La odisea que mil profesionales argentinos que se fueron a España con una visa de trabajo y están desocupados

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Desencanto, frustración y bronca es lo que sienten y transmiten cientos de argentinos que se encuentran en España, adonde viajaron por un programa de trabajo conocido como VISAR

-impulsado por la Consejería de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social de España en Argentina- para especialistas en finanzas, marketing e informática. La oportunidad se abrió para hijos y nietos de españoles sin doble nacionalidad. ¿El objetivo? "Facilitar una migración legal, ordenada y segura", detallaba la página de la Embajada de España en Buenos Aires. 

Unos mil argentinos profesionales altamente calificados -de tres mil postulados- fueron seleccionados entre abril y mayo para viajar con una visa de búsqueda de trabajo. Pero cuando llegaron se encontraron con que, para establecerse, el gobierno español les exige un requisito muy difícil de conseguir: les pide que consigan un contrato de un año, cuando allí se ofrecen de hasta tres o seis meses.

A esto se suma que los extensos tiempos burocráticos para conseguir el NIE (Número de Identidad de Extranjero) y el permiso de trabajo, lo que hace que se pierdan las pocas ofertas laborales porque las empresas “se cansan de esperarlos”. Como le sucedió a Martín Bidt, porteño, de 28 años, especialista en seguridad informática, quien ya tenía todo casi arreglado para empezar este lunes a trabajar en una importante aerolínea.                                                

"Tuve cinco entrevistas con la empresa y ya estaba todo encaminado, conocían la situación con mis papeles. El tema es que estaba todo bien, pero empezaron las demoras y surgieron otras gestiones burocráticas impensadas que debía realizar en el Ministerio de Economía, lo cual demoró todo varias semanas. Finalmente salieron los papeles -el viernes- pero desde una compañía intermediaria, que abastece personal a Iberia, me dijeron: 'Disculpame, pero de Iberia se cansaron de esperarte. Ya no te quieren'". Me desplomé.

Joven, impulsivo y autoproclamado "ambicioso, con ganas de apuntar a lo mejor, a lo más alto", Bidt renunció a la empresa BTR, en Puerto Madero, para irse a Madrid, convencido de que allí le lloverían ofertas. Su currículum y experiencia de diez años lo avalaban. Después de enviar 253 CV por mail y tener unas 15 entrevistas, le transmitió a su novia Brenda la noticia de que "ya está, empiezo el lunes, así que podés renunciar a tu trabajo y pasamos fin de año juntos acá en Madrid", le describe a Clarín vía telefónica. Brenda renunció antes de la nueva e inesperada llamada de Martín.

"Yo creo que el programa VISAR se hizo con buenas intenciones, pero no se analizaron las cosas en profundidad. Por ejemplo, la mayoría de las empresas a las que les mandé currículums, no tenían idea de la existencia de este programa. Hubo un problema de comunicación", concluye Martín, que pese a todo no se rinde. "A la Argentina no vuelvo, estoy cansado del curro, yo vine a España y quiero planificar mi vida aquí".

A partir de la búsqueda de Clarín por más casos, empezaron a llover mensajes por WhatsApp de argentinos que dicen estar "varados y desesperados". Hay reticencia en brindar su identidad porque temen que les "salga el tiro por la culata". Pero en general los más de diez consultados aseguran de que se trata de una estafa.

Alejandro M tiene 37 años y es técnico microinformático. Fue con la ilusión de trabajar en una empresa en lo suyo y hoy está dispuesto a aceptar un trabajo como camarero.

Alejandro M tiene 37 años y es técnico microinformático. Fue con la ilusión de trabajar en una empresa en lo suyo y hoy está dispuesto a aceptar un trabajo como camarero.

La misión de conseguir trabajo se está volviendo imposible para los argentinos que viajaron como parte del programa. Al día de hoy, sólo cien consiguieron empleo "porque las empresas que los contrataron, todas chicas, se tomaron la molestia de hacer el trámite de gestionar el permiso de trabajo y el NIE oficial (impreso y con foto) pero para laburos de camareros, cargar bolsas o hacer delivery", afirma Alejandro M, quien desde Calella, en las afueras de Barcelona, pide no publicar su apellido.

Alejandro tiene 37 años, es técnico en microinformática y hasta hace unos meses trabajaba en una empresa de caudales en Pompeya. "Mal no estaba, andaba justo de plata, pero necesitaba cambiar de aire, tener una mejor calidad de vida, por eso me inscribí en abril en el programa VISAR. Quedé seleccionado y empecé a tramitar todo el papelerío que necesitaba", describe el padre de dos hijas.

