Los secretos del santuario de animales más grande de Argentina: de los cerdos vietnamitas con sobrepeso a la oveja Obama

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Cientos de aves circulan libremente por el predio, algunos patos y gansos nadan sobre una pequeña laguna en la que un carpincho bebe agua con tranquilidad, gallinas y pavos picotean en masa

el alimento que una voluntaria les acaba de dar. Son más de 850 ejemplares los que habitan "El Paraíso de los Animales", un espacio que se extiende por casi dos hectáreas en General Rodríguez, a un costado de la Autopista del Oeste, en la Provincia de Buenos Aires.

Desde hace más de 30 años, la rutina de Gabriela Bezeric gira en torno al cuidado y mantenimiento de los animales del lugar. Una tarea que comparte con Armando Scoppa, su esposo. "Al principio rescatábamos perros y gatos, pero con el tiempo comenzó a correrse la voz en el vecindario y ya empezamos a tener muchos animales", recuerda. "Vivíamos en un lugar más chico, teníamos un caballo, cabras y muchas aves", agrega Bezeric, quien trabajaba en una peluquería canina de Capital Federal que, para la época, le daba la suficiente ganancia como para sustentar a todos los habitantes del hogar.

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Como la cantidad de animales comenzaba a crecer, en 1994, Gabriela y Armando decidieron mudarse y comprar los terrenos en donde hoy funciona "El Paraíso de los Animales". Pero el crecer les trajo una complicación inesperada: día tras día, se empezó a acercar gente para dejarles aquellos animales que ya no podían mantener. "Venían y abandonaban mascotas en la puerta, perros y gatos sobretodo", relata Gabriela. Y sigue: "Recibir y rescatar animales es lo que hacemos, pero no estamos de acuerdo con que alguien deje a su mascota porque ya no la pueda tener, no somos un refugio de adopción, somos un santuario". La solución (o al menos una gran parte) fue hacer "desaparecer" de Google maps la ubicación exacta del refugio.

El lugar es el primer santuario interespecies creado en la Argentina, al cual desde un principio sus fundadores quisieron proyectar como un verdadero paraíso, por eso lo llamaron “El Paraíso de los Animales”

Una logística que se mide en toneladas de alimentos

Durante los primeros años, en el predio había más especies domésticas, como perros y gatos, que animales exóticos y de granja. Con el tiempo se incorporaron nuevos habitantes; gracias a la gestión de voluntarios y activistas que rescataban animales o detectaban denuncias de maltrato.

Al proyecto también se sumó Noemí, la hermana de Gabriela, quien actualmente se encarga de todos los trámites administrativos. Ella cuenta que Gabriela y Armando casi no salen del santuario y que prácticamente no tienen tiempo libre. "Ellos les dan de comer a los animales y mantienen limpios los corrales y espacios comunes todos los días. Mi función es administrar los donativos y arreglar con las empresas que nos venden los alimentos. También busco medicamentos y cualquier cosa que ayude a mantener a los animales del santuario", explica.

El Paraíso animal, el santuario de animales más grande del país que está en General Rodriguez. Foto: Rafael Mario Quinteros

El Paraíso animal, el santuario de animales más grande del país que está en General Rodriguez. Foto: Rafael Mario Quinteros

Y la suya no es una manera menor cuando se conocen números: sólo para alimentar a las aves del lugar son necesarios 200 kilos de maíz y 350 kilos de mezcla para gallinas por semana. Para los gatos se emplean más de 52 kilos de alimentos por semana, mientras que para los perros diariamente se necesitan 60 kilos de comida.

Las 24 especies que habitan "El Paraíso de los Animales" son divididas por áreas y corrales. En el predio hay dos colonias de gatos, un espacio para los conejos, un corral donde conviven tres guanacos y dos carpinchos, y algunas aves que recorren libremente el santuario. También hay una jaula grande con pavos reales, y varios corrales de cerdos.

Alimentos que se consumen en el Santuario

Cada espacio en el santuario es pensado para que los animales vivan en paz y se puedan desarrollar sin sobresaltos. Por ejemplo, las cabras están divididas en tres zonas, las más chicas comparten terreno con un par de ovejas dentro de una de las colonias de gatos; las cabras "adolescentes", con cuernos en desarrollo, son trasladadas a un corral exclusivo. Y por último, las cabras más grandes, de más de un año, se mueven en un espacio mayor, en el cual también hay otros animales, como vacas y caballos, junto a una gran laguna.

