20 años de cárcel para "Piedrita", el sicario que aterrorizó a la villa 31

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"Nada que... quiero decir que...yo no....ehhh, todas esas muertes que se me imputan, no tengo nada que ver. Yo soy inocente, no se por qué se me imputan esas muertes. Yo

no maté a nadie. Yo soy inocente y nada más".Veinticinco segundos usó este lunes Juan Honorio Inga Arredondo (27, alias "Piedrita") para dejarle a los jueces del Tribunal Oral Federal 6 una última impresión antes de pasaran a deliberar para determinar si lo encontraban culpable de cuatro homicidios cometidos en la Villa 31 bis de Retiro.

Señalado como uno de los gatillos más importantes del narco peruano César Morán de La Cruz (42, alias "El Loco César") -actualmente preso- "Piedrita" no logró conmover demasiado a los jueces que tres horas después de sus "últimas palabras" lo condenaron a 20 años de prisión.

El veredicto no fue tan duro como había pedido el fiscal Diego Velasco en su alegato. Velasco, quien debió luchar con un juicio en el que varios de los testigos se sintieron amenazados, había pedido prisión perpetua para "Piedrita"por cuatro muertes, una de ellas precedida de tormentos.

El tribunal le dio la razón de dos de los cuatro casos: los crímenes de Mónica Rojas Palma (32) y de Maicol Sánchez Ircash. Aunque los fundamentos recién se conocerán en las próximas semanas, los jueces consideraron que estos casos estaban más fundamentados que los otros dos dado que en ambos se había usado un arma calibre .9 mm., secuestrada en el búnker de la villa conocido como "Casa del Pueblo" durante el operativo de detención de "Piedrita".

Los crímenes

El primero de los homicidios por el que ahora fue condenado Inga Arredondo ocurrió la noche del 6 de junio de 2015 y se cree que "Piedrita" estuvo acompañado por al menos una persona más, un sobrino de "El Loco César", desaparecido de la villa desde 2015. Por eso en su veredicto el TOF 6 ordenó que se investigue a los "coautores".

Ese día, cerca de las 21.30, "Piedrita" irrumpió a los tiros en la casa de Mónica Rojas Palma. En principio, ella logró correr y entrar en una peluquería lindera. Pero allí terminó acorralada. Murió luego de recibir seis tiros en la cabeza, el pecho y el abdomen. La mujer tenía dos circunstancias en su contra: "El Loco César" (jefe de "Piedrita") la odiaba porque le llenaba la cabeza a su esposa y, además, Rojas Palma tenía una casa muy bien ubicada, con salida a dos pasillos, ideal para usurpar.

Menos de un mes después fue asesinado muy cerca de allí un joven adicto que, se cree, tenía una deuda con la banda. El 3 de julio, Diego Alejandro Giménez Verón (20) fue secuestrado en la villa y llevado a la llamada "Casa del Pueblo" (búnker de la gente de "El Loco César").

Allí lo torturaron y le cortaron tres dedos de una mano con un mensaje: que a ningún otro se les ocurriera traicionarlos. Finalmente lo fusilaron en la calle. Por este caso Inga Arredondo fue absuelto y también lo exoneraron de otro homicidio ocurrido dos días después, el de Jean Marques Leao (20).

El joven estaba parado en la puerta de su casa e intentó correr cuando vio llegar al grupo de "Piedrita", pero fue asesinado en la calle frente a la casa 258 de la manzana 11. Le dispararon 25 veces. Se cree que en venganza por una muerte. Su madre fue la única querellante en la causa con el patrocinio gratuito de la Facultad de Derecho de la UBA. Se mostró desconsolada cuando el tribunal absolvió al acusado por este crimen. La mujer lloraba aferrada a la campera de su hijo en la que claramente se notaban los impactos de bala que lo mataron.

El último homicidio atribuido al sicario se dio por probado de igual formal que el primero. Fue el de Maicol Sánchez Ircash (28), el 15 de julio de 2015. Éste terminó con seis balazos en la espalda y cuatro en el pecho. Al parecer "Lagrimita", quien tenía antecedentes por narcotráfico, pisó el territorio de Inga Arredondo y por eso lo mataron. La pieza fundamental fue el arma calibre . 9 mm secuestrada en la "Casa del Pueblo".

Aunque para la fiscalía y la querella el veredicto fue blando Juan Honorio Inga Arredondo seguirá detenido por muchos años más. Lo más complicado es el miedo que aún infunde en la villa 31 bis. A tal punto que cuatro de los testigos del juicio declararon y terminaron bajo la custodia del Programa de Protección a Testigos del Ministerio de Justicia.

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