"Fue muy estresante y movilizante dejar mi país, renunciar a mi trabajo, a mis hijas y a mi mujer por unos meses para venir aquí y encontrarme con la nada misma. Llegué el 20 de octubre con ilusión para buscar un futuro mejor para mi familia y hoy me siento frustrado y acorralado, porque el permiso de búsqueda de trabajo me vence el 20 de enero", asegura a este diario.

Alejandro envía el mail en el que una empresa ubicada en Mallorca lo deja de lado laboralmente hasta que no regularice su situación.

Alejandro envía el mail en el que una empresa ubicada en Mallorca lo deja de lado laboralmente hasta que no regularice su situación.

Molesto e indignado, Alejandro entendía que "las empresas españolas estarían al tanto de este programa para argentinos hijos y nietos de españoles, y resulta que no sabían nada. Yo tuve tuve seis entrevistas, me aceptaban por mis condiciones laborales pero todo se terminaba estancando por el tema papeles. ¿Por qué? Porque me ofrecían contratos por tres meses. Y para poder estar en regla con el permiso de residencia y el seguro social, necesitaba un contrato de un año".

Dice que no se siente estafado ni tampoco arrepentido por haberlo dejado todo e irse confiado a España, "pero no es todo color de rosa como se cree. Acá la situación es difícil, hay recesión, pero yo no bajo los brazos. Hoy si encuentro laburo de camarero agarro viaje. No tengo pasaje de vuelta a la Argentina, donde la verdad, no quiero volver más que de visita. Quiero pelearla acá".

"Esto es una estafa", exclama Daniela Fernández, arquitecta, de 34 años. "Las exigencias que nos piden para otorgarnos la residencia son muy difíciles de cumplir y nadie nos avisó".

"Esto es una estafa", exclama Daniela Fernández, arquitecta, de 34 años. "Las exigencias que nos piden para otorgarnos la residencia son muy difíciles de cumplir y nadie nos avisó".

De 34 años, arquitecta, con una beca doctoral en la UBA, Daniela Fernández se anotó en el programa VISAR "porque pensé que era una gran posibilidad legal de venir a España a continuar con mi formación y ampliar mis experiencias. Pero cuando llegué acá me encontré con que esto era una estafa", expresa indignada desde Barcelona.

Sin vueltas, Daniela afirma: "Al llegar acá fue un desastre. Las exigencias que nos piden para otorgarnos la residencia son muy difíciles de cumplir. Si me preguntas si el programa respeta lo planteado en el reglamento: sí. Pero ellos lo propusieron como una prueba piloto y está saliendo mal y no quieren ayudarnos con nada".

¿Por qué estafada? "Porque en la reunión informativa que nos dieron en el Ministerio de Trabajo español en la sede del Consulado Argentino me dijeron: 'Vas a estar en igualdad de condiciones de trabajar que cualquier español de origen'. Y la verdad es que no encuentro laburo ni para cuidar ancianos".

La bronca de Daniela pasa por la desinformación e incomunicación. "Nadie nos advirtió sobre las dificultades que podían presentarse, omitieron información clave, como por ejemplo, que el tipo de contrato que nos piden está disminuyendo según fuentes oficiales del servicio de empleo español. Fuimos seleccionados como profesionales de alta calificación y no nos ayudan en la homologación de títulos. Apenas estamos pudiendo homologar en titulo secundario".

"Nos dijeron que iban a difundir el programa entre empresas y no hicieron nada. El viernes me llamaron por un empleo y cuando les mencioné que era del programa Visar, me dijeron 'Ah, no, VISAR no aceptamos'. Es una pesadilla", exclama Fernández, que tuvo 20 entrevistas laborales, siempre con el mismo desenlace: "O no me servía el contrato o no querían hacer los trámites especiales que nos piden".

Pese a todo, Matías no pierde la sonrisa. "Las empresas me terminaban ofreciendo trabajo, pero por desconocimiento se espantaban cuando tenían que empezar a tramitar los papeles".

Pese a todo, Matías no pierde la sonrisa. "Las empresas me terminaban ofreciendo trabajo, pero por desconocimiento se espantaban cuando tenían que empezar a tramitar los papeles".

