Un machete o un hacha, el arma homicida en un caso brutal

Policiales
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Juan, un changarín de Burzaco, fue a hasta la casa de su vecino Sandro Lozano (59) a llevarle tres latas de pintura. Necesitaba vendérselas. El comprador lo recibió en la puerta

y no sólo aceptó los tres litros, sino que le pidió que le llevara más. Dos horas después, Juan volvió con los tachos. Lo que encontró lo dejó en shock, aunque atinó a llamar a la Policía.

Según pudo reconstruir Clarín en base a las fuentes del caso, la puerta de la casa de Lozano estaba abierta y su cuerpo yacía en el comedor de la modesta propiedad de Carlos Morganti 824, en Burzaco, partido de Almirante Brown, al sur del GBA. Se había desangrado.

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Los investigadores determinaron que Lozano había luchado con su asesino, que la pelea comenzó en el cuarto y finalizó en la habitación donde estaba el cadáver. No saben si lo mataron con un machete o con un hacha, pero sí que también tenía las muñecas rotas, detallaron las fuentes.

Ahora, la Policía busca intensamente a un joven de 21 años. Lo tiene identificado y su propia madre contó que la madrugada de ese lunes 17, su hijo saltó el paredón de su casa y le pidió permiso para entrar y cambiarse la ropa. Pero ella se negó. Sí vio que el chico estaba lastimado, indicaron las fuentes.

Dos datos claves llevaron a los investigadores a la pista del joven. La primera surgió de las notas diarias que solía tomar la víctima y que hallaron en su casa. En una de ellas se destacaba el nombre del ahora sospechoso del crimen y que tenían una cita.

También por esos papeles, los investigadores dedujeron que el muchacho ya había visitado la casa de Lozano varias veces y que, al menos una vez, se negó a tener relaciones sexuales.

Pero había más: Lozano había escrito que el joven le confesó ser el autor del incendio de su Ford Taunus. Lo había hecho como venganza tras una discusión que habían tenido.

Los investigadores sospechan que esa madrugada del lunes 17 de junio otra pelea entre ambos derivó en una pelea y luego en el crimen de Lozano, quien no gozaba de buena reputación en el barrio pese que a tendría un pasado en una fuerza de seguridad.

“Los vecinos dicen que se dedicaba a reducir autos, a vender cosas robadas y drogas, pero no hay nada probado”, señalaron.

Lo cierto es que en la casa de Lozano los peritos encontraron huellas dactilares y levantaron rastros hemáticos para determinar si también hay ADN del asesino. Y sospechan que el crimen puede estar vinculado con una cuestión más personal que relacionada con las actividades ilícitas con las que vinculan a la víctima.

La causa está a cargo del fiscal Nicolás Espejo, de la UFI N° 7 de Lomas de Zamora, quien ordenó un allanamiento en la casa de la madre del sospechoso.

MLB EMJ

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