En pleno auge feminista, menos de un tercio de los bebés porteños nacidos desde 2015 llevan el apellido materno

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Las luchas y movimientos feministas crecen, ganan terreno a nivel nacional y, probablemente, se visibilizan con más fuerza en la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, un dato curioso surge

de la mano de la identidad formal de los chicos nacidos en Capital en los últimos tres años y medio. Desde 2015 hasta junio de este año, menos de un tercio de los bebés porteños llevan el apellido materno junto al paterno.

El número surge del Registro Civil de la Ciudad, dependiente del Ministerio de Gobierno porteño. Las cifras muestran que entre 2015 y 2017, además, la estadística fue descendiendo. En 2015, de los 71.285 chicos nacidos en Capital, 23.245 (32,61%) fueron inscriptos con ambos apellidos. En 2016, de los 75.565, apenas 20.358 (26,94%) se anotaron de ese modo. El año pasado, por su parte, de 71.492, hubo 18.416 (25,76%) con ambos apellidos y, hasta junio de este año, de un total de 32.971 hubo 10.265 (31,13%). Así, desde 2015, sólo el 28,76% de los bebés oriundos de Capital siguieron este parámetro.

Dora Barrancos, socióloga e historiadora feminista y miembro del directorio del Conicet aseguró a ámbito.com que la estadística no le sorprende. "Hay una larga estructura simbólica acerca de la patrilinealidad. A pesar de todos los avances de los feminismos, todavía es muy pronunciada la elección del padre para un mayor protagonismo en la identidad", sostuvo.

Las implicaciones del apellido paterno tienen que ver con "una identificación importante en el orden simbólico". La intelectual explicó que "el orden simbólico del que a menudo habla inclusive la propia teoría psicoanalítica es el orden del padre" y adelantó que "hasta desmoronar ese contenido simbólico, la fuerza y la potencia que aún tiene ese mandato, va a pasar algún tiempo".

Esta tendencia que parece tan difícil de revertir, para ella "es un arraigo patriarcal: no está escrito en otro lado que no sea en las arraigadas convenciones valorativas patriarcales", resaltó Barrancos.

La socióloga estimó que los cambios en este orden podrían darse en unos 50 años y que ello "sería un indicador de que muchísimos vínculos están trastocando los mandatos de la identificación patriarcal, porque eso es un acuerdo entre los progenitores; se estarían quebrando esas fortalezas patriarcales".

Dentro de los parámetros actuales, la investigadora destacó que "la idea de sobrevivencia es de la madre y la de la formalidad y el valor identificatorio lo sigue teniendo el padre". En base a esto y a las muchas disparidades que sufren las mujeres, Barrancos mencionó que "necesitamos una sociedad de equivalencias, de equidades, de igualdades en la enorme capacidad y diversidad que tenemos los seres humanos".

Consultada acerca de un posible incremento en la inclusión de los apellidos maternos en el futuro, señaló: "Algún día todo esto se va a minar. Me parece que en las próximas décadas va a haber cambios pero para los definitivos, para que haya casi paridad numérica, va a pasar mucho tiempo todavía". Sin embargo, un dato irrefutable la hizo dudar y dejó una puerta abierta, esperanzada en probables cambios: "Mientras tanto, las jóvenes se han tornado extraordinariamente feministas. Así que hay que pensar si una está equivocada y la cosa sea mucho más rápida".

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