Reacciona Macri y llama a dar pelea

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La sucesión de retrocesos de Mauricio Macri frente al resultado de las PASO pareció frenarse el jueves, en el seminario del MALBA sobre Democracia y Desarrollo. En estas elecciones el oficialismo

sacó más votos que en 2015 y el peronismo debutó con la novedad de la unidad, sin la cual había sufrido derrotas electorales desde 2009. La conclusión, más allá de las chicanas de parte, que se cruzan oficialismo y oposición, es que el sistema ha demostrado que las colonias políticas son fieles en mantener el respaldo a sus candidatos. Se impusieron dos estrategias ingeniosas frente a las cuales no pudieron hacer nada las campañas. El oficialismo preserva el tercio de los votos de la Argentina, que en 2015 le permitió armar el Partido del Ballotage, que lo hizo presidente a Mauricio Macri. El peronismo de la fórmula F&F alcanzó niveles cercanos a lo que tuvo Daniel Scioli en la segunda vuelta. De ahí el optimismo de quienes simulan que Alberto Fernández ya ganó y que ya es presidente. El riesgo en política está representado, como en ningún otro relato, por la fábula de la lechera. Los números son las dos puntas para armar, desde los dos lados, las campañas para el 27 de octubre. Macri había actuado hasta el jueves validando la mirada de la oposición, al decir que la gente le había negado el voto, que la economía era la clave — y por eso echó a Nicolás Dujovne— y que era más presidente que candidato. Ante el auditorio del seminario organizado por el Grupo Clarín, argumentó por primera vez que el tercio de la Argentina lo apoya, y que hay más de 8 millones de votos que abren la posibilidad para dar vuelta el destino.

Test: Mendoza es ahora lo que antes fue Córdoba para la suerte de Macri

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Este lunes debuta la Comisión de Acción Política (CAP) del oficialismo con este ánimo presidencial, después de haber cerrado el capítulo de los ajustes de cuentas, el más profundo y sangriento desde 2017, fecha de las últimas albricias del Gobierno. Se resolvió con la renuncia de Dujovne y la ratificación de Marcos Peña, batido por las críticas de Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Macri empleó en defensa de su jefe de Gabinete la herramienta más fuerte de ese entorno, que es Elisa Carrió. La defensa que hizo en público y en privado tiene una sola explicación: expresa la voluntad de Macri de sostenerlo. Con la pelea pacificada a través de estos ajustes de cuentas, como el que superaron Rogelio Frigerio y Mario Negri, sobre pequeñeces que los enfrentaron en la elección por la gobernación de Córdoba, sesionará la CAP del oficialismo, que tiene que aceitar una bisagra que jugará el destino del oficialismo, como antesala del 27 de octubre: la elección a gobernador de Mendoza del 29 de setiembre. Este distrito ha pasado a ser, en la estrategia de oficialismo y oposición, el campo de batalla que puede terminar de volcar las expectativas. Mendoza es el distrito del presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, que sacó menos votos que la oposición en las PASO a diputado nacional. Ese resultado acompañó al que sacó Macri en Mendoza, un distrito imbatible hasta ahora para el oficialismo. Lo que ocurra allí es equivalente —y como referencia táctica— a lo que hasta ahora fue Córdoba, adonde Macri pudo mantener su diferencia por sobre el peronismo. En Mendoza ya hay escaramuzas, como la visita de Alberto Fernández para apoyar a la senadora Anabel Fernández Sagasti en la candidatura a gobernadora, frente al radical Rodolfo Suárez. Este había vencido en cantidad de votos a la senadora en las PASO locales del 9 de junio pasado, y el proyecto es recuperar esa diferencia después del “palazo” —en términos de Macri— de dos meses más tarde. Según la mesa estratégica del Gobierno, la clave de las expectativas hacia el 27 de octubre depende de que el oficialismo retenga, un mes antes, la gobernación de Mendoza. Si eso no ocurre se impondrá una señal oscura sobre las posibilidades de Macri de mantener el proyecto de una segunda vuelta, que reparta de otra manera la baraja. Cornejo viajó a Costa Rica y se apartó de las decisiones del oficialismo. Acompaña al sector del radicalismo más crítico de las decisiones de Olivos, y eso lo enfrenta no sólo con los delegados del partido en la CAP — Negri, Luis Naidenhoff— sino con Elisa Carrió. No estuvo en la reunión del miércoles en el Comité Nacional de la UCR, que él preside, en que volaron los cacharros contra el Gobierno, por la prescindencia de la Nación en el apoyo a las elecciones en las provincias.

