Hizo 700 km para cubrir a su hijo de un femicidio

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¿Se puede hacer cualquier cosa por un hijo? Amelia Itatí Lezcano (53) viajó más de 700 kilómetros para asistir a Carlos Hernán Entivero (36), su hijo, señalado por el asesinato brutal de Stella Maris Ramírez (26), su esposa y madre de su hija de 5 años. Para los investigadores, la mujer limpió la escena del crimen, lavó las prendas con sangre y hasta sospechan que podría haberlo ayudado a deshacerse del cuerpo.

Stella Maris fue vista con vida por última vez el viernes 2 de agosto. Vivía con su marido y su pequeña hija en el barrio Granja 8 de Lima, una localidad de diez mil habitantes perteneciente al partido de Zárate. Esa noche, una vecina y amiga de la víctima fue testigo de una fuerte discusión que mantuvo la pareja. Y a ella no la vio más. Con el paso de los días comenzó a alarmarse, pero recién 11 días después el caso llegó a la Justicia.

La familia de Stella Maris, que vive en la provincia de Chaco, había perdido contacto y viajó especialmente a Zárate para saber qué le había pasado. El martes 13 radicaron la denuncia por averiguación de paradero. Ya habían pasado 11 días de aquella violenta pelea.

Entivero, marido y principal sospechoso, tuvo el tiempo suficiente como para deshacerse del cuerpo, modificar el lugar del hecho y preparar el libreto que le serviría como coartada, porque sabía que en cualquier momento la policía llamaría a su puerta.

Entrevistados por los policías, los vecinos aportaron información clave. Uno apuntó que el hombre

había realizado una fogata, y otro recordó haber visto a la suegra de Stella Maris los días posteriores a la pelea.

“Sí, por favor. Pasen y revisen todo”, les dijo Entivero a los efectivos que el jueves 15 pasado lo visitaron con el oficio de allanamiento firmado por la jueza de Garantías de Zárate-Campana, Graciela Adriana Cione.

La casa de la calle 60 Nº 206 estaba en orden. “Tenemos una denuncia por averiguación de paradero de su mujer. ¿Qué pasó?”, lo interrogó uno de los policías. “Se fue de casa con mi hija de 5 años hace una semana y no volvió más”, respondió impávido.

Pistas de sangre. Los peritos de la Policía Científica revisaron la propiedad buscando indicios. Con el reactivo luminol detectaron huellas de sangre en las paredes de la habitación matrimonial, el piso, las sábanas y frazadas de la cama de dos plazas, el interior del lavarropas y hasta la caja de la camioneta Fiat Strada de Entivero.

La situación procesal del marido de Stella Maris comenzaba a complicarse, al igual que la de su madre, Amelia, una ama de casa que a la hora de los operativos se encontraba en su domicilio de la localidad correntina de San Roque, a 135 kilómetros de la capital provincial.

Según fuentes policiales, la mujer habría viajado en colectivo a Zárate el sábado 3 de agosto, un día después de la desaparición de su nuera. El lunes siguiente su hijo la llevó hasta su casa, a bordo de su camioneta. Entivero también trasladó a su pequeña hija de 5 años, que quedó al cuidado de su suegra.

Los investigadores del caso advirtieron que el acusado había pedido siete días de vacaciones en su trabajo, curiosamente la semana posterior a la desaparición de su esposa. El presunto femicida trabaja en el puerto de Lima como operario de una retroexcavadora vial, dijeron las fuentes.

Las pruebas recolectadas fueron suficientes como para sospechar que Stella Maris había sido asesinada y pedir las detenciones de su pareja y su suegra. Entivero fue arrestado y acusado por el delito de homicidio agravado por femicidio. Su madre, Amelia Lezcano, siguió sus pasos pero a ella la imputaron por encubrimiento.

“El hombre no tenía antecedentes”, señaló a PERFIL el comisario general José María Cignoli, a cargo de la Superintendencia de Seguridad AMBA Norte. “Gracias a Dios actuó muy bien la Justicia, que nos dio el allanamiento de urgencia, porque hasta ese momento no teníamos muchos elementos. Se detuvo al hombre antes de encontrar el cuerpo”, destacó el jefe policial.

Macabro. Este miércoles, un grupo de pescadores halló un cuerpo sin cabeza flotando a la altura del kilómetro 130 del río Paraná, cerca del Club de Pesca Lima. Era Stella Maris. Sus familiares la reconocieron por un tatuaje de tres estrellas que tenía en el hombro derecho.

La operación de autopsia reveló que la mujer murió entre tres y cuatro días después de su desaparición. El cuerpo presentaba un corte profundo en el estómago, pero los detectives sospechan que fue atacada a golpes y que agonizó durante todo ese tiempo.

La hipótesis que manejan los investigadores es que el hombre la asesinó cuando supuestamente se enteró de que su pareja lo engañaba. De acuerdo con las fuentes, Entivero no tiene denuncias por violencia de género, aunque la familia de la víctima lo calificó como una persona violenta y agresiva.

Amelia se negó a declarar. Lo mismo hizo su hijo. Ambos deberán explicar –entre otras cosas– qué pasó entre el 2 y el 6 de agosto. Por ejemplo, si la mujer solo lo ayudó a limpiar la escena del crimen o si también colaboró para seccionar el cuerpo y arrojar el cadáver al río Paraná, como algunos sospechan. ¿Se puede hacer cualquier cosa por un hijo?

El caso

◆ Stella Maris Ramírez (26) fue vista con vida por última vez el 2 de agosto pasado, cuando discutió con su marido y padre de su hija de cinco años, Carlos Entivero.

◆ La denuncia por su desaparición fue radicada el 13 de agosto.

◆Dos días después la policía allanó su casa, halló manchas de sangre y lo detuvo. Su mamá, que viajó desde Corrientes, quedó presa por encubrimiento.

◆ Este miércoles, en el río Paraná, hallaron el cuerpo decapitado de la joven.

Dos suegras y una misma jueza

Amelia Lezcano (53) y Elsa Aguilar (87) tienen algo en común: ambas fueron acusadas de colaborar con sus hijos en el femicidio de sus nueras. Lo curioso es que en los dos casos intervino la misma jueza de Garantías: Graciela Adriana Cione.

Esta magistrada fue la que ordenó la detención de Aguilar por el crimen resonante de Rosana Galliano (29), ocurrido el 16 de enero de 2008 en el barrio parque El Remanso, en Exaltación de la Cruz.

La madre de José Arce habría aportado el dinero con el que su hijo contrató a los sicarios que ejecutaron el crimen en la puerta de su casa.

Elsa Aguilar vivía en Estados Unidos, pero regresó al país para colaborar en el plan siniestro de su hijo, que temía que su pareja se quedara con sus bienes.

En abril de 2009, Cione mandó detener a la suegra de Rosana. Pasó apenas un mes en la cárcel.

En 2013 llegó la hora del juicio. Aguilar fue condenada a prisión perpetua, al igual que su hijo, pero ninguno de los dos quedó detenido.

En julio de 2014, la Cámara de Apelaciones ratificó el fallo de primera instancia y los dos acusados regresaron a la cárcel. Siete meses después fueron beneficiados con arresto domiciliario.

Arce murió en noviembre del año pasado en Pilar, después de sufrir un paro cardíaco. Su madre cumple la condena en su casa con tobillera electrónica.

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