La familia Bemberg deja atrás la cerveza y coloca su apellido en los vinos de alta gama

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Tuvieron que pasar 130 años para que el apellido Bemberg deje definitivamente atrás una historia ligada a la cerveza y el nombre pase a ser sinónimo de vinos de alta gama.

Anoche, en una gala con el esplendor de otros tiempos en Villa Ocampo, en la que fue la casa de la célebre Victoria, se anunció el nacimiento de los vinos Bemberg. Por cierto, colocar ese apellido en las etiquetas es una decisión cargada de simbolismo. La familia abandona así el bajo perfil que siempre la caracterizó.

En la gala se recordó a Otto Bemberg nacido en Colonia, Alemania en 1827, que puso un pie en el país en 1852 para importar tejidos y exportar granos. Pasó un tiempo hasta que en 1888 y en sociedad con su hijo del mismo nombre, comenzara con la actividad que transformaría a su familia en una verdadera dinastía en el negocio de la cerveza. La primera cerveza Quilmes asomó en 1890 en el que fue un derrotero empresarial casi sin altibajos, salvo en tiempos de Juan Domingo Perón. Si todo tiene un final, los Bemberg vendieron Quilmes en abril de 2006 a su competidora brasileña Brahma, a cambio de US$ 1200 millones. Se trató de la mayor compra en efectivo de una empresa argentina en esa década.

En 2010 los Bemberg se inclinaron por el vino al adquirir al fondo de inversión DLJ el Grupo Peñaflor, líder en esa industria tanto en el mercado interno como en exportaciones, con ventas voluminosas a más de 80 países.

A la fiesta en Villa Victoria asistieron los principales clientes de Peñaflor, algunos llegados especialmente desde el exterior. Y como rezaba la tarjeta de invitación, allí dio comienzo “una nueva historia”.

Según trascendió, a la sexta generación de los Bemberg les pareció una buena idea colocar su nombre en una etiqueta de vino. Y en el que fue un punto de inflexión, le encargaron a Daniel Pi elaborar vinos muy especiales. Pi fue elegido el mejor enólogo argentino en 2017 por el galardonado y temido crítico inglés Tim Atkin.

El proyecto comenzó tras una inversión de US$ 10 millones. Como no podía ser de otra manera, se trata de vinos de muy alta gama para ser vendidos exclusivamente en vinerías y ofrecidos en los mejores restaurantes del mundo.

Una de las bodegas que los elabora está en plena expansión en Gualtallary, un rincón de la mendocina Tupungato, desértico y rocoso que ofrece viñedos que trepan hasta los 1.600 metros sobre el nivel del mar. Gualtallary es sinónimo de vinos frescos y tensos. No solo de Malbec, sino también de Cabernet Franc, Pinot Noir, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Los vinos también contienen las mejores uvas de las parcelas de las fincas que tiene la familia en otras regiones del país. Decididamente, el apellido Bemberg no puede correr ningún riesgo.

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