Un balance para la memoria

Economia
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No soy fundamentalista. No siempre ganan los mejores. No siempre los premios son justos y los castigos merecidos. Pero tengo claro que cuando las cosas no salen bien, hay que hacer

algo y rápido. En Argentina van muchos años de frustración. También es cierto que los responsables somos muchos. Pero no podemos caer en la tentación de pensar que lo somos todos, porque cuando decimos “todos” en realidad estamos diciendo “ninguno”. Por esta razón, entre otras, repetimos errores hasta el cansancio.

Yendo al grano: la gran mayoría de los argentinos pensábamos que Cristina no volvía más y hoy la tenemos nuevamente en el poder. La política ensaya sus propios análisis. Desde esta columna muchas veces afirmamos que el gobierno saliente se sentía reelecto y ya pensaba la fórmula para el 2023. También decíamos que se estaban haciendo las cosas mal y que por eso pagaríamos consecuencias. El archivo nos avala. Las últimas elecciones lo confirmaron.

Las empresas comerciales realizan siempre su propia “Memoria y Balance”, una herramienta de mucha utilidad y que va más allá de sus números. Ensayaré uno que sirva de registro, y que la Memoria pueda ayudarnos en el futuro. No sea cosa que las propuestas de la “nueva política” intenten nuevamente engañarnos.

Encuestas

Empecemos por lo más grosero. ¿Se pueden seguir equivocando tanto? Si sólo fueran operaciones tampoco han demostrado su utilidad. ¿Es un problema de recursos? ¿Las muestras son insuficientes y no representativas? ¿Harán autocrítica en algún momento? ¿Seguirán teniendo el mismo espacio en los medios? ¿Para qué sirve tener en la mesa de luz un termómetro que mide erróneamente?

Marketing y Publicidad

Escribir libros y dar clases en la Universidad no garantizan nada. Y el caso de Durán Barba así lo demostró. Ganó cuando el PRO jugaba solo en la Ciudad (en la que el peronismo ganó las legislativas del 93 con Erman González). Incluso De La Rúa le ganó unas legislativas al peronismo en la Ciudad cuando regresó en 1973. Cuando DB tuvo que jugar en la liga mayor a partir del 2015, y con todo a favor, hizo todo mal. Solo algo para recordar: revolución de la alegría y globos, ocultar la herencia recibida, brotes verdes. Pensaron que habían encontrado una nueva fórmula para la política, pero no. Sus sofisticadas teorías los llevaron al fracaso. Fueron ayudados por la mayoría de los periodistas que tuvieron frente a Durán Barba una actitud timorata, superficial, poco profesional. El Gobierno le dio demasiado protagonismo y decisión. El mayor error fue impedir el desdoblamiento de las elecciones de la provincia de Buenos Aires. Fueron soberbios en pensar que existe un solo camino. Y en épocas en las que, para la publicidad está contraindicado no hacer lo que se dice. Como todo autoritario, se rodeó de un equipo funcional y que recitó frases que nos siguen estremeciendo. Estuvieron cómodos. Nadie preguntaba, y menos repreguntaba.

Periodismo

Prefiero hablar de periodistas y no de medios. Recuerdo en el año 1985 el nacimiento del programa “Desayuno” en Canal 13 (todavía en manos del Estado) creado para contrarrestar las tapas de los matutinos que, según el oficialismo, “hostigaban” el gobierno de Raúl Alfonsín. En épocas en donde solo había cinco canales de aire, sonaba lógico “pelear la agenda” con 5 puntos rating. La paranoia política siempre existió independientemente de la realidad. La relación de los gobiernos y los medios siempre será compleja. Gomez Fuentes y la dictadura. Olgo Ochoa y el menemismo. El kirchnerismo y 678… en fín… la nueva política y el nuevo periodismo siguen sin llegar. Ya sea por una fuerte concepción antiperonista, por los duros años K, o simplemente por la generosa pauta oficial, los periodistas militantes siguieron allí. ¿Hace falta nombrarlos? Y pensar que se burlaban de Brancatelli.

Más que deseos, necesidades imperiosas

Agrandemos programas de otro tipo, amplios, que no implica suavizar opiniones sino deponer actitudes. Menos operaciones y más periodismo. A los marketineros y publicitarios: más rigurosidad, obvio para aquellos que estén en condiciones de ejercerla, no es el caso de los que trabajaron para este gobierno nacional. Las exigencias son mayores que con las marcas comerciales. Se trata de sostener políticas de Estado, apoyar acciones vinculadas con la salud, la educación, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y la salud democrática de un país. La incorporación de profesionales a la tarea tiene que surgir por sus condiciones técnicas y humanas y no por pertenencias sociales. Mucho menos por coincidencias místicas.

El problema de los encuestadores no se resolverá con cambios en sus metodologías de trabajo. Aunque una autocrítica después de tantos errores y una cuota de pudor no vendría nada mal.

Contradiciendo a un ex presidente, creo que no somos un país condenado al éxito. Para aprender de los errores, primero debemos reconocerlos, y ponerlos en palabras es imprescindible. No hay dueños de verdades absolutas, debatamos. Ese debería ser uno de los roles del periodismo.

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