Mabel Bianco: "Por la presión de las mujeres, vamos a poder ver cambios en el capitalismo"

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-Pocas horas antes de esta entrevista, se anunció que la BBC la había distinguido entre las cien mujeres más influyentes del mundo, la única argentina. ¿Qué piensa que valoraron?

- Creo

que pesó el que todos estos años he planteado sin cansancio algunos problemas de las mujeres, tanto en la Argentina como en la región, en materia de derechos y salud. Veo que las voces se escuchan más en otros sitios que en la propia casa… Interpreto la distinción como reconocimiento a la lucha de todas las argentinas . No me lo tomo como algo exclusivo.

-Yo venía pensando en su recorrido. En pocos meses se cumplen 25 años de un hito, la Cumbre de la Mujer organizada por la ONU en Beijing, que la tuvo peleando en primera fila. En esa multitudinaria conferencia, las únicas mujeres que iban con la cara cubierta eran las delegadas de Yemen. Asistió a varias evoluciones en simultáneo: la islamización de la mujer en esas sociedades y el impresionante estallido actual de reclamos liberalizadores en la región...

- Hoy veo la inmensa importancia de la Cumbre en Beijing, en 1995, y de la preparatoria en El Cairo, en el 94. Sin duda, el mundo estaba en otra situación, porque allí se consiguió plasmar algunos de los derechos que veníamos reclamando.Veníamos de mucho atraso, es cierto, pero había una gran esperanza. Y avanzamos muchísimo. Pero también vemos que en la historia de las mujeres hay ciclos de luces y sombras; hoy día estamos volviendo a las sombras. Muchos de los avances conseguidos hoy están en peligro. Algunos son más graves que otros, pero advierto la retracción. El crecimiento de la pobreza y la desigualdad en todas partes es una de las catástrofes que nos aquejan, porque además afectan más a las mujeres y los jóvenes que al resto. Está ocurriendo en todo el mundo, hasta en los países más desarrollados. La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, entonces las diferencias son cada vez peores. Hoy se volvió utópica la movilidad social. Además, el mundo entero, por donde mires, se ha polarizado y crecen las posiciones intransigentes y fundamentalistas. La Primavera Árabe nos llenó de ilusiones y quedó en nada.

- En nuestro país, vimos emerger una conciencia enérgica contra los femicidios, pero debido a esto a su vez aumentaron los casos… También pasó en España, cuando las ONGs feministas abrieron oficinas en los pueblos, hace 15 años.Hablemos de América latina...

-En América latina ganamos muchísima conciencia y capacidad de acción. En muchos países centroamericanos,, con miles de desplazadas por problemas económicos y políticos.las mujeres han sido sacadas de sus territorios por las inversiones extractivistas. Y ellas siempre tienen que irse con los hijos… Son las que llevan la voz cantante porque necesitan su lugar. Tenemos además el caos de Nicaragua, donde estamos viendo persecuciones desde hace ya unos años. Por empezar, el presidente Daniel Ortega está sospechado de abusar de su hijastra, con el perdón de la madre de la joven. La chica es perseguida; las organizaciones de derechos de la mujer que apoyaron su denuncia fueron las primeras obligadas a emigrar, bajo cargos de subversión. Entretanto, las grandes migraciones hacia la frontera con Estados Unidos ya no son protagonizadas solo por muchachos, sino también por mujeres con niños. La situación es crítica.

-Argentina ha liderado la lucha en estos años; en todo el mundo se sigue este proceso . Pero aunque el #niunamenos se adelantó al #Metoo, todavía no se logra remediar la violencia de género ni los femicidios.

-Sin duda, hemos sido pioneras en una cantidad de cuestiones: en el reconocimiento de los derechos sexuales y el derecho a la diversidad, y en la identidad de género, no solo en matrimonio igualitario. Por eso es triste cuando, como en el debate presidencial del fin de semana, todavía hay quienes nos dicen que no se debe brindar educación sexual en las escuelas, que “no nos metamos con sus hijos”.

- En 1995 Argentina logró incluir en las recomendaciones de Beijing la ley de cuotas para los cargos electivos. Pero triunfó el absurdo cuando el gobierno de Carlos Menem terminó en una alianza con Malta y el Vaticano.

