Detrás del juicio de El Chapo Guzmán: todo lo que quedó sin decir en la sala de un tribunal de Nueva York

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El jueves se reanudó el juicio del rey de la droga mexicano Joaquín El Chapo Guzmán y jefe del Cartel de Sinaloa, aunque, en medio de testimonios fascinantes, hasta el

momento, acechan silencios extraños.

El jueves se reanudó el juicio del rey de la droga mexicano Joaquín El Chapo Guzmán y jefe del Cartel de Sinaloa, aunque, en medio de testimonios fascinantes, hasta el momento, acechan silencios extraños.

Los procedimientos, hasta ahora, han ofrecido un detalle extraordinario de las operaciones de un cártel mexicano, aunque se han caracterizado por lo que no se ve, y el juez  Brian Cogan mantuvo las cosas en ese camino.


Lo que se dijoEl testimonio diario fue similar a un thriller de Netflix. Aun así, ha oscurecido el nexo de la corrupción de alto nivel en la organización criminal más grande del mundo que ha operado al norte y al sur de la frontera de EE.UU.

 

El detalle de los "arrepentidos" del cartel que testimonian para la fiscalía en contra de su antiguo jefe o socio ha sido fascinante. El primer empleado de Guzmán, el piloto Miguel Ángel Martínez, describió un viaje con Guzmán a Japón, Tailandia y Macao, y una visita que hicieron a Los Ángeles para gastar 6 millones de dólares en aviones antes de una gira de fiesta y apuestas en Las Vegas. Guzmán fue a Suiza, dijo, para un tratamiento antiedad con células.

Guzmán tenía un zoológico privado, y distribuía relojes Rolex con diamantes y automóviles lujosos como gratificaciones a sus subordinados favoritos. La cocaína era traficada a EE.UU. en lo que simulaban ser latas de jalapeños. Incluso Guzmán, usualmente meditabundo, se rió con su abogado William Purpura, tomó una de las latas ingresada como evidencia, y le dijo al tribunal: “Me moría por tener uno en mis manos”.

El ex jefe del cártel Norte del Valle de Colombia, Juan Carlos Ramírez Abadía, alias La Chupeta, el chupetín, presentó evidencia cautivante acerca de una de las sociedades más importantes en la historia del narcotráfico, después de que Guzmán impresionara al colombiano con su insistencia el único producto de la mejor calidad, velocidad de entrega, y la demanda de un porcentaje extra.

Ramírez, con el rostro desfigurado por las cirugías plásticas, hizo alarde de los aproximadamente 400.000 kilos de cocaína que había movido, y las 150 ejecuciones que había ordenado, incluyendouna familia en Nueva Jersey. Su testimonio también cubrió la toma de posesión de Guzmán de las redes de distribución colombianas en EE.UU., mientras Ramírez estuvo un período breve en prisión.

Juan Carlos Ramirez Abadía, con el rostro desfigurado por las cirugías plásticas./ Reuters

Juan Carlos Ramirez Abadía, con el rostro desfigurado por las cirugías plásticas./ Reuters

Otro narco colombiano, Jorge Cifuentes, declaró que les proveyó a los paramilitares colombianos de derecha, 5.000 rifles de asalto AK-47 con los cuales pelearían contra las guerrillas izquierdistas de las FARC, para luego hacer un trato por cocaína entre Guzmán y las FARC. La primera vez que escuchamos la voz de Guzmán fue en un teléfono pinchado, regateando de manera experta con los camaradas.

Los testigos narco han dado testimonios detallados, a veces oscuramente divertidos; están orgullosos de lo que hicieron. En un punto, al ser interrogados sobre el asesinato de dos mujeres policía colombianas, Chupeta hizo un gesto con sus pulgares para arriba. Su único remordimiento aparente fue por la pérdida de dos cargamentos en manos de las autoridades estadounidenses.

El turno de ser protagonista fue el del contador del cártel de Sinaloa, Jesús Zambada García (hermano del capo de la droga quien probablemente traicionó a Guzmán y ahora lidera el cártel, Ismael “El Mayo” Zambada), quien testimonió con frialdad y aplomo acerca de sus inversores”, “costos” y “retornos”.

Joaquín El Chapo Guzmán.

Joaquín El Chapo Guzmán.

En su cobertura del juicio, David Brooks del diario mexicano La Jornada, escribió: “Chapo Guzmán fue uno de los empresarios exitosos de un modelo neoliberal mexicano, dirigiendo una operación comercial y financiera transnacional dedicada a satisfacer una demanda insaciable en los EE.UU., generando cientos de millones de dólares mensuales para México”.

Las corrientes debajo de la superficie

Pero Guzmán debe ser recordado como una gran captura, y ahí es donde las corrientes debajo de la superficie cobran importancia.

En la jerga de la mafia italiana, la llaman “dietrologia”, en español, “trasología”, la ciencia de lo que está detrás de las apariencias. Y lo que está detrás del juicio del Chapo comprende la corrupción del estado mexicano, lo que pasó con el dinero de Guzmán, el rol de los testigos renegados, y el del gobierno de EE.UU. en buscarlos y reclutarlos.

