Las dudas del Fondo (y las de las empresas)

Jorge Raventos
Lectura

En el Fondo Monetario Internacional no consumen solamente planillas de Excel, también leen encuestas sobre la situación política argentina. Y en esa literatura especializada el triunfo oficialista, que parecía una certeza algunos meses atrás, se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en una probabilidad entre otras.Por Jorge Raventos



Los técnicos del Fondo se entrevistan en Buenos Aires con economistas del planeta K (lo hicieron la última semana con Axel Kicillof, el principal asesor en la materia de la señora de Kirchner) y se interesan por el pensamiento de las fuerzas que crecen fuera de la polarización (el lunes 18 conversarán con Roberto Lavagna). Están urgidos por conocer los posicionamientos y los planes de los desafiantes del oficialismo, que van ganando terreno en la opinión pública.

El malestar empresarial

Los técnicos del FMI siguen con atención la información política y atienden como confesores discretos las impresiones que les transmite el mundo empresarial. Se enteran, así, de que la lógica de la polarización inquieta a los hombres de negocios tanto como la situación económica (¡y esto es decir mucho!).

Se puede iadivinar lo que los líderes de la producción comentan ante los técnicos del organismo financiero leyendo crónicas que reflejan el estado de ánimo del sector. Prevalecen las tonalidades sombrías: las firmas que no lamentan la caída de sus ventas se quejan de la presión impositiva, del hundimiento de la rentabilidad. Según la siempre enterada Silvia Naishtat (Clarín, 12 de febrero), para el presidente de la Unión Industrial Argentina, Miguel Acevedo, “no hay sector que esté a salvo”. Las cifras hacen coro con fría elocuencia: la industria cayó tres puntos y medio durante 2018 y caerá casi tres puntos en 2019, según la estimación de los expertos. La empresa más poderosa del país - Techint- se dispone a reclamar ante la Justicia por un retiro de subsidios y un inesperado cambio de reglas de juego dispuesto por el gobierno que afecta sus cuantiosas (y exitosas) inversiones en Vaca Muerta.

No obstante, incluso con ese cuadro como telón de fondo, la mayoría de los empresarios muestra más preocupación por el futuro que por el presente. Temen que la estrategia política que desarrolla el gobierno (azuzar la polarización) incremente la influencia de la señora de Kirchneer y le permita a ella, incluso sin adjudicarse una victoria, convertirse en una fuerza capaz de bloquear reformas que consideran indispensables y poner en peligro la gobernabilidad. Los interlocutores extranjeros de los líderes empresarios escuchan esos temores.

Aunque estén sufriendo el ajuste que conduce la Casa Rosada, sometidos a la disyuntiva que la estrategia electoral oficialista busca reforzar, la mayoría de los empresarios votarían la reelección de Macri, pero no ocultan su incomodidad ante esa opción aparentemente obligada.

Así como el FMI ausculta futuros posibles, estimulados sus temores por la declinante evolución de la imagen presidencial en las encuestas, un número no desdeñable de hombres de empresa explora en estos días algunos caminos laterales.


Explorar lo improbable

Se preguntan, por ejemplo, si es posible contribuir a que la señora de Kirchner evite su participación personal en la elección de octubre (y en todo caso, cómo hacerlo). Aunque prevalece un razonable escepticismo sobre el éxito de esas imaginadas gestiones, ellas en modo alguno se han descartado. Por el contrario, se están buscando los mediadores más adecuados para encaminar tales tratativas.

En paralelo, se trabaja en un plan B. Si se torna imposible acordar un paso al costado de la señora de Kirchner y, además, las chances del gobierno se siguen encogiendo, ¿hay caminos para rediseñar el cuadro político que emergerá de las urnas de octubre-noviembre?

Es natural que, en esa hipótesis, circule con fluidez el nombre de Roberto Lavagna. El ex ministro de Economía tiene vínculos óptimos con el mundo empresarial, particularmente con la industria, a lo que agrega su experiencia como piloto de tormentas (manejó con eficacia la salida de la crisis y el proceso de reactivación desarrollados entre finales de la presidencia de Eduardo Duhalde y primeros años de la de Néstor Kirchner) y sus muy buenas cifras en las encuestas de opinión pública en las que hoy es la única figura política de primera línea con imagen neta positiva (hasta María Eugenia Vidal, que se encontraba en la misma categoría, últimamente sobrelleva una leve superioridad de las opiniones de rechazo sobre las de aprobación).

En la otra columna del cuadro de fortalezas y debilidades de la hipótesis Lavagna, los analistas empresariales ubican el bajo conocimiento que el economista registra en el electorado más joven; suman también los condicionamientos que se le plantean desde sectores del peronismo federal que le reclaman que someta su eventual candidatura a una elección interna. Allí hay un punto conflictivo: Lavagna no contempla ser candidato como fruto de la competencia en el seno de una facción política, sino, en todo caso, del acuerdo y coincidencia de varias (peronismo federal incluido); claro que no hay espacio político realista para candidaturas diferenciadas del economista y de algún postulante del peronismo alternativo. Para que haya chances consistentes, de ese universo debe energer un solo candidato (no varios).

Un componente básico del realismo es el costo de las campañas y las espaldas financieras para bancarlas. Los grupos empresariales que analizan estas perspectivas pueden estar dispuestos (o resignados) a hacer un esfuerzo, pero sólo pasarán de la potencia al acto si el “plan B” tiene chances plausibles de ayudar a recomponer el sistema político y de aventar las posibilidades más inquietantes.

Exploraciones, indagaciones, estudios: aunque se transita ya la segunda quincena del segundo mes del año electoral, la incertidumbre y las vacilaciones no se disipan.

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