- Sí, también rechazó el uso del preservativo, para horror de las mujeres africanas, cuando el sida era casi epidemia en una parte del mundo. Menem estaba embanderado en la defensa del concepto de vida desde la fecundación. Pero en su período también hubo voces honorables, como la de Virginia Franganillo, quien perdió su cargo solo por haber hecho la primera encuesta de opinión en la cual surgía que la mayoría creía que en casos de riesgo de vida, debía existir el aborto legal.

- Algunos documentales empiezan a hacer historia. Por ejemplo, Roe vs. Wade, sobre el retroceso en el servicio de salud en los Estados Unidos, rastrea que antes de los años 70 no existía la noción de la vida desde la concepción. Es algo epocal y llegó luego.

-Cuándo comienza el ser humano ha sido debate desde San Agustín. Pero más cerca, ha sido el adelanto de la ciencia, con la tecnología de la imagen, la que reveló que el feto late y tiene cabeza. Pero la ecografía no te muestra que no tiene el cerebro desarrollado … Lo primero que adquiere el feto son los rasgos exteriores; carece de independencia, es potencialmente una persona. Pero no podemos usar esa idea para obligar a las mujeres a decir: “No importa, yo por procrear, me banco que me hayan violado”. Lo que esa mujer va a ver en el rostro de su hijo es al violador. Es indudable que quienes defienden esa postura jamás se cruzaron con una mujer violada y sus secuelas. Esto es algo que se debe respetar; no es poca cosa.

-El presidente Macri propuso la legalización del aborto al Parlamento pero luego no la apoyó. ¿Lo cree compatible con un gobierno peronista y un Papa argentino?

-Alberto Fernández se dijo a favor; si no cumple se va a encontrarse en un grave problema… El mismo Papa tendría que darse cuenta de que su postura es antipopular. En casi todo lo que él emprendió, Bergoglio viene fracasando. La Iglesia católica está perdiendo mucho terreno frente a algo mucho peor, los neoevangélicos, con sus posturas ultramontanas. Están haciendo mucho daño.

-¿ Se refiere a los pastores de Brasil y otros países de la región?

-Sí; minimizamos sus programas de TV a medianoche como si no los viera nadie. Pero van sembrando sus ideas porque además son los únicos que entraron a trabajar en los sectores carenciados en la lucha contra la droga. En nuestra tarea de 30 años, trabajamos con mujeres del Gran Buenos Aires y del resto del país, y las vemos convertirse a estas nuevas iglesias, porque consiguieron salir de la violencia doméstica y están agradecidas, o porque sacaron a sus hijos de la droga. Pero quedan enganchadas. Te hablo de la zona de Morón, en la zona cercana, Villa Tesei, pero también de barrios carenciados de Rio Negro y Neuquén. En los últimos años, por la necesidad, también vimos a mujeres laicas que se re-islamizan: son hijas o nietas de inmigrantes sirios que abrazan el dogma musulmán. Son fenómenos propios de la pobreza: encuentran un grupo que les da acogida y les facilita el desarrollo económico. Pero la contraparte la descubren más tarde. Tanto los neo-evangélicos como los católicos inculcan la idea de que si una mujer quiere abortar, es un acto de egoísmo. Esto se acompaña con el intento de dar estatus de persona al feto. Sin embargo, sabés que cuando nos dicen que los sectores más desprotegidos están contra del aborto, les respondemos con los hechos: en esos sectores se hace la gran mayoría de abortos. El problema es que las chicas nunca lo van a decir por vergüenza, enseguida salta la palabra “asesina”.

-¿Se podría resolver con un plebiscito?

-No creo que sea necesario. El mejor plebiscito es ir a los familiares de las mujeres que mueren o quedan con lesiones, que han tenido abortos clandestinos, para que se convenzan. El ejemplo es la mamá de la joven Ana María Acevedo, muerta porque no le permiten el aborto ni la tratan contra el cáncer por preservar su embarazo… Entonces la desesperación de su madre, que nunca en su vida fue feminista, te demuestra que cuando tuvo la necesidad, solo sintió desolación. Hay que persistir sin bajar los brazos… Lo mismo pasaba cuando discