La masacre de Andreani, el golpe más sangriento de la historia

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El mundo del hampa argentino tiene sus récords. Tal vez algunos no estén del todo comprobados, pero se dice que el Robo del Siglo fue el asalto con

el mayor botín de la historia; que Robledo Puch es el hombre que lleva más años preso (está detenido desde 1972); que en las masacres del "Pabellón 7" de Devoto y de la cárcel de Magdalena murieron 64 y 33 detenidos. Y que el secuestro de Jorge Born, en 1975, fue el más caro: se pagaron 60 millones de dólares de rescate. Lo que no está tan instalado es el golpe más sangriento de la historia. Y cómo fue su final.

Podría decirse que Marcelo Vázquez (22) estuvo en el lugar equivocado aquella mañana lluviosa del 6 de noviembre de 1996. Porque entre la banda de asaltantes que se preparaba para asaltar el minibanco que funcionaba dentro de la sucursal Andreani de Avellaneda había gente que, al menos, sospechaba de lo que podría llegar a pasar. Y entre los tantos policías que merodeaban la zona, también. Algunos lo sabían por completo. Otros lo percibían. Marcelo Vázquez, en cambio, no tenía la menor idea de nada. Estaba trabajando como todas las mañanas.

Marcelo vivía en Banfield, tenía una hermana, un papá, una mamá y un trabajo en Edgar Past, una empresa de Remedios de Escalada que se dedicaba a la fabricación de tapas de plástico para aerosoles. También, estudiaba Computación. La mañana del golpe más sangriento de la historia, un compañero le había pedido que lo reemplazara en el manejo de la camioneta. Entonces, como reemplazante del chofer, tenía que visitar tres lugares. Pero no llegaría al primero.

Días después, un par de testigos afirmarían que lo vieron preguntando sobre una dirección de Valentín Alsina. Y que a los dos minutos un Peugeot 405 le cortó el paso. Lo amenazaron con una escopeta recortada, le pegaron un culatazo y lo obligaron a bajarse y a pasarse a la parte de atrás. La camioneta, el 405 y un Duna blanco enfilaron hacia el objetivo: la planta de Operaciones Generales de la empresa postal Andreani. Quedaba en Pienovi 104, Avellaneda. Nunca se pudo establecer cuántos delincuentes había entre los tres rodados. Aunque hay quienes declararían haber visto un cuarto auto. 

Como era día de pago, un camión de caudales trasladaría el dinero para abonar la mensualidad de los empleados hasta el minibanco de la Banca Nazionale del Lavoro que funcionaba dentro del predio. Sería alrededor de las 11. Así ocurría normalmente. Pero esa mañana también se comentaban cosas que hacían imaginar una mañana anormal.

Y lo anormal no era la lluvia intensa, ni el robo de la camioneta, ni el secuestro de Vázquez. Hacía días que existía el rumor de un posible robo a Andreani. Por eso, y por algunos detalles más que se conocerían durante la investigación, cerca de medio centenar de policías merodeaban el lugar. Incluso, algunos se instalaron del lado de adentro. "Había un movimiento de gente más importante que lo normal: muchos policías de civil y de uniforme. Los rumores decían que supuestamente iban a asaltar a Andreani", le contó Paola López, una empleada de la zona, a Alejandro Córdoba, autor del libro "Ratonera", que se publicaría en 2007 y reconstruiría "la Masacre de Andreani". Los directivos y ejecutivos también habían sido advertidos sobre la posibilidad de que la empresa sufriera un intento de robo. 

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El grupo comando llegó a la puerta de Andreani y el empleado de seguridad encaró al chofer de la Traffic. Le pidió identificación. El hombre entregó su documento. Se llamaba Felipe Meza. Ahí comienzan las cosas anormales: ¿qué delincuente presenta su verdadera identificación a minutos de cometer un robo? Además, afuera, había patrulleros: ¿qué grupo organizado decide entrar a robar sabiendo que hay policías afuera? 

Alejandro Córdoba, el autor del libro, recuerda que lo primero que le llamó la atención fue la impunidad de la banda, que en realidad era otra cosa. "Evidentemente alguien les había dicho que todo iba a salir bien, que entraran a robar", explica. El primer problema del plan surgió cuando la camioneta y uno de los autos entró a Andreani. Los policías que los esperaban adentro comenzaron a dispararles. Al parecer, los integrantes de los otros dos autos entendieron lo que estaba pasando y escaparon sin entrar. Nunca más se los podría identificar. 

"Hay testigos que dicen haber escuchado frases de los ladrones como '¡No me tires! ¡Me conocés!'. Uno de ellos recibió disparos en varios de sus dedos. Y cuando eso pasa es por el instinto natural. Lo fusilaron e intentó taparse la cara", agrega el autor de la investigación.

Se calcula que en el hecho se escucharon más de 300 disparos. Los muertos fueron nueve. En un principio, se informó que se trataba de siete delincuentes y dos policías. Todo cambiaría cuando aparecieron los padres de Vázquez y los investigadores analizaron los perfiles de los siete.