Contradicciones: provincialización extrema vs. campaña pro Macri

En esa reunión con la mesa del partido y candidatos a cargos legislativos de todo el país, abundaron las anécdotas sobre la falta de ayuda a los distritos. Hubo quejas sobre el control que intentó el comando nacional del oficialismo sobre los fiscales en el interior. Ese monitoreo desde Buenos Aires, se quejaron, se hizo a través de delegados que terminaron enfrentados con punteros locales, en el manejo de los fondos para el apoyo de los fiscales locales. Esto desmovilizó a la militancia y fue lo que impidió un control del voto que ahora prometen enmendar. En la mesa chica del Gobierno tronó el calificativo de “miserables” que le puso Miguel Pichetto a la angurria oficial en el manejo de esos fondos. La leyenda dice que el Gobierno usó el 50% de los fondos que aplicó en 2017 a las elecciones legislativas. Pichetto, que ha sido gobierno tantos años, conoce bien los recursos que tiene el Estado para ayudarse en las campañas. Que este gobierno no lo haga — de ser cierto eso— quizás sea bueno. Pero esos gestos se premian cuando las cosas van bien, y se lamentan cuando van mal. Esta vez habrá más, les prometen. La música de la campaña que impondrá el nuevo equipo, del que forman parte la mesa chica de Olivos y los jefes partidarios, es una extrema provincialización y municipalización de las elecciones. Un drama si el proyecto macro es la reelección, porque en los distritos quieren prevenirse del fracaso de la expectativas apartándose del destino del presidente. Habrá que encontrarle una fórmula a laconvivencia de las dos campañas, la nacional con foco en la figura del ticket Macri-Pichetto, y los candidatos en las provincias que buscan apartarse de esa marca. Una proeza dialéctica que tendrá algunas artesanías previsibles: 1) una división del mapa del país por regiones, el NEA a cargo del gobernador Gustavo Valdés, el NOA a cargo de Gerardo Morales, Cuyo y Córdoba para los radicales, CABA y PBA para Larreta y Vidal. 2) un trabajo de microcirugía para desarmar la mayoría de los Fernández en las PASO. Ese número, que se acerca a los votos Scioli del ballotage 2015, se compone de una mayoría fernandista y de una minoría que recoge voto peronista, que hasta estas elecciones respaldó diversas formas del peronismo disidente. Esta minoría es la que perdió ante el fernandismo en las PASO a legisladores nacionales, en distritos grandes como Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. En todos ellos el peronismo tuvo varias listas. Los microcirujanos de campaña aspiran a distraer ese voto. Algunos sueñan en darlo vuelta, algo difícil. Se conforman con neutralizarlo.

Encadenados para alisar el segundo semestre

La convivencia de varias campañas embarga también al peronismo, que ha hecho esfuerzos titánicos para la unidad, como desplazar el protagonismo formal e informal de Cristina; el de los dueños del peronismo bonaerense como Espinoza-Magario, y tapando las contradicciones de programas. Oficialismo y oposición están encadenados en el compromiso de asegurar un segundo semestre del año tranquilo. Un colapso político o financiero arrastrará a los dos. Eso los embute en un debate muy jugoso sobre el “ownership” (propiedad) de las medidas de gobierno. Es un debate clásico de las dos últimas décadas, y se planteó en torno a la crisis de los países que recibieron ayuda del FMI y no salieron de la crisis. El programa que aplicaron, ¿de quién era? ¿de los gobiernos o del FMI? Los críticos del FMI acusaron a los gobiernos de aceptar un programa ajeno. Estos se defendieron explicando que esos planes se los imponían a través de las condicionalidades (hay bibliografía, pero no quiero dar la lata). Aplicado al momento actual: ¿de quién es el programa de no default, mantenimiento del dólar, promesas anticepo, dureza con Maduro y Venezuela, etc.? Lo comparten el Gobierno y la oposición, pero se cuidan de advertir sobre las diferencias en el método para alcanzarlo. Pero en el fondo, terminan los dos siendo dueños de un mismo programa. Se entiende: unos y otros están obligados a construir futuro, después de pasarse años peleándose en el túnel del tiempo. Al Gobierno le puede convenir, porque un cálido abrazo del oso puede herir las chances de los Fernández, que se esfuerzan por adherir, bajo protesto del método, a los objetivos compartidos. Las transiciones son siempre tumultuosas y dejan lecciones a atender. En 1989, la cercanía a la crisis de Raúl Alfonsín, y la intención de ayudarlo, incineró la carrera política de Antonio Cafiero. En 1999 la suerte del gobierno de Fernando de la Rúa se jugó al enredarse en la discusión del presupuesto del año siguiente, que era responsabilidad del saliente Carlos Menem, cuando todavía no había asumido. Nunca se recuperó de ese debate. Esta vez, ya le ha dicho Alberto a Macri: “Vos ocupate de cumplir con el Fondo, porque no lo estás haciendo”. Fue en la primera charla por teléfono. El jueves, en el seminario del MALBA, Alberto compartió también la “ownership” del programa. Uno de los principales empresarios que lo escuchó ese día hizo este balance sobre sus palabras: “Ha dicho todo lo que queríamos escuchar”.

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