Zambada García admitió haber sobornado a las autoridades del aeropuerto, la policía federal e incluso a Interpol, y dijo que el hombre del cártel en el gobierno, Genaro García Luna, recibió un pago de 3 millones, mientras dirigía la agencia federal de investigación, luego, otro pago, después de ser designado ministro de seguridad pública. Ya se habían presentado cargos similares contra García Luna en México, que fueron incluidos en dos libros de la periodista Anabel Hernández. En una declaración a los medios mexicanos, García Luna negó la acusación, a la que describió como “una mentira, difamación y falso testimonio”.

Sin embargo, Zambada García también alegó que García Luna había recibido un pago por 56 millones de parte de los afiliados de Guzmán, los hermanos Beltrán Leyva, uno de los cuales, Héctor, era responsable de pagarles a los políticos. Héctor Beltrán Leyva murió en una cárcel mexicana la noche anterior al testimonio de Zambada García.

De acuerdo con un intercambio de opiniones en una consulta en el estrado, entre el abogado y el juez, Zambada planeaba avanzar más y detallar cómo había sido un pago por 6 millones a un presidente mexicano en ejercicio. Lo detuvieron en su intento de hacer esto a través de una moción de los fiscales, respaldada por el Juez Cogan, “proteger a los individuos y entidades que no son partes de esta caso y que enfrentarían un bochorno”, afirmó.

La sala de primera instancia, y el pueblo mexicano, no pueden, entonces, saber cuál fue el presidente que supuestamenterecibió pagos de Guzmán, y por qué motivo. Una consulta en el estrado fue para discutir los contenidos de un memorándum de la fiscalía, que fue presentado cerrado y precintado; la propia transcripción de la consulta en el estrado también fue cerrada.

Cuando John Gotti, jefe del clan de la mafia Gambino, fue a juicio en este mismo tribunal de Nueva York en 1992, solo bastó un “testigo colaborador” para encarcelarlo.

En el juicio a Guzmán, los narcos mexicanos hacen fila para testimoniar: seis hasta el momento, y todavía faltan 10.

El abogado de Guzmán Jeffrey Lichtman los llama “degenerados” que dirán cualquier cosa para que les conmuten las penas.

Durante la primera semana del juicio a Guzmán, el 9 de noviembre, Vicente Zambada Nieblo, “El Vicentillo”, se declaró culpable en Chicago de supervisar la logística para el cártel de Sinaloa y de traficar grandes cantidades de cocaína y heroína a través de esa ciudad. Vicentillo es el hijo de El Mayo y sobrino del contador.

Su petición de 19 páginas fue ingresada súbitamente, un año después de que Vicentillo había acordado con las autoridades estadounidenses, cooperar en “cualquier asunto”, poniéndolo a él a disposición de manera conveniente para testificar contra Guzmán en Nueva York. Vicentillo no protestó una confiscación asombrosa de 1,3 mil millones.

Pero Zambada Nieblo es más que un renegado: una investigación de un año de duración del diario mexicano El Universal, publicada en octubre de 2017, establecía definitivamente que Vicentillo había trabajado para la DEA mientras cumplía con sus obligaciones para el cártel.

Puede ser que los abogados de Guzmán no lleguen a buscar estas relaciones, que complican la narrativa usual del trabajo de detective de la DEA bueno y honesto, aunque un anexo a la auditoría de la audiencia, del Departamento de Justicia, publicado en marzo de 2017, daba a conocer “preocupaciones específicas acerca del modo en el que la DEA usaba y pagaba a fuentes confidenciales”.

También excluyó un intento de la defensa de interrogar a los testigos de la fiscalía sobre la “Operación Rápido y Furioso”, un proyecto de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de EE.UU. para permitir que las armas ingresen a México ilegalmente, a través de testaferros compradores colaboradores, con esperanzas de atrapar a sus receptores finales.

De las 2.000 armas a las que se permitió “circular” entre 2007 y 2011, solo 665 fueron recuperadas, una de ellas en la guarida de Guzmán en 2014, aunque ninguna de estas puede aparecer en el juicio.

La evidencia acerca del dinero ha sido detallada cuando estuvo “de regreso en México”, pero hay evasivas cuando avanza más allá de ahí. Martínez volaba aviones cargados de dinero en efectivo, entre 8 y 10 millones desde Tijuana, tres veces al mes, y transportaba una valija Samsonite llena con 10 millones a un “banco de la ciudad de México” mensualmente. Los depósitos en efectivo se describen como ocultos debajo de las camas e incluso bajo el agua.

Pero allí termina el rastro del dinero, aunque la propia investigación del Senado y el Departamento de Justicia de los EE.UU. han establecido que cientos de millones continuaron a través de los bancos Wachovia y HSBC al norte de la frontera, esto no forma parte de la evidencia hasta ahora.

Por lo tanto, el juicio a Guzmán, tal como lo llevan a cabo el gobierno de EE.UU. y el Juez Cogan, sigue la estrategia focalizada en el “rey de las drogas”, que supone que una vez que el líder del cártel es apresado, la guerra por las drogas está ganada. Sin embargo, de Colombia, sale más cocaína que nunca, y el año pasado México estuvo más violento desde que comenzó esta fase de la guerra de las drogas.

Mientras su juicio se reanuda la semana próxima, en México, Guzmán es noticia vieja: la iniciativa está con el ascendente Cártel Nueva Generación de Jalisco y su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Un día, el propio Chapo podría testimoniar en contra de El Mencho, si es que alguna vez atrapan a este último; esa sería la única oportunidad de Guzmán de ver a sus mellizas de siete años como un hombre libre.

Por Ed Vulliamy, The Guardian

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