Del "waiver cambiario a la flotación administrada"

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Gabriel Rubinstein

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Economista. Consultor

Ex Representante del Ministerio de Economía, durante la gestión de Roberto Lavagna en el BCRA. Ex Director Ejecutivo Bolsa de Comercio Buenos Aires.

El 29 de abril último, Argentina logró algo muy importante: un permiso explícito para el uso de reservas de acuerdo a lo que sus autoridades monetarias (BCRA) consideren apropiado. Pero lo aprobado por el BCRA (con acuerdo del FMI) tendría algunas limitantes:

a) Pareceria que habría un límite diario de intervención en el “techo” de la Zona de Referencia (ex Zona de No Intervención), o por debajo de él, de US$250 millones.

b) No se sabe si hay un límite máximo de intervención acumulada. Las especulaciones van desde US$5.000 millones hasta US$16.500 millones (Reservas Netas de Pasivos en dólares). Pero bien podrían incluir los swaps (de más de US$ 20,000 millones), el Préstamo del FMI para acrecentar reservas (unos US$7, 300 millones), y otros pasivos, excepto los Encajes Bancarios, y obviamente, los saldos del Tesoro que son para sus propios gastos en dólares (intereses, Letes, etcétera). Es decir, si bien el BCRA podría contar con “Reservas Potencialmente Usables” por unos US$47,000 millones, hay quienes creen, que lo acordado (secretamente) con el FMI sería mucho menos.

c) Todo indica que el “empoderamiento” otorgado al BCRA para actuar finaliza una vez que se sepa quién sería el ganador de la contienda electoral.

Parecería entonces que estamos en presencia de un “waiver cambiario”, esto es, una dispensa, una exención, y que “en principio”, finalizada la contienda electoral volveríamos al sistema de “flotación cuasi libre” establecido en los acuerdos firmados con el FMI.

A mi entender, el nuevo Presidente, debería acometer como una de sus tareas prioritarias en materia macroeconómica, convertir el actual waiver, en la aceptación plena de un esquema de “flotación administrada”, que de punto final a la fallida experiencia de “cuasi libre flotación” implementada por el gobierno de Mauricio Macri desde diciembre de 2015, y que aún hoy, sus más conspicuos funcionarios defienden (por ejemplo, Marcos Peña:”…aprender a vivir con un tipo de cambio flotante es parte del desafío del cambio cultural en Argentina” (Clarín, 10/03/209, página 10).

Un esquema de flotación administrada, bien manejado, que permitiera optimizar el hecho de poder exhibir US$47,000 millones de Reservas Potencialmente Usables, permitiría un brusco descenso de las tasas de interés. Las estratosféricas tasas de Leliq, de más del 70% nominal anual a 7 días (aproximadamente 6% mensual), sólo tienen sentido en el marco de un fuerte riesgo percibido de devaluación. En esquemas cambiarios mucho más estables, esta tasa podría hoy bajar a la mitad, sin riesgos de elevar la tasa de inflación. Y si la inflación llegara a ser mucho más baja (volver por ejemplo al 1% mensual, cosa que durante 2020 se podría hacer perfectamente), la tasa de política monetaria bien podría bajar hasta el 15% anual.

La posición del FMI

Nos hemos acostumbrado a la defensa acérrima de la libre flotación por parte del FMI. Pero eso no implica que esto deba aceptarse como algo escrito en piedra. Es más, son variados los antecedentes de escritos dentro de las propias publicaciones del FMI, que deben servirle al próximo gobierno a la hora de renegociar el actual Stand By (cosa que deberá hacerse más no sea para reprogramar los pagos, obviamente impagables tal cual cómo están acordados).

Me remito sólo a 2 ejemplos.

a) En la publicación del IMF Staff de junio de 2000 (que se conserva como documento básico sobre el tema), se dice (traducción propia): “La principal conclusión es que continúa siendo cierto que no hay un solo régimen cambiario que es mejor para todos los países en todas las circunstancias. Los países miembros, continúan teniendo margen para elegir el tipo de régimen que mejor se adecúa a sus necesidades, siempre con la provisión de que el régimen elegido sea creíblemente apoyado por políticas consistentes con el régimen elegido. Qué régimen cambiario y políticas asociadas son apropiadas para un país, dependen de sus particulares circunstancias. Mientras la incrementada movilidad de los flujos de capitales ha venido llevando a que un creciente número de países finalmente hayan optado entre un régimen fuerte de tipo de cambio fijo (o uniones monetarias) y un régimen de libre flotación, regímenes intermedios es probable continúen siendo viables y apropiados en muchos casos”(página 1).

b) Aprobado por su alto directivo Mark Allen, el IMF publicó (16/08/2007) un documento que dice: “…La revisada Nota de Guía de Supervisión (SGN) incluirá guías en la determinación de los niveles de tipos de cambio, y límites de intervención, enfatizando la necesidad de un asesoramiento hecho a medida de las circunstancias del país, y evitando aproximaciones excesivamente prescriptivas” (página 7).

Casos exitosos

Casos exitosos, como los de Israel y Chile, han hecho uso intenso de intervenciones cambiarias (tanto de compra como de venta), y bandas cambiarias acotadas, en su transición desde altos niveles de inflación a bajos niveles de inflación, y sólo han optado por regímenes de libre flotación una vez alcanzados niveles muy bajos de inflación anual.

Conclusiones

Tanto la experiencia mundial como los antecedentes obrantes en el FMI, le deberían haber permitido a la Argentina una negociación diferente respecto al muy importante tema del régimen cambiario apropiado para el país. Macri, seguramente no muy bien asesorado en la materia, no lo hizo durante su gestión, aunque sí logró ahora un importante “waiver”, que bien implementado, nos debería permitir transitar en relativa paz todo este largo y por momentos demasiado angustiante período electoral. El próximo Presidente, cualquiera fuese el elegido, debería poder concretar una completa revisión del régimen cambiario (y monetario) acordado con el FMI. Un esquema de “flotación administrada”, conducido apropiadamente, es para mí, el régimen que mejor se adecúa a las circunstancias de nuestro país, y mantengo la expectativa de que así sea entendido tanto por el próximo gobierno como por las autoridades del FMI.

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