En el "Paraíso" también hay un chimango, que vive dentro de una jaula grande y al que le falta una pata. "Llegó herido. Suponemos que alguien le disparó con una resortera. Intentamos curarlo y no nos quedó otra que amputarle la pata", cuenta una de las voluntarias (son más de 30). El chimango es la única especie del lugar que, por su naturaleza rapaz y carroñera, solamente se alimenta de carne. El resto de los animales consumen alimento balanceado o una mezcla entre cárnicos y vegetales.

Perros, gatos, caballos, aves, ovejas, vacas, cabras, conejos, liebres, chinchillas, carpinchos y otras especies son recuperados de las calles y rutas, o del abandono familiar. Un santuario como este busca ofrecerles una vida en paz y libertad, pero para cumplir esta misión, los recursos necesarios son enormes.

El sueño de un hospital veterinario

Noemí cuenta que el mayor sueño que actualmente persiguen en el santuario es terminar de construir el Hospital Veterinario. Hace unos años iniciaron una petición en la plataforma digital Change, en la que han recogido más de 96 mil firmas. Noemí dice que la iniciativa fue hecha para elevarla al intendente de General Rodríguez y así obtener ayuda económica. 

Y el proyecto del hospital no sólo está enfocado en el Paraíso de los Animales, también está pensado para beneficiar a los vecinos de General Rodríguez y alrededores. En el lugar esperan ofrecer castraciones a bajo costo, inmunizaciones y consultas sobre bienestar animal, además de educación e información sobre derechos de los animales.

"Quienes conocemos el santuario podemos dar cuenta de que el predio es verdaderamente un paraíso, rodeado de vegetación, sonidos propios de la naturaleza y animales conviviendo en paz y tranquilidad, por eso terminar este hospital y los dormis para los veterinarios, es algo que venimos persiguiendo desde hace mucho tiempo", detalla Noemí.

Plano del Santuario

Además de las instalaciones del hospital, en el Paraíso comenzaron a construir unos dormitorios que servirán para albergar a estudiantes de veterinaria que puedan trabajar en el sitio. "Tener estudiantes de veterinaria sería un gran beneficio, porque ellos podrían venir y realizar sus prácticas en el hospital y así los animales tendrían atención constantemente", remarca Noemí.

El proyecto del hospital empezó a tomar forma hace 13 años. Primero se amplió el espacio, gracias a la donación de una mujer de nacionalidad norteamericana, quien además de comprar los terrenos colindantes, canceló una deuda que el santuario tenía en el 2007. "Esto fue después de que la norteamericana leyera una nota de Clarín, en la que pedíamos ayuda para mantener El Paraíso", detallan.

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A medida que llegaban nuevos animales, aumentaban las necesidades. "En el terreno que donó nuestra amiga norteamericana había una construcción empezada, ya con ese espacio la idea tomó más fuerza, y gracias a esa donación también arrancamos a hacer los dormis para los estudiantes del futuro hospital", sostiene Noemí.

En el último año la obra avanzó gracias a la gestión de otro extranjero, quien se acercó al lugar y donó dinero para ayudar a terminarlo. La estructura tiene hecho el techo, puertas y pisos. Las habitaciones y espacios comunes están divididos, aún falta darle color a las paredes y terminar zonas que todavía aparentan ser un esqueleto a medio construir. Se podría decir que el hospital veterinario está en un 50%, ya que además de la estructura, haría falta la dotación completa de equipos, que finalmente le den forma al proyecto.

El guanaco es uno de los animales que vive libre en este santuario. Foto: Archivo Clarín

El guanaco es uno de los animales que vive libre en este santuario. Foto: Archivo Clarín

Viven de donativos y buscan patrocinantes

Gabriela, Armando y Noemí se preguntan qué será de los animales cuando ellos no estén. Los tres, junto a los voluntarios, son el único sostén del Paraíso. Económicamente el lugar se mantiene gracias a donaciones de particulares y a la autogestión. Además, el lugar cuenta con una tienda virtual y su página web: elparaisoanimal.org.

Dado que también son una fundación sin fines de lucro no reciben ayuda económica de ningún ente gubernamental. Para financiarse impulsan un programa de padrinazgos que les permite recibir donaciones mensuales en representación de algún animal que habita el predio.

"Participamos en diversas ferias veganas y sustentables, con stands en los que vendemos nuestros productos oficiales a total beneficio del santuario, tenemos indumentaria y accesorios con imágenes alusivas a nuestra causa", cuenta una de las voluntarias del Paraíso.

