A 23 años del crimen de las 113 puñaladas: la ley mejoró y hay más conciencia, pero los femicidios siguen

Sociedad
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El 27 de mayo de 1996 Fabián Tablado tenía 20 años y Carolina Aló 17. Llevaban tres años de novios. Tuvieron sexo y él se enojó. La persiguió por

la casa de Tigre hasta que terminó matándola. Le clavó 113 puñaladas con una cuchilla de cocina, dos cuchillos Tramontina y un formón de carpintería. La Justicia lo condenó por homicidio simple.

En 1996 no se hablaba de femicidio​. Fue recién a fines de 2012 que se modificó el artículo 80 del Código Penal para que se comenzara a dictar perpetua "cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género" y "con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación".

Hoy Tablado sería condenado a perpetua por femicida. Y si no, sería un escándalo.

En su defensa, en aquel momento se llegó a plantear que Tablado era inimputable, y que había actuado en "estado de emoción violenta". La Justicia no vio alevosía ni agravantes en aquellas 113 puñaladas.

Los medios de comunicación tampoco hablaron de femicidio ni de violencia de género, sino de "resonante caso policial" y redujeron el tema a un "caso individual". Ahora se sabe que es cultural, que tiene que ver con el machismo, que se trata de un sistema de poder.

Según el Observatorio de Femicidios Ahora que Sí nos Ven, ya son 297 los femicidios de 2019. La Asociación Civil La Casa del Encuentro sumó más de 3.000 en la última década. Está claro que no son "casos aislados" ni "loquitos" que actúan bajo "emoción violenta".

Paro nacional de mujeres convocado tras el fallo que absolvió a acusados femicidio y abuso sexual de Lucía Pérez. Foto: Lucía Merle

Paro nacional de mujeres convocado tras el fallo que absolvió a acusados femicidio y abuso sexual de Lucía Pérez. Foto: Lucía Merle

Lo mismo había pasado con Eduardo Vásquez, baterista de Callejeros​. Un tribunal consideró que incendió a su esposa y madre de sus dos hijos "por emoción violenta" y le dio 18 años. En 2013 Casación revisó la pena y lo condenó a perpetua. Por eso el asesinato de Wanda Taddei fue emblemático: porque tras su femicidio hubo una seguidilla de mujeres incendiadas, y la modalidad sólo frenó ante la condena máxima, es decir, cuando actuó la Justicia.

En 2006 Tablado se casó estando preso y tuvo mellizos. Entre 2008 y 2011 gozó de salidas transitorias. Su esposa y su suegra lo denunciaron por maltrato, violencia y amenazas. ¿Emoción violenta una, dos, tres veces...? ¿Emoción violenta permanente?

Micaela García tenía 21 años, estudiaba Educación Física, militaba en el Movimiento Evita y vivía con su familia en Gualeguay. El 1° de abril de 2017 fue a bailar y cuando volvía a su casa dos hombres la violaron, la degollaron, la tiraron a unos pastizales.

Uno de sus asesinos debía haber estado preso por la violación de dos chicas. Pero un juez le había dado libertad condicional. Si hubiera actuado distinto Micaela estaría viva. Por eso una ley lleva su nombre. La Ley Micaela dice que las y los funcionarios de los tres poderes del Estado deben capacitarse con perspectiva de género.

Es urgente que así sea. La Justicia sigue con fallos escandalosos, como el que absolvió a los imputados por el asesinato de Lucía Pérez, muerta a sus 16 años. Pero un juez consideró que "no se mostraba como una chica de su edad", entre otras aberraciones. No hay condenas por la muerte de Lucía. Para la Justicia se murió sola.

Cada 30 horas hay un femicidio en Argentina desde hace más de diez años. Si la sociedad no reclama, si la cultura no cambia, si la Justicia no ejerce su función, las mujeres seguirán muriendo "solas", por "emoción violenta", por varones que se saben impunes. Se trata de un sistema de poder que se resiste a caer. Por eso los asesinatos no ceden. "Paren de matarnos", dicen los carteles de las pibas en las marchas. Hay que hacer que paren.