Marcelo no tenía absolutamente nada con ellos. Y los otros seis contaban con algo en común: sus antecedentes por robo. Habían estado detenidos, todos. Pero sin causas previas juntos. Sus barrios también llamaron la atención: eran de José C. Paz, Bernal, Ezeiza, Fiorito. Lugares bien distantes. Se analizaron las visitas que habían recibido durante sus condenas y no hubo una sola persona en común. Así, la versión de que alguien "los había reunido y propuesto hacer el robo en Andreani", empezó a tener fuerza. A eso había que agregarle las declaraciones que afirmaban haber visto patrulleros afuera. Estacionados a metros de Andreani, antes de que se escucharan los disparos. Suena difícil creer que los ladrones no los hayan visto. 

Dos días después de la masacre, o sea el 8, la Policía Bonaerense reconoció que Marcelo no era el séptimo delincuente, sino que se encontraba secuestrado en su camioneta y que lo habían asaltado antes de ingresar al predio. Al parecer, esa misma mañana, a la banda se le habría roto una camioneta igual a la de Vázquez. En el apuro, se les ocurrió robar otra. La hipótesis de la jueza Silvia González es que si lo liberaban, Marcelo hubiese denunciado el hecho y la Policía podría encontrarlos camino a Andreani. Pero como creían que todo saldría bien, y no se dispararía un solo tiro, no le avisaron a la Policía que entrarían con un rehén

Una imagen del robo a la sede de Andreani, en 1996. (Archivo Clarin)

Una imagen del robo a la sede de Andreani, en 1996. (Archivo Clarin)

Pero todavía falta contexto. Dos meses antes de la masacre, Eduardo Duhalde, gobernador de la provincia de Buenos Aires en aquel entonces, había nombrado como jefe de la Policía Bonaerense al comisario Adolfo Vitelli, en lugar del cuestionado Pedro Klodczyk. Horas antes del cambio la revista Noticias había publicado la recordada tapa de Klodczyk con la leyenda de "Maldita Policía". Había, también, otros dos candidatos que se habían quedado con las ganas de ocupar el puesto: Mario Naldi y Mario "Chorizo" Rodríguez.

Según la investigación de Córdoba, los dos creían que aún estaban a tiempo de cumplir la meta de ser jefes de la Policía Bonarense, que manejaba un presupuesto mayor a los 600 mil dólares. Sentían que Vitelli duraría poco en el cargo. "En la disputa por la sucesión presentaban ante la prensa 'grandes golpes' contra la delincuencia organizada. Pero había muchos puntos oscuros en cada golpe; con olor a connivencia entre ladrones y policías", recuerda. Sin embargo, ante los periodistas, los resultados de las intervenciones policiales eran presentadas como "exitosas". 

Los padres y la hermana de Marcelo Vázquez, en una foto de 2006, reclamando justicia. (Archivo Clarin)

Los padres y la hermana de Marcelo Vázquez, en una foto de 2006, reclamando justicia. (Archivo Clarin)

Mario Rodríguez era el entonces titular de la Unidad Regional de Lanús. Presentó el hecho de Andreani como lo solía hacer. Habló de la peligrosidad de los delincuentes abatidos, mostrando el arsenal (que incluía dos granadas) que les habían secuestrado y los antecedentes penales con los que contaban. El cuestionamiento llegaría cuando se descubrió que Marcelo Vázquez era un rehén. A las semanas, Rodríguez, muy cuestionado por el caso, sería dado de baja de la Bonaerense. Obtuvo un "retiro activo voluntario". 

El 6 de noviembre de 2006, en el décimo aniversario del caso, la causa se archivó: con los ladrones muertos y los prófugos desaparecidos, ni siquiera se pudo determinar quién mató a Vázquez. Tampoco, quién sería la persona que habría presentado a policías y ladrones. Más adelante, la familia Vázquez le ganaría el juicio civil al Estado. Y el Gobierno bonaerense ofrecería una recompensa de hasta 200 mil pesos para quienes den información para "esclarecer o individualizar a los actores, cómplices o encubridores" de la llamada "masacre de Andreani". Pero todo quedó en la nada.

"Entendemos que existe plena prueba de la coparticipación delictiva -con asociada planificación conjunta- de al menos gran parte del grupo que intenta ingresar al predio con los policías que de civil están en la referida estación de servicio tres horas antes de la masacre", le dijo a este diario Oscar Vázquez, abogado de la familia Vázquez, hace diez años, cuando la causa se archivó. Se refería al bar de la estación de servicio cercana a Andreani en la que un grupo de ladrones y policías habrían tomado café.

La jueza González habló sobre esa reunión: admitió en la resolución que "es una sugerente coincidencia que no he podido explicar a lo largo del proceso". En la causa también declararían ladrones que lograron explicar el paso a paso de las "ratoneras", señalando a Mario Rodríguez y algunos de sus hombres como "entregadores" de información para concretar ciertos robos, o de liberarles la zona para lo mismo. También se recibieron llamadas anónimas que afirmaban la connivencia entre ladrones y policías. Nada pudo corroborarse.

En la edición de Clarín del 6 de noviembre de 2006, en el décimo aniversario de la Masacre, los Vázquez hablaron. "La Policía fue la que les dio las armas a los asaltantes. Queremos que se los acuse de homicidio, asociación ilícita y suministro de armas y municiones", rogaron.

AS