Los voluntarios del lugar se dividen en distintos equipos, que en su mayoría trabajan a pleno en la limpieza y acondicionamiento de los espacios comunes del predio los fines de semana; el resto de los días, los 850 animales son atendidos directamente por Gabriela y Armando. La fundación también tiene un equipo de comunicación que se encarga de administrar la página web y las redes sociales; espacio en el que cuentan con mucha presencia. Por ejemplo, en Instagram aparecen como @elparaisoanimaloficial, allí es común ver historias, fotos y videos sobre los animales. 

En el santuarios conviven 850 ejemplares. Foto: Rafael Mario Quinteros

En el santuarios conviven 850 ejemplares. Foto: Rafael Mario Quinteros

Una de las diferencias del "Paraíso de los Animales" con los demás santuarios de la Argentina, es que no está permitido visitarlo al menos que se trabaje como voluntario en el lugar. Las personas que se interesan en ayudar de alguna manera por lo general escriben a padrinazgos@elparaisoanimal.org. 

Link aquí, para ver toda la información de cómo ser padrino o ayudar con donativos al Paraíso de los Animales.

Sus fundadores tienen entre 70 y 75 años y ya empiezan a sentirse cansados. "Somos nosotros y nadie más, cuando me muera todo esto podría quedar sólo con los animales, me preocupa saber quién los va a cuidar", dice una de las fundadoras del proyecto. Es por eso que desde el Paraíso hacen el llamado a alguna organización o empresa que quiera hacerse cargo del predio y de alguna manera asegurar el bienestar de los animales cuando Gabriela, Armando y Noemí estén imposibilitados de hacer su trabajo.

Una historia tras otra: cómo llegan los animales al santuario

Con el paso de los años son muchas las historias que ha tejido el Paraíso. Los animales llegan gracias a jóvenes activistas veganos que los rescatan de camiones volcados, o por medio de personas que denuncian situaciones de maltrato; cuando estos animales son confiscados por la ley, por lo general las autoridades los asignan al santuario. Gabriela y Armando cuentan también que en algún momento se han dirigido a granjas de ruta, destinadas a vender animales para el consumo, y han comprado cabritos, chanchos, conejos o terneros, todo esto para salvarlos de una muerte prematura.

Nuestra intención desde El Paraíso es generar conciencia, no juzgar ni criticar. Las costumbres son importantes, pero también es importante decir que tenemos que repensar y evolucionar nuestros hábitos. La relación que tenemos con el medio ambiente y los animales puede cambiar y eso empieza con pequeñas acciones”, declaran desde el santuario.

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"El día que tenga plata voy con un camión y compro todos los animales de las granjas de cría que siempre están en la ruta", relata sin rodeos Gabriela. Luego se detiene frente a una oveja que descansa en un corral, y cuenta su historia: "Él es Obama, estaba dentro de un camión que llevaba ovejas con destino a un lugar que se encarga de venderlas para su consumo. Nació en ese camión y al ser tan pequeño cayó por alguna abertura. Una persona nos avisó que habían encontrado en una ruta a una oveja recién nacida que aún conservaba el cordón umbilical. En ese momento lo fuimos a buscar y lo llevamos al Santuario, donde fue criado a mamadera y hoy vive con nosotros en paz y tranquilidad".

Obama, la oveja que habita en el Paraíso de los animales. Foto: Archivo Clarín

Obama, la oveja que habita en el Paraíso de los animales. Foto: Archivo Clarín

Entre tantas especies, en el santuario viven dos cerdos vietnamitas que sufren de sobrepeso y tienen dificultades para caminar, Gabriela también relata su historia. "Una señora los compró y me llamó porque pensaba que los chanchos eran mini pig y resulta que eran de una raza más grande, tienen problemas para moverse porque eran alimentados con comida de perro, la señora los tenía en su departamento y me pidió traerlos acá. Ahora están a dieta y tratamos de que caminen a diario para que se ejerciten".

En el 2007 el Paraíso estuvo en peligro de ser subastado, ya que existía una deuda con el banco que para el momento era impagable. Fue entonces cuando Noemí se dirigió a los medios de comunicación y Clarín publicó una nota en agosto de ese año, en la misma citaba que "el proyecto de esta ONG corre peligro de extinguirse si no logran reunir los 170 mil pesos que aún adeudan a un banco que en 1995 les otorgó un préstamo hipotecario. El mismo con el que lograron comprar la chacra y darles un lugar seguro a los animales a los que protegen".

"Se ha logrado mucho, pero se puede lograr más. Lo que yo quiero es que una ONG o una empresa se haga cargo de este lugar cuando yo no esté, quiero estar tranquila y saber que cada animal y cada especie tendrán sus cuidados y una vida en paz", dice Gabriela. Y suena lógico.