Martín Guzmán: "Argentina necesitará una negociación de la deuda más compleja que otros países"

Economia
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Martín Guzman es un economista argentino, investigador y profesor en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Allí también es director de un programa sobre reestructuraciones de deudas soberanas, un tema

que ha seguido exhaustivamente en la última década y, particularmente, para Argentina. Trabajó y es coautor con el Nobel en Economía, Joseph Stiglitz. “Las condiciones de trabajo acá son inmejorables”, cuenta sobre su día a día en el primer piso del Uris Hall, el edificio de la Escuela de Negocios donde está ubicada su oficina, junto a la 116 y Broadway en el norte de Manhattan. Pese a vivir en Nueva York, tiene conexión con la dirigencia del Frente de Todos. Días atrás recibió a Sergio Massa y conversa con otros líderes del espacio. A continuación, va un resumen de la charla:

—En 2020 vencen US$30.000 millones y casi US$20.000 millones en los primeros seis meses, ¿cómo se sortea ese arranque de gestión?

El problema central que enfrenta el país es la deuda. Si no lo resuelve, no habrá forma de implementar un programa macroeconómico que le permita recuperarse. De ahí que reperfilar los vencimientos sea imperioso. El tema es qué tipo de reperfilamiento hacer. En mi opinión, no sólo deben incluirse el capital sino también los intereses. Argentina necesita una negociación bastante más elaborada y compleja que la que hicieron otros países.

—¿Qué quiere decir más elaborada?

Si se hace algo con los intereses surgirán preguntas del tipo “qué sucederá con los cupones, las tasas y los plazos”, por ejemplo. Esto requerirá de un tipo de negociación diferente a la que muchos dan a entender con sólo extender el plazo de pago del capital. Alargar el vencimiento del principal implica cambiar un contrato por otro parecido, sólo que vence más adelante, mientras los bonistas seguirían cobrando un cupón a los valores estipulados y en un contexto de tasas internacionales bajas. Esto puede ser un buen negocio y por lo tanto más fácil de lograr en una negociación. Pero sería un reperfilamiento que no funcionaría para la macroeconomía.

—¿Por qué?

Porque hay una restricción presupuestaria. Hay cuatro alternativas de recursos: ajustar gasto, subir impuestos, emitir pesos para comprar dólares del saldo comercial o tomar más deuda. Las dos primeras son contractivas y la tercera generaría presión sobre el mercado cambiario y caída del salario real. ¿Tomar más deuda? El tema es con quién. Una posibilidad es un reperfilamiento que no incluya los intereses y apostar a un shock de confianza para regresar a los mercados a tasas bajas. Creo que si Argentina va por ahí volvería a pedir prestado pero a tasas altas. Es un camino que ya probó Macri y fracasó. Otra opción es pedirle más dinero al FMI. Pero tampoco lo recomendaría, sería exponerse más a un esquema que no ha funcionado. Por todo esto no me cierra que Argentina pague los intereses de la deuda en forma plena.

—¿El caso uruguayo que señaló Alberto Fernández se enmarca en el encuadre que usted describe?

Hay elementos del caso uruguayo que son deseables para lo que Argentina necesita, por ejemplo, estirar el plazo de los vencimientos del capital. Pero nuestro país tiene que hacer algo con los intereses. Uruguay no lo hizo y a cambio se comprometió a un nivel de superávit fiscal primario de manera inmediata que Argentina no tiene capacidad de lograr en un año. Está claro que hay que ir hacia el superávit primario porque esa es la condición para estabilizar la deuda. Pero no en el tiempo que lo logró Uruguay. Las negociaciones de un reperfilamiento que incluyan capital e intereses son más complejas que las que sólo incluyen capital.

—¿Piensa en una quita alta?

El concepto de quita es ambiguo porque se mide en valor presente e implica usar un factor de descuento a la hora de evaluar los flujos que se patean para adelante. Si se utiliza un factor de descuento elevado, se estará reflejando una probabilidad alta de default y la quita computada sería importante. Pero esto mismo busca hacer un reperfilamiento: bajar la probabilidad de default y que el factor de descuento sea más bajo en el tiempo. Nadie quiere eso y en esto hay consenso en la dirigencia política. Hay que tener una negociación madura sobre premisas que reconozcan la realidad económica.

