¿Grieta o abismo?

Enrique G Avogadro
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La noticia de la semana, sin duda alguna, después de veinte años de negociaciones, fue la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Comunidad Europea. Dada su importancia, deberé referirme al mismo la semana próxima, pero adelanto mi satisfacción enorme por su concreción. por Enrique G. Avogadro. -Especial de Total News-

 


“Seguridad jurídica y clima de negocios son palabras horribles”.
Axel Kicillof

 

Con las candidaturas ya oficializadas, los argentinos nos enfrentamos no ya a una grieta a la cual estábamos acostumbrados, sino a un paso de caer al abismo de la desaparición de la República, tal como surge de los dichos de todos quienes giran alrededor de Cristina Fernández. A pesar de mi convencimiento acerca de la imposibilidad que tienen los encuestadores para determinar con exactitud el resultado de unas elecciones tan cruciales, debido a la cantidad de indecisos que aún se detectan, se pueden hacer algunas deducciones.

La primera de ellas es la magnitud de los núcleos duros que reúnen tras de sí las fórmulas Macri-Pichetto y Fernández², es decir, entre un 30/35% de fidelidad total de sus votantes; sin embargo, los demás candidatos (Lavagna, Gómez Centurión, Espert, Del Caño, etc.) podrán causar daños a los resultados que obtengan cada una de aquéllas en las tan discutibles PASO, pero ya nadie duda que sólo serán testimoniales.

Tiemblo de sólo pensar qué puede pasar en la economía –inflación, riesgo-país y dólar- si en esa inútil “gran encuesta nacional”, por cierto muy costosa ($ 4500 millones, que debieran tener mejor destino), Alberto y Cristina obtuvieran una marcada ventaja ante la fórmula reeleccionista; que cada uno saque sus propias conclusiones.

Y así, llegaremos a la primera vuelta de octubre, se abrirá el telón del verdadero escenario y el abismo se nos mostrará en toda su dimensión. Porque es posible que cualquiera de ambas alcance el 45% que, en el original sistema electoral que nos hemos dado, la lleve automáticamente al triunfo; pero debe quedar claro que la responsabilidad por el riesgo actual de que el kirchnerismo populista y ladrón regrese, cae exclusivamente sobre las espaldas del Gobierno.

Precisamente por eso, en mi columna del sábado pasado, apelé al buen sentido y al patriotismo de Juan José Gómez Calderón y de José Luis Espert, proponiéndoles que renunciaran a competir por un cargo al que les resultará imposible acceder, pero mantuvieran sus razonables pretensiones de llevar a sus candidatos a legisladores al Congreso. A pesar de haberlas inscripto, aún están a tiempo de concretarlo; si no lo hicieran y los resultados probaran que, debido a su obstinación, perdimos la República, la historia será inmisericorde con ellos.

En la crucial Provincia de Buenos Aires, donde se gana por un solo voto, el panorama es similar entre María Eugenia Vidal y el autor de la singular frase que sirve de epígrafe a esta nota; es el mismo personaje que se regodeaba en no contar a los pobres, porque implicaba estigmatizarlos, o en celebrar acuerdos con tono triunfalista que, en verdad, fueron monumentalmente ruinosos para el erario público, como el que nos costará otros US$ 5.000 millones por la ‘estatización’ del 51% de YPF.

Esa decisión, tan aplaudida en su momento por una chusma ignorante e inescrupulosa, debiera ser revisada por varias razones, ya que curiosamente no afectó a las acciones en poder de los Eskenazi –eternos testaferros de los Kirchner con sus empresas Petersen- y por la razonable sospecha de que, detrás del fondo Burford que reclama en Nueva York contra la Argentina, están también los sucesores de don Néstor.

La Justicia dio la nota otra vez esta semana ya que, además de elevar a juicio oral otras causas que tienen a la ex Presidente como principal imputada, repitió con Alberto Samid –sí, el mismo que hubo que ir a buscar a Belice tras fuga del país- la decisión que había beneficiado a Omar “Caballo” Suárez, el ex Secretario del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos juzgado por extorsionar a las compañías de transporte para permitirles operar en nuestros puertos, es decir, le otorgó la prisión domiciliaria por teóricos problemas de salud no susceptibles de ser tratados en la cárcel.

Leer en los diarios cuáles son esas afecciones me produjo una sideral indignación porque, lisa y llanamente, los jueces nuevamente se nos ríen en la cara, tanto como cuando aceptan que Florencia Kirchner permanezca en Cuba a pesar de las dudas del Cuerpo Médico Forense respecto a su tan oportuna e inventada enfermedad, o se conceden a su madre reiterados permisos para visitarla –el martes viajará otra vez- o para faltar a las audiencias aduciendo falsas actividades parlamentarias.

Porque, mientras eso sucede, dos mil soldados ancianos, muchos de los cuales llevan más de una década en prisión preventiva, sufren gravísimos problemas de salud tan desatendidos que han llevado a la muerte, en las mazmorras del mismo Estado que defendieron frente al terrorismo, a más de quinientos de ellos.

Pensar en ellos me lleva, necesariamente, a hacer una pregunta retórica: ¿el Vaticano se habrá quedado sin rosarios? SS Francisco ha sido enormemente dadivoso regalándolos a los políticos presos por el genocida saqueo al que sometieron al país durante doce años, pero no ha enviado uno solo a los militares ni a los sacerdotes que los acompañan tras las rejas. ¡Curiosa actitud de quien tanto habla de los pobres, principales damnificados por los siderales robos kirchneristas!

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