzó salvajemente sobre Joaquín Arrarás, a quien dejó inconsciente. A los pocos días, otro empleado de seguridad de un boliche de la ciudad, también dejó desmayado a un hombre de 28 años, tras propinarle una fuerte golpiza. El 15 de enero, un grupo de jóvenes se enfrentaron -patadas y trompadas de por medio- frente a un local bailable: el mismo donde Arrarás había sido noqueado.

Las imágenes de cada uno de estos sucesos se viralizaron y generaron preocupación en la sociedad. En Playa Grande, escenario de al menos dos hechos graves, prohibieron bajar a la arena con alcohol y parlantes, para terminar con lo que las autoridades llamaron “el boliche a cielo abierto”.

Alcohol con embudo, la manera "cool" de tomar en la playa. Foto: Fernando de la Orden

Alcohol con embudo, la manera "cool" de tomar en la playa. Foto: Fernando de la Orden

La resolución abona a una pregunta que se hacen muchos: ¿es el alcohol el desencadenante de las agresiones? Y, a la vez, abre otro interrogante: ¿cómo conviven este tipo de medidas con el bombardeo publicitario de cerveza, los “tragos del momento”, las barras libres y la cultura de la “previa”?

¿Qué dicen los expertos?

Un informe de 2018 de la Organización Mundial de la Salud reveló que Argentina está entre los países que tienen el consumo per cápita más alto del mundo: 9,8 litros (según datos de 2016). Y que las cifras aumentan en la franja etaria entre 15 y 19 años.

El licenciado en Psicología Miguel Espeche coordina el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Trabaja, además, la temática de adolescencia y consumos problemáticos. El experto asegura que el consumo de alcohol es una de las causas que produce los actos que se vivieron recientemente, pero no la única.

“Hay corrientes que ven al alcohol como el agente primordial de estos episodios. Otras -entre las que me encuentro-, que si bien no dejan de ver al alcohol como un elemento químico que, bebido socialmente y comercializado, es favorecedor de ese tipo de situaciones, se preocupa por qué es lo que habita en esa violencia. Es decir, qué es lo que hace transparentar”. En este sentido, aclara: “El alcohol por sí solo no genera violencia: es una condición propiciatoria, pero no la única. Son factores preexistentes los que hacen que llevan a la violencia”.

En cuanto a los jóvenes, sabe que es cada vez más temprana la edad en que empiezan a consumir. Espeche está convencido de que “no hay que tenerle miedo al alcohol”, sino que hay que actuar con prudencia y enseñar al respecto; con un rol fundamental de los padres y el Estado, “escuchando lo que los y las adolescentes tienen para decir”. “Muchas veces toman como forma de integrarse, para evadir la timidez; también para quitar la angustia, la ansiedad, las penas. (…) Por otra parte, se ha inducido sobre todo en los últimos tiempos, al alcohol como un elemento cool, de pertenencia”, agrega. Con estas palabras, introduce el tema de la propaganda y la presión social que pesa, especialmente, sobre los más chicos.

“Los adolescentes buscan epopeyas. Creo que es un proceso natural, pero nosotros, como grandes, podemos decirles que atraviesen ese proceso de otra forma. No es de ‘poderoso’ o ‘bancársela’ subordinarse al mercado de ventas de alcohol. Como tampoco que los varones tengan que ‘demostrar hombría’ o valentía permanentemente y subordinarse a esas reglas de juego”.

“Es discutible la forma que tienen las empresas para vender, mostrando al alcoholcomo motivo permanente de reunión y algarabía. De todas formas, soy más crítico con las bebidas que ‘les dan alas’ a los chicos, que con las publicidades de las cerveceras, por ejemplo. La idea de masificación (‘si todos lo hacen, vos lo tenés que hacer’) para encarar un producto no es solo patrimonio de las empresas que comercializan alcohol. Me parece hipócrita centrarlo solamente en ese terreno. Ahora, si a través de la toma de conciencia por el último aviso de Brahma se hace una crítica general a la publicidad, lo veo bárbaro”. Espeche hace alusión a la publicidad -que debió ser dada de baja- donde una chica que “se sentía afuera” por no tomar cerveza era “bautizada” a la fuerza por un hombre, que la obligaba a beber una lata.

La psicóloga Marisa Russomando (M.N. 23189) también aporta su perspectiva. “Las publicidades tienen incidencia en los adolescentes y jóvenes, como en todos, pero estos muchas veces carecen de una mirada crítica. Las publicidades de alcohol deberían tener las mismas restricciones que los cigarrillos. Hasta daría un paso más y evitaría cierto tipo de mensajes, donde todos están contentos, tan jóvenes y tan bellos”.

“Tenemos que apuntar a que los chicos y chicas se posicionen con mirada crítica y sentido común frente a estos y otros contenidos, pero también a la hora de decir ‘con esto no me meto’, ‘yo no tomo’ o ‘yo tomo, aunque freno antes de hacerme mal’”, añade.

La especialista en crianza y familia es partidaria de que el consumo de alcohol “es una de las grandes explicaciones de por qué se llega a tanto” en los últimos episodios de violencia. “Los jóvenes, más aún en grupo, se animan a cosas que de otra manera no harían. Pero, además, hay un bloqueo emocional; y, por otro lado, caen los filtros sobre lo que está bien y lo que está mal”.

Para Russomando, la prevención debe provenir de las familias -que deben marcar límites, sostener el ‘no’ y siempre brindar contención afectiva-, el Estado -que debe generar y garantizar programas y un acompañamiento adecuado- y las escuelas. La especialista propone pensar al bullying como “prólogo a estos actos de violencia” e insiste en poder identificar el problema y los actores a tiempo, para “ayudarlos a cambiar de posición por una más saludable”.

En 2019, el gobierno publicó un Diagnóstico sobre el consumo de alcohol en Argentina y recomendaciones para la puesta en marcha de políticas sanitarias. El documento sugería una serie de políticas para contrarrestar las consecuencias nocivas sobre consumidores y terceros. Una de ellas, era reforzar educación, concientización y sensibilización sobre el tema. Otra, se dirigía a establecer prohibiciones a la publicidad y promoción de la bebida; así como al agregado de rotulados y advertencias a los envases. Por último, apuntaba a mejorar la atención integral a los usuarios dependientes; y a la implementación de medidas fiscales, restricciones a la disponibilidad de alcohol en los establecimientos, fiscalización del control de venta a menores de 18 años, controles más severos para los automovilistas y el intercambio de estrategias con otros países.

En definitiva, el Diagnóstico definía al uso excesivo de alcohol como un problema de salud pública, que requiere un abordaje multifacético. De esta forma puede entenderse la relación entre su uso abusivo y los episodios lamentables que tomaron lugar en la costa bonaerense en los últimos días. Y trabajar así, desde distintos aspectos (económico, cultural, social, escolar e institucional), para que no vuelvan a ocurrir en el futuro.

PS