¿Ahora magia por siete meses?

Jorge Raventos
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Desde la semana anterior se sabía que el gobierno anunciaría el miércoles 17 un plan que se propone aliviar las dificultades económicas de la población (y, de paso, tranquilizar a los aliados que le reclaman menos ajuste y más atención a la caída de la imagen presidencial en las encuestas). El martes 16, el inefable economista Juan Carlos De Pablo advertía: “Va a haber un anuncio, habrá que ver quién lo dice y si le creemos o no". Por Jorge Raventos


De Pablo dio dos veces en el blanco con una sola frase: el anuncio necesitaba un protagonista y dependía de algo tan sutil como la credibilidad (del público y de los mercados).


Protagonismo, confianza y redes sociales


El anuncio no tuvo un protagonista, sino tres. Los estrategas electorales de la Casa Rosada decidieron “no arriesgar” al Presidente ante la prensa con una enumeración de medidas que estaban en flagrante contradicción con “el único camino” trazado hasta unas horas antes por el gobierno y prefirieron presentar a Macri en un simulacro de visita espontánea a una vecina de Colegiales y un simulado video casero que velozmente colgaron en las redes (con tecnología poco casera).

Esa gambeta propagandística, que delegó el anuncio formal en tres ministros (Carolina Stanley, Nicolás Dujovne y Dante Sica), le habrá ahorrado algún eventual desgaste al Presidente pero ratificó la impresión de que el gobierno, presionado por la circunstancia electoral, no sólo está modificando su discurso sino, además, que lo está haciendo sin convicción. Eso se paga con credibilidad. Cuando la confianza escasea (o se ha erosionado por demasiados ensayos de prueba y error) su costo se eleva. Y puede volverse inalcanzable. Las redes sociales no son un banco de credibilidad.

La magia y el día después


El riesgo país trepó a 850 puntos y las acciones argentinas cayeron 8 puntos en Wall Street. Los volátiles mercados reaccionan rápido. La reacción del público dependerá del efecto que las medidas que empezarán a aplicarse la semana próxima produzcan sobre el poder adquisitivo de sus ingresos.

Para un sector de la opinión pública hay, claro, una primera

consecuencia del “programa de alivio”: las políticas que ahora se propone aplicar el gobierno no estaban en su propia caja de herramientas; más bien, habían sido condenadas como artificios mágicos empleados por el kirchnerismo, siempre pintado por la Casa Rosada como la encarnación del Mal, el gran adversario.

El cambio de dirección genera inquietud, sobre todo en fragmentos del electorado propio de Cambiemos. Borges supo aconsejar, sabiamente: "Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos".

Aunque concebido como un parche para anestesiar la impaciencia pública hasta noviembre (el mes del ballotage), el plan oficial no sólo estará expuesto a examen en el día a día de los próximos siete meses, sino que pronto el gobierno deberá empezar a explicar qué propone para el día después. Si tiene éxito en bajar la inflación y contener las variables fundamentales, ¿mantendrá estas políticas permanentemente o, en caso de que las urnas determinen una nueva victoria de Cambiemos, eliminará el parche y volverá a la ortodoxia del ajuste? En plena campaña electoral tanto los ciudadanos como la oposición, los mercados y sus propios votantes reclamarán respuestas.


Inflación: los promedios engañosos


El Plan Alivio fue una jugada obligada. Los intentos de disimular la pésima performance inflacionaria con el paraguas del “mal de muchos” ya estaban agotados. El 1 de abril, desde Junín el Presidente minimizó los guarismo actuales -47,6 por ciento en 2018- comparando con “ una inflación que, en 80 años, ha sido en promedio 62,5 por ciento, sin contar los años de hiperinflación. ¿Se dan cuenta?”.

La rigurosa organización Chequeado ajustó y puso en contexto esa afirmación: “De los 80 años marcados por Macri, 21 tuvieron una inflación mayor que la de 2018. En el resto (59 años), la inflación fue menor al 47,6 por ciento”. El viejo truco de los promedios.

Se puede avanzar más en ese sentido y analizar, si no los 80 años que aludió el Presidente, al menos 70, para empezar la serie allí donde el oficialismo suele señalar el origen de los males: en la presidencia de Juan Perón.

