Por las altas tasas y la crisis cayeron 22 mil empresas

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En los últimos 4 años, a octubre, en forma neta por altas y bajas, 22.675 empresas que contaban con empleados en relación de dependencia dejaron de aportar a la Seguridad Social

por carecer de personal, según los datos de la AFIP. En números redondos: el número de empleadores se redujo de 568.749a 546.074.

Esa caída de empresas tuvo dos momentos: durante 2016 y 2017 hubo una reducción de casi 3.000 empleadores, para desplomarse en los dos años siguientes de la mano de la recesión, a pesar de que se implementó una reducción de las contribuciones patronales a la Seguridad Social.

En octubre de 2015 los empleadores presentaron declaradas juradas por 8.056.690 trabajadores. En ese mismo mes de 2019 presentaron declaraciones por 7.923.214: son 133.476 empleados menos. Hubo, además, una caída de la masa salarial en términos reales (descontando la inflación).

Los empleadores más castigados fueron los de la microempresas y las Pymes, en especial entre las que empleaban hasta 5 trabajadores y las que contaban entre 1.501 y 2.500 trabajadores.

Los sectores más castigados fueron la industria (9%), el comercio ( 3,5%), transporte ( 12,4%), el agro (4,5%), sector inmobiliario (6,2%) y la construcción ( 3,5%). En cambio, hay más empresas en servicios sociales (2,8%), enseñanza privada (3,2%) y entidades financieras y seguros ( 5,2%).

Guido Lorenzo, economista de la consultora LCG, dice que “desde enero a octubre de 2019 (último dato disponible) se registraron 9.085 empleadores menos. Dentro de los sectores productores de bienes, la industria manufacturera fue la que mayor baja de empleadores evidenció, con 1.527 empresas menos que a principios de año. En los sectores productores de servicios, Comercio al por mayor y menor fue el que más sufrió la crisis y a fin de año acusa 2.635 empleadores menos”. Y explica que “estos datos son consecuencia del alto costo de financiamiento, así como también del estancamiento de la actividad que retrajo el consumo del mercado interno a niveles muy bajos desde hace meses”.

Lorenzo señala que “no sólo preocupa el dato de empresas cerradas en el último tiempo, sino que también la tasa de supervivencia de las empresas argentinas es pequeña. Esto significa que las nuevas empresas tienen probabilidades bajas de sobrevida jiiijpvir durante muchos años. Según los datos del Ministerio de Producción, 8 de cada 10 nuevas empresas logran permanecer por dos años, y sólo 3 de cada 10 llegan a los 8 años de vida”.

Juan Pablo Di Iorio,economista de ACM consultores, dice que “e durante los primeros dos años del gobierno --antes de la crisis que se desató en 2018-- el cierre de empresas se debió a la apertura comercial que produjo una reorientación de la producción hacia las empresas más productivas, las cuales en su mayoría eran de exportación, en desmedro de empresas más pequeñas, con menor productividad y, sobre todo, intensivas en factor trabajo. Esto se dio por el shock de competitividad que implicó la apertura comercial”. Y luego “ ante la complicada situación recibida en materia de inflación, sumado a la emisión que implicaba la salida del cepo en relación a los contratos de dólar futuro y la compra de divisas por la toma de deuda del Tesoro Nacional, se llevó a cabo una política monetaria contractiva con el fin de prevenir un estallido inflacionario. En consecuencia, la tasa de interés real pasó de ser negativa a valores por encima del 10%, lo cual a su vez generó dos efectos: muchas empresas con proyectos de inversión artificialmente rentables, producto de un financiamiento con tasas excesivamente bajas, cerraron y dicho aumento en la tasa de interés generó una reasignación de los agentes de consumo presente a consumo futuro lo cual impactó en la demanda interna afectando así a las empresas que destinan su producción al mercado local”.

Finalmente, concluye Iorio, “la otra etapa, en donde se aceleró el cierre de empresas, se puede enmarcar a partir de la crisis desatada en 2018, en donde la tasa de interés real fue progresivamente incrementándose al mismo tiempo que la falta de previsibilidad impactaron negativamente tanto en la actividad como también sobre los ahorros en moneda nacional, lo cual empeoró aún más las posibilidades de acceder a financiamiento en pesos por parte de las empresas.”