—¿Este esquema aseguraría la sostenibilidad de la deuda a futuro?

La sostenibilidad depende de variables que el país no maneja. Se habla del caso de Uruguay pero ellos se beneficiaron de dos shocks externos: boom de commodities y crecimiento de la Argentina. A Uruguay le fue bien porque tuvo un escenario externo muy positivo. Argentina, si hiciera algo similar y tuviese un golpe fuerte de suerte, no tendría problema. El tema es que cuando se hace un reperfilamiento, se realiza en condiciones de incertidumbre y no tiene sentido apostar a la suerte porque si no llega, se estará peor y se habrá perdido tiempo.

—Muchos critican la estrategia de reperfilar el capital y los intereses porque señalan que si bien por un lado el Tesoro despejaría su frente financiero, por el otro dejaría al país afuera del mercado mucho tiempo y los privados se perjudicarían pagando tasas más altas. ¿Qué opina?

Si el sector público resuelve el tema de la deuda, los privados deberían enfrentar condiciones crediticias mejores a las actuales. El Estado debe hacer una política de deuda para que las empresas estén en mejores condiciones de producir y competir a nivel mundial. Respecto al factor reputacional, no hay evidencia que exista algo así. Sí hay evidencia de que los países con deudas insostenibles afectan las condiciones crediticias de los privados.

—¿Qué enseña la literatura económica sobre las reestructuraciones?

Desde 1970 más de la mitad de los experimentos de reestructuración y reperfilamiento con el sector privado fueron seguidos por otra reestructuración o default en un lapso de cinco años. Esto ocurre porque cuando se negocia muchas veces se reescriben contratos y los acreedores no quieren perder derechos, desean darle poco alivio al país por si termina creciendo mucho o tiene un golpe de suerte. En promedio, desde 1970, la carga de deuda para un deudor que reestructuró aumentó previo al default.

—¿Argentina debe sentarse primero con los acreedores, el FMI o a la vez?

Hay tres elementos clave en ese proceso que menciona: un programa macroeconómico, un reperfilamiento que establecerá qué espacio tendrá Argentina para sus políticas públicas a futuro y la renegociación del programa con el FMI. Estas tres cosas tienen que ocurrir juntas. A veces hay idas y vueltas. Pero la brújula es el programa macroeconómico de la Argentina.

—¿El FMI puede complicar o ayudar?

Ambas. Lo importante es que las conversaciones sean sobre la base de la realidad. De ahí la importancia de revisar las premisas del plan acordado con el FMI que no funcionó para estabilizar la economía y no generó las divisas que permitan a hacer frente a los compromisos.

—¿El FMI puede pedir un reperfilamiento agresivo con los privados?

¿Qué significa agresivo? Lo que podría ocurrir, aunque no tiene por qué, es que tanto el FMI como el próximo gobierno coincidan en qué reperfilamiento necesita el país para devolverle sostenibilidad a la deuda. Si eso ocurre el Fondo apoyará. A veces no sucede, como por ejemplo con Grecia. Pero el FMI jugará un rol, sin duda. En la práctica es el acreedor super senior y cuando la sostenibilidad de la deuda alcanza niveles que ponen en duda la capacidad del organismo de recuperar el dinero desembolsado, el Fondo toma una posición más agresiva en la negociación contra los privados. Está por verse qué posición adoptará, aún no se ha pronunciado.

—¿Cuándo Argentina tendrá inflación de un dígito?

Todos los desequilibrios en la Argentina están interconectados y el hecho de que llevamos mucho tiempo viviendo con inflación generó hábitos que tienen un componente autoregresivo. Tomará un tiempo porque la velocidad a la que se resuelven todos los desequilibrios estará marcada a la velocidad que se resuelve el problema estructural externo. Y por el lado fiscal, no se puede resolver de golpe porque generaría una recesión profunda.

AQ

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