Poderes opacos versus reclamos de transparencia

Jorge Raventos
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El  último domingo, cuando un equipo global de periodistas independientes hizo estallar el affaire conocido como Documentos de Panamá, se desató un nuevo vendaval moralizante que realimentó la atmósfera de sospechas sobre la política.Por Jorge Raventos

 

 


 Para mortificación del gobierno, estos vientos pudieron despeinar inclusive al Presidente Macri.

 

La penetración por Internet de datos reservados de las grandes concentraciones de poder es una tendencia imparable de alcance mundial que arrasa el secreto, la reserva, el monopolio de la información y adquiere un peso disruptivo capaz de  modificar relaciones de fuerzas. La revelación de hechos punibles genera en la opinión pública el reclamo de justicia.

 

Despertador en Tribunales

 

En el caso argentino, la onda expansiva de la explosión planetaria de los  “papeles panameños” hizo resonar el despertador de la Justicia, que venía desperezándose y de pronto ingresó en zona de hiperactividad. Eco de esa alarma, el Presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, reclamó durante la semana el “nunca más” a la impunidad. Más vale tarde que nunca.

 

Hasta una semana antes el gobierno discutía cuánto énfasis darle a los casos de corrupción más clamorosos del gobierno kirchnerista. Aunque el gurú del Pro, Jaime Durán Barba,desaconsejaba menear ese pasado deletéreo (“la corrupción no mueve el amperímetro de la opinión pública”)  la tormenta soplaba en direcci{on del sistema K (las operaciones de Cristóbal López para crear su emporio empresarial privado con fondos públicos, los impresionantes videos de La Rosadita con familiares y empleados de Lázaro Báez  enfardando millones de dólares, los huéspedes invisibles de los hoteles presidenciales, etc.).

 

Esas fuertes evocaciones  del “capitalismo de amigos” que imperaba durante el kirchnerismo actuaban como contrafigura del actual  gobierno y lo favorecían en la comparación.

 

Pero también lo interpelaban: después de haber sido burlada por un  régimen que se envolvió durante años en la bandera del progresismo para usar al Estado  como “amigo de los amigos”, la sociedad quiere ahorrarse nuevas decepciones, está más vigilante con quienes proclaman la virtud . Y  requiere acción del gobierno para  castigar a los corruptos.

 

Elisa Carrió: culpas y absoluciones

 

Sobre todo, es el propio electorado de Cambiemos el que más exige esa conducta. Dentro de la coalición oficialista, la figura que más protagonismo asume en estos temas es Elisa Carrió, que siempre aspira a manejar la vara de las culpas y las absoluciones. La diputada viene demandando castigos hacia atrás y alertando sobre procedimientos actuales que ella observa con recelo.

 

El miércoles 30 de marzo, después de lanzar algunos misiles contra Daniel Angelici (amigo del Presidente y, según Carrió, operador discreto ante la Justicia)  y de protestar contra los últimos incrementos de tarifas, Carrió fue citada por Macri en Olivos. También estuvo el radical Ernesto Sanz. Macri ya sabía entonces que se avecinaba el huracán  de los papeles de Panamá y quería evitarse soportar dos tormentas simultáneas. Ese día consiguió desactivar el ciclón Lilita y ella salió satisfecha de Olivos.  Sin embargo, sea porque no valoró debidamente la repercusión que tendrían las revelaciones periodísticas del domingo, sea porque no confió en la discreción de Carrió, no comentió ante ella el tema de los papeles panameños.

 

El gobierno tardó en comprender que la investigación que mostraba al Presidente como  co-titular de una sociedad  off shore requería una respuesta rápida, fuerte y franca para no quedar  contaminado en la atmósfera de sospecha que recae casi normalmente y sin demasiadas diferencias sobre la política en su conjunto. Hacía falta transparentar con velocidad, porque en la noche todos los gatos son pardos.

 

Cuando la cuestión panameña pareció  complicársele, el Presidente acudió a Carrió y le envió a ella  documentos con los que la diputada  concedió certificado de buena conducta.  La Casa Rosada comprendería muy pronto que la fama justiciera de la doctora Carrió no alcanzaba en este caso como palabra final. Había que ir a la Justicia. El Presidente lo hizo cinco días después de la denuncia periodística y se tomó el mismo lapso para aclarar personalmente el caso a los medios y a la sociedad.

 

En estos casos, como suele ocurrir con los grandes fenómenos de opinión pública, no bastan los argumentos jurídicos o técnicos, es preciso  ofrecer explicaciones muy convincentes porque, como le dijo Bartolomé Mitre al general  Roca, “en política, cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón”.