Desde Cádiz, la situación de Matías Fernández es similar a las anteriores, pero diferente. ¿Por qué? Porque este joven de 29 años, ingeniero, no encuentra trabajo después de cuatro entrevistas, pero vive con sus tíos y piensa el viaje, también, como una aventura y una experiencia personal distinta. "Soy joven, nada me ata a la Argentina, así que estoy tranquilo en ese aspecto".

Como en los casos anteriores, Fernández pasó con holgura las cuestiones puntuales relativas a lo laboral, "pero se 'mancaba' cuando me preguntaban por mi residencia", hace saber este marplatense que vivía en Chascomús. "Vine por el programa VISAR, pero mis tíos son arquitectos y tienen contactos, confío que algo voy a conseguir", estima Matías, que expresa que las entrevistas las consiguió a través de redes sociales y portales de empleo.

Matías explica que "las empresas me terminaban ofreciendo trabajo, y hasta con contratos por un año, pero por desconocimiento se espantaban cuando tenían que empezar a tramitar los papeles, creían que les saldría muy caro o que deberían pagar tasas por contratar a extranjeros. Hay mucha ignorancia en ese aspecto, por lo que terminan contratando a un ciudadano español que no les cierra demasiado".

Lo que más le molesta al ingeniero marplatense es "la manera de sacarte de encima de las empresas, que lo hacen con elegancia, eso sí... 'Ah, no tienes el NIE, okey, consultamos y te llamamos'. Llamado que hasta ahora nunca se produjo", puntualiza Matías, que viajó a España "porque en la Argentina me sentía estancado".

Asustado y preocupado, Guido no quiere revelar su apellido ni dar a conocer su cara. "Nos trataron como sudacas", dice desde una habitación "de 2 x 2" en Madrid.

Asustado y preocupado, Guido no quiere revelar su apellido ni dar a conocer su cara. "Nos trataron como sudacas", dice desde una habitación "de 2 x 2" en Madrid.

"En Argentina nos dijeron que nos darían una visa de trabajo dentro del programa VISAR yfinalmente nos dieron una visa de búsqueda de empleo, lo cual es un estatus menor y que, de alguna manera, exige al empleador tramitar tu residencia, lo cual es un poco chocante", explica Guido a secas, desde "un cuarto de 2 x 2", en el barrio Chamartin de Madrid, por el que paga 700 euros. 

Porteño, de 36 años, ingeniero agrónomo, Guido también está buscando trabajo con la cuenta regresiva, ya que su plazo de búsqueda expira el 1° de febrero. "Llamo, mando currículums, pero diciembre es un mes difícil y por las Fiestas está todo parado. Yo puse en riesgo mi trabajo en Argentina a través de una licencia y mi mujer está en Buenos Aires a la espera de mis novedades".

Guido no se siente estafado "porque de lo contrario iniciaría acciones legales, pero con el programa VISAR nos trataron como sudacas que nos sacaban del barro y que cualquier condición que nos ofrecieran era mejor que estar en Argentina", apunta con desesperación y frustración. 

"Cuando tuvimos las reuniones informativas dijeron que como había alta demanda de trabajo, se iban a comunicar empresas multinacionales e iban a hacer girar nuestros CV, que estemos atentos. Cero, nada. Una visa de búsqueda de empleo es un mar de quilombos para una empresaque tiene otras 200 opciones mejores".

Ignasi Costa, abogado de extranjeros en Cataluña, le cuenta a Clarín que "los empresarios se confunden, no saben distinguir entre el NIE y la autorización de residencia y trabajo, y se pierden en la burocracia y la espera para obtener la resolución de concesión de la autorización".

Costa, de mucha experiencia en asuntos laborales, dice que se ha encontrado con argentinos "que creían que con el visado ya podían inscribirse a la seguridad social y trabajar desde el primer momento, pero la paradoja es que te puedes inscribir en la oficina de empleo pero no tienes autorizaciónpara trabajar".

¿Hay alguna solución para estos argentinos? "Sí, que encuentren una empresa que tenga la voluntad de ofrecerles un contrato de un año de trabajo, que se daría siempre y cuando la persona obtenga la autorización de residencia que tiene que solicitar el propio empleador. La contra que tiene este proceso es que es poco dinámico, ya que atenta contra la necesidad y el apremio de la compañía que requiere del empleado y no puede esperar uno o dos meses, período que lleva tener los papeles en regla".

¿Hay solución? "Sinceramente es muy compleja hoy en día", concluye Costa.

AS/DD