Si se consideran esos 70 años, en 31 de ellos hubo una inflación de menos del 20 por ciento (en 18 años, de menos del 10 por ciento; en 18 casos hubo una inflación de entre el 20 y el 45 por ciento; en 21 casos hubo inflaciones de más del 45 por ciento.

Si se discrimina la serie por líneas políticas de los gobiernos, entre los años con inflaciones menores al 20 por ciento, 23 años corresponden a gobiernos peronistas, 4 a gobiernos militares, 3 a gobiernos radicales.

De los 18 años con menos de 10 por ciento de inflación, 15 ocurrieron bajo gobiernos peronistas, 2 bajo gobierno radical (Fernando De la Rúa) y uno bajo gobierno militar (Juan Carlos Onganía).

Los casos con inflación superior al 45 por ciento se distribuyen entre: 9 años con gobiernos militares; 7 años con gobiernos radicales (se contabiliza a Frondizi como radical); 4 años con gobiernos peronistas y 1 año (el último) con el presidente Macri.

Más allá de esa historia, por el momento el gobierno considera plausiblemente que con el Plan Alivio (o “Plan Lleguemos”, como lo han bautizado los chuscos) al menos se ha proporcionado un alivio a sí mismo. Después de que el INDEC anunciara la inflación de 4,7 por ciento en marzo, se ha conseguido proyectar las expectativas hacia adelante.


Polarización y “espejismo demoscópicos”


Sin embargo, la realidad no deja mucho tiempo para el sosiego. La lógica de la polarización que las usinas electorales oficiales han motorizado sin pausa muestra algunos perfiles amenazantes. Un estudio de opinión pública difundido esta semana estimó que Cristina de Kirchner ganaría un ballotage frente a Macri por nueve puntos.

Esas cifras son una verdadera incitación a que la señora de Kirchner abandone cualquier idea de abstenerse de ser candidata: ¿quién renunciaría a una victoria que le pintan como tan probable?¿Cómo convencer a los cuadros propios, ansiosos de marchar chupados por esa fuerza arrolladora?

El hecho de que la encuesta esté producida por una consultora que habitualmente mide para el oficialismo puede, según se mire, avalar esos datos que elevan las chances de quien es, para la Casa Rosada, la principal adversaria o, al revés, despertar suspicacias. ¿Y si solo se tratara de una ilusión, de una apariencia ?, se pregunta en La Nación el siempre penetrante Eduardo Fidanza. Si se comprobara que “la ex presidente no posee la fuerza que se le atribuye -concluye - habría que pensar que es un espejismo demoscópico al que contribuyeron mucho menos sus fieles que aquellos que la necesitan para atizar el enfrentamiento taquillero de los buenos contra los malos”.

Es cierto que la encuesta también aportó un poco al alza del índice de riesgo país y provocó temor en algunos círculos financieros, pero, como acotó otro columnista, coincidiendo en el punto con Fidanza: “esa inquietud es explotada por parte del propio equipo electoral de Cambiemos. Macri y sus ministros le están diciendo a los sectores de poder: Ustedes deben elegir entre nuestro esfuerzo y el regreso del populismo".

Si la encuesta que se ha hecho trascender no fuera un “espejismo demoscópico” ni una carta marketinera para atizar la polarización, la preocupación electoral del oficialismo debería ser a estas alturas poder llegar al ballotage. Apenas tres semanas atrás la Casa Rosada le prometía a sus aliados una victoria en primera vuelta.

En agosto del año último apuntábamos en esta columna: “la sensación que inquieta a los inversores es que el país no termina de componer un sistema político estable, que pueda impulsar y mantener reformas básicas.En tal sentido, el verdadero interrogante político de 2019, más que el ganador de la elección es qué fuerzas definirán en el ballotage”.

En la táctica electoral de la polarización hay que buscar la causa del miedo de los inversores y, antes aún, el entorpecimiento y obstrucción de ese sistema estable de consensos básicos.

¿Todo para intentar llegar con parches que el propio oficialismo había denostado hasta anteayer?

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