 

Hay que anotar que la diputada Carrió había otorgado su indulgencia al Presidente, pero simultáneamente  disparó  sin piedad contra el intendente de Lanús, Nestor Grindetti, exministro de Hacienda de Macri en la ciudad de Buenos Aires y cuadro técnico proveniente del holding conducido por Franco Macri. Grindetti también aparece en los documentos de Panamá (y con una cuenta en Suiza).  “Lo de Grindetti no tiene explicación. Siempre creí que era un corrupto”, sentenció Carrió.  Nadie quiere quedar descolocado en un momento en que la consigna de transparencia recorre el globo y adquiere fuerza en la política doméstica.    

 

Después de la visita de Obama

 

El gobierno se ha visto inesperadamente envuelto en una atmósfera neblinosa, que frustró el brillo que esperaba gozar después de la visita de Barack Obama y después de la aprobación legislativa de las leyes que permiten negociar con los buitres y salir del default.

 

Macri, que recibió un 34 por ciento de los votos en la primera vuelta electoral y ganó con poco más del 50 por ciento, fue elegido, en ambas instancias con expectativas de una conducta virtuosa, diferenciada de la que la sociedad le atribuía (con motivos cada vez más visibles) al gobierno kirchnerista. La sociedad castiga la decepción y a veces adelanta el castigo con la esperanza de neutralizar la decepción potencial.

 

En abril del año 2000, a semanas de asumir el gobierno, la Alianza que llevó a la presidencia a Fernando de la Rúa sufrió su primera crisis por un tema de corrupción que, observado retrospectiva y comparativamente, era poco significativo: el interventor en el PAMI favoreció a su esposa en un contrato menor y fue forzado a renunciar. La beneficiada era hermana de Graciela Fernández Meijide, figura consular de aquella coalición que en algunos sentidos prefigura a Cambiemos. L as fuerzas que se apoyan en ese público son, sin duda, muy vulnerables a las  indagación moralizante. Cambiemos ha heredado gran parte de aquel electorado.

 

El momento actual  no es bueno para tropezones. Obama ya pasó por Buenos Aires y la ley de holdouts ya fue votada. Los efectos benéficos de esos hechos demorarán bastante y entretanto es preciso tender un puente en una situación en que la inflación golpea y el consumo cae.

 

Decencia y equidad

 

El gobierno necesita la mayor energía y la mayor salud  interior para  evitar que se deshaga  la convergencia que pudo lograr para las leyes que permitirán salir del default. Muchas de las fuerzas que concurrieron a ese éxito hoy  tienen reclamos que, en principio, tensan la cuerda con objetivos del gobierno nacional y los desliza hacia una oposición  exigente. El huracán de los papeles panameños introduce una nueva incidencia.

 

Mientras la oposición (inclusive la que ejerce el “apoyo crítico”) coloca su eje en lo social (quejas por tarifazos, despidos, inflación, retraso salarial y jubilatorio, etc.), el gobierno  está forzado a apoyarse en principio sobre sus propias bases, ampliadas con el electorado del ballotage y a darles satisfacción a sus reclamos de castigo a la corrupción. El eje discursivo de esta base  es la  decencia y la transparencia.

 

Sería triste que los ejes de cada uno de esos agrupamientos fueran formulados como excluyentes. La tarea de la política es hacerlos converger, no divorciarlos. La cuestión no puede formularse como “equidad o transparencia”.

 

No habrá progreso social sin  inversión, y la inversión requiere justicia autónoma, previsibilidad, atmósfera de decencia pública. .La transparencia, es un ingrediente de la demanda global para la integración productiva, comercial y financiera.

 

Apoyado sobre la opinión pública interna (los sectores medios urbanos que fueron columna de su triunfo electoral)  y la presión del mundo,  el gobierno quizás pueda presentarse ante sus interlocutores principales (gobernadores, jefes territoriales y sus representaciones legislativos; fuerzas sindicales) con capacidad para que las diferencias converjan en un círculo virtuoso y no se transformen en una fuerza centrifugadora. Debe asumir al menos parcialmente las reivindicaciones de aquellos que necesita para gobernar.

 

Una parte de la tarea parece ahora facilitada. La adrenalina moralizante  activada por los papeles panameños y por las investigaciones locales sobre la corrupción reciente, ha dinamizado  una batería de decisiones  que enfoca los reflectores en maniobras y negocios turbios comprobados y denunciados. Los arrepentidos encuentran motivos para colaborar.

 

 La detención de Lázaro Báez y Ricardo Jaime, la intervención de empresas de Cristóbal López, son señales elocuentes de una nueva situación. No menos que las indagatorias (la primera, el miércoles 13)  que convocan a  la señora de Kirchner.

 

El italiano Giulio Andreotti reflexionaba con cierta crudeza: "El poder desgasta, sobre todo cuando ya no se lo tiene".  La frase merece un corolario: la distancia entre tenerlo y no tenerlo a menudo es tan breve como un parpadeo.

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