Los economistas ven pocas chances de que Kicillof acuerde rápido con los acreedores

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El gobierno de Axel Kicillof entra en 48 horas decisivas para saber si los acreedores aceptarán la propuesta de postergar hasta el 1 de mayo el pago de la deuda de

US$250 millones que vencen el próximo 26 de enero. Este miércoles la provincia de Buenos Aires debe lograr el aval del 75% de los tenedores de bonos. Si esto no ocurre se abre una plazo de dos semanas para encontrar una solución que convenza a las partes y libre a la provincia del default. Para los analistas económicos, las chances de lograr este 75% de aprobación son bajas. La rapidez con la que se buscó llegar a un acuerdo sumado a la falta de incentivos y a la incertidumbre acerca de cuál será la propuesta de reestructuración que presentará la Nación conspiran contra el objetivo de Kicillof.

El martes 14 de enero la provincia anunció que no estaba en condiciones de pagar el bono de US$ 250 millones que vence el 26 de enero y anunció la postergación para el 1 de mayo. No se trata de una decisión unilateral: necesita el aval del 75% de los acreedores y hay tiempo hasta este miércoles para conseguirlo. Si eso no ocurre y Kicillof se mantiene en su postura de que no tiene recursos para afrontar la deuda, a partir del 26 de enero empieza a correr un plazo de 10 días corridos para concretar el pago sin que la provincia sea declarada en default. 

Sebastián Maril, de Fin Gurú, plantea que “a los acreedores les dieron apenas una semana para decidir si van a aceptar la postergación del pago del bono BP21. Y esto se da en medio de una situación compleja por la reestructuración de la deuda de la Nación". Si no se llega a un acuerdo puede haber un impacto negativo sobre el resto de los bonos. "Gran parte de los acreedores bonaerenses también son acreedores porteños, cordobeses o de otras provincias que han emitido en dólares en el exterior, por lo que los efectos de cumplir o no con este pago pueden tener amplia repercusión”.

"Jugar al póker en estos momentos es muy peligroso y más aún hacerlo contra los mejores jugadores del mundo, que son los de Wall Street", dice Maril. "Es una jugada muy riesgosa, pero creo que al final habrá un acuerdo con un costo tanto para la provincia como para los acreedores. Las dos partes saldrán perdiendo".

Para Maril la percepción del mercado es que "la Nación no puede darse el lujo de dejar caer a la provincia en este contexto. Este es el motivo del viaje de Kicillof con Alberto a Israel, van a planear que van a hacer si no llegan a juntar las adhesiones necesarias para el canje".

Nicolás Chiesa, director de PPI, indica que "esto es un primer paso para ganar tiempo antes de anunciar una reestructuración definitiva para la totalidad de los compromisos que debe asumir este año, calculados en cerca de US$ 3.000 millones".

Para Chiesa "la posibilidad de lograr el umbral de aprobación del 75% es baja, pero pensar que igualmente se pague no sería ilógico. Entendiendo que quizás ésta en el fondo es una estrategia (complicada y discutida) de negociación, pero que llegado el caso el gobierno nacional pondrá los dólares". La intervención de Alberto Fernández buscaría salvar a la provincia y además "evitar que el peligro de default sume ruido innecesario a las negociaciones por la deuda nacional. Veremos que tanto juega en este punto la lógica y la racionalidad". 

"Nuestro escenario base es que los acreedores no aceptarán que se posterguen los pagos por, al menos, dos razones", explica Nery Persichini, de GMA Capital. "La primera es que no tomarán una decisión de diferimiento del capital sin conocer previamente los detalles del plan nacional y del resto de las provincias sobre sus respectivas reestructuraciones. El otro motivo se vincula con los incentivos. La amenaza de default debe ser creíble para que los acreedores se apresten a negociar, de lo contrario, les conviene esperar un salvataje nacional". 

"Pensamos que el riesgo sistémico debería primar por sobre el riesgo moral del rescate. En otras palabras, evitar condiciones de distress en la provincia más grande en el corto plazo, que podrían obstaculizar la ruta del canje que realmente importa". En este sentido, para Persichini, "la falta de pragmatismo al dejar que Kicillof arregle su deuda de cara a una negociación mucho más relevante podría salir muy cara".