Macri y el aborto: un viaje con comienzo y final inesperados

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Nadie lo esperaba. La jueza de la Corte Elena Highton de Nolasco fue la primera que se sorprendió cuando el presidente abrió el camino, en marzo del año pasado, para la discusión

del aborto en el Congreso. "No lo vi venir, a pesar de los reclamos que había", dijo.

Es que de un día para otro Macri parecía que quería convertirse en el portavoz de la agenda feminista de su gobierno. En su discurso ante la Asamblea Legislativa de 2018 alentó no sólo el debate por el aborto, sino también la ampliación de la licencia por paternidad y la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Se llevó aplausos de propios y extraños por mirar al futuro.

Es el mismo presidente que 18 días antes de dejar la Casa Rosada decide derogar una resolución que sólo clarificaba cómo debían atenderse los casos de aborto no punibles que estableció el Código Penal en 1921. Se lleva críticas de propios y extraños por mirar al pasado.

¿Qué cambió entre aquel presidente que intentó mostrarse "feminista" y este que parte de esta manera? ¿Qué avances hubo en la agenda de género? Muy pocos. El proyecto de Igualdad salarial aún no se trató. Y el que extendía las licencias por paternidad a 15 días, tampoco: aún los hombres tienen solo dos días de licencia en la mayoría de los trabajos.

Habrá que ver si al menos se trata este año el proyecto para garantizar el cumplimiento de la Ley de Educacion Sexual Integral en todo el país, que cuenta con dictamen favorable desde septiembre de 2018. Porque en lo único que todos estuvieron de acuerdo en el Congreso cuando se trató el aborto fue en la necesidad de reforzar la educación sexual. Las cifras señalan que cada año más de 100 mil chicas menores de 19 años quedan embarazadas. Y que 7 de cada 10 embarazos no son deseados.

Si la "agenda feminista" de Macri fue una cuestión de marketing político -o de cintura para subirse a la ola de los nuevos reclamos de las mujeres- le salió todo al revés: el presidente deja el poder el 10 de diciembre envuelto en el papelón de las idas y vueltas del nuevo protocolo del aborto. Y con la renuncia de su secretario de Salud, Adolfo Rubinstein. Igual que al principio, tampoco nadie lo esperaba.