Requisitos para dejar atrás la fragilidad de la economía argentina

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Fernando Marengo

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Socio – Economista jefe Arriazu Macroanalistas

El resultado de las PASO del domingo 11 de agosto modificó radicalmente el escenario económico financiero del país. La diferencia entre las dos fórmulas más votadas y el porcentaje de votos obtenido por el Frente de Todos plantean como muy improbable la reversión del mismo. Sería necesaria una mayor participación del padrón y que se vuelque mayoritariamente por el oficialismo, además, la polarización de los votos obtenidos por los restantes partidos. La otra alternativa es que el Frente de Todos mantenga los votos obtenidos en las PASO, pero al incrementarse la cantidad de votos afirmativos su porcentaje se ubique por debajo del 45%, y en caso que existieran menos de 10 puntos de diferencia con la segunda fuerza, esto forzaría el ballotage La baja probabilidad que vaya a modificarse el resultado de las PASO cambió la percepción del riesgo del mercado, provocando el desprendimiento de activos. La venta de bonos y acciones generaron la baja en sus precios, la suba de los rendimientos y el incremento del riesgo país. A la vez que la demanda de dólares, no abastecida por la autoridad monetaria, provocó la depreciación del peso.

En una economía como la nacional que utiliza el dólar como unidad de cuenta, la percepción que el tipo de cambio no encuentra un nivel de equilibrio dificulta la fijación de precios, tornando imposible la concreción de operaciones y afectando fuertemente la actividad económica. En este escenario, lo primero que se debe buscar es estabilizar el tipo de cambio de manera de restablecer el ancla nominal, lo que permite tener una referencia para fijar los restantes precios de la economía. De esta manera se podrán volver a concretar operaciones comerciales, en una economía ya deprimida.

En este sentido, las condiciones actuales muestran que el Banco Central y el sistema financiero están en una posición sólida. Al actual nivel de tipo de cambio, con el bajo nivel de monetización que presenta la economía, exclusivamente transaccional, y con un sistema financiero con elevadísimos niveles de liquidez, el BCRA y el sistema financiero no debieran tener problemas para enfrentar un eventual estrés financiero a la vez que estabilizar el tipo de cambio.

Dólar y precios

Ahora bien, la fuerte depreciación que experimentara el peso impactará sobre la tasa de inflación de la economía. Habrá un impacto directo en la canasta de bienes comerciables internacionalmente —cuyo precio es en función de su valor en los mercados internacionales y el tipo de cambio— los que pasarán todo el incremento en el valor del dólar a sus precios en moneda nacional. A su vez, habrá un impacto indirecto, el cual dependerá de la incidencia del tipo de cambio en la función de costos de los bienes que no se comercializan internacionalmente. La caída en la demanda seguramente retrasará en parte el pasaje a precios de la devaluación, yendo este mayor costo contra los márgenes empresariales.

El salto inflacionario afecta particularmente a los sectores de menores recursos. Esto es así ya que son quienes destinan la mayor parte de sus ingresos —sino todos— al consumo de alimentos los que suelen tener un fuerte componente de commodities, fuertemente dependientes de la cotización del dólar.

Junto con la estabilidad cambiaria, la protección de los sectores de menores recursos resulta fundamental para minimizar el impacto social. En esta línea, la eliminación del IVA a algunos productos de la canasta básica alimentaria y el anuncio de buscar la estabilización del tipo de cambio en los niveles de la semana post PASO, y reducir su volatilidad, buscan compensar el impacto de la devaluación a la vez de evitar futuras.

Un problema latente

Aun bajo el supuesto que se estabilice el tipo de cambio en los niveles actuales —no hay fundamento económico para que esto no fuera así— y se logre minimizar el impacto social de la devaluación, el principal problema que enfrenta la economía continúa aún latente: el financiamiento. El riesgo país por encima de los 1.800 puntos básicos es un claro indicador de la imposibilidad que tiene el Gobierno —y el sector privado— para acceder al mercado de capitales. En este contexto, el saldo de caja, el superávit primario y los desembolsos programados por el FMI para septiembre y diciembre son las fuentes de financiamiento que tiene el Gobierno para hacer frente a sus obligaciones hasta fin de año.

Si bien los anuncios realizados en los últimos días como paliativos de la situación social significan un costo fiscal, el mismo es acotado y en gran parte compensado por el impacto que tendrá la inflación en la recaudación, aun a pesar del menor nivel de actividad. Asimismo, el Gobierno anunció esta semana el compromiso con el cumplimiento del programa acordado con el FMI, lo que sería una condición necesaria para el logro de los próximos desembolsos.

El año próximo, aun cumpliendo la meta de superávit fiscal primario de un punto porcentual, el fisco presentará una abultada necesidad de financiamiento. Hacer frente a estos vencimientos de deuda más pagos de intereses representará un gran desafío para el Gobierno sin un prestamista de última instancia. Cada dato, anuncio o medida será evaluado por el mercado en base a su impacto en la sustentabilidad de la deuda soberana. En esta línea, la convocatoria a los referentes económicos de los diferentes candidatos a presidente buscaría reducir la incertidumbre del mercado para intentar nuevamente el acceso al mismo.

Historia y futuro

Una vez más los argentinos somos presa de nuestra historia, la cual nos ubica como una de las economías más volátiles del planeta. Desde principio del siglo pasado Argentina registró una tasa de crecimiento promedio anual del 3,3%, la que resultó de que más del 45% de los años la economía creció a tasas superiores al 5%, mientras que un tercio de los años estuvimos en recesión. Esta dinámica dejó a un tercio de los argentinos en la pobreza, porcentaje que se eleva al 50% entre los niños menores de 14 años, mientras que 1 de cada 10 compatriotas vive en villas. La pregunta que tenemos que responder es qué debemos hacer para revertir nuestra historia.

En primer lugar, es condición necesaria pero no suficiente restaurar los equilibrios macroeconómicos. Esto significa eliminar por años los déficits gemelos (fiscal y externo), estabilizar el tipo de cambio, erradicar la inflación y establecer reglas de juego estables, creíbles y claras. La estabilidad cambiaria exige un sistema monetario-cambiario que lo logre en forma sustentable, a la vez de la constitución de fondos anticíclicos.

Para erradicar la inflación, además de la estabilidad cambiaria y el superávit fiscal resulta fundamental desindexar la economía. La experiencia argentina tiene un ejemplo claro de que cuando se cumplen las tres condiciones, la inflación desacelera rápidamente.

De cumplirse estas condiciones, el aumento del producto se vería a través de la inversión y la productividad. Restaurar el equilibrio macroeconómico baja el riesgo país, disminuye la tasa de descuento e incentiva la inversión. Además, disminuye la inestabilidad (stop and go) y eleva la tasa de crecimiento al mejorar la productividad total de los factores.

Por último, es fundamental que la restauración de los equilibrios macroeconómicos sea acompañada por reformas estructurales. Estas deben apuntar a mejorar la asignación de recursos, incrementar el empleo y mejorar la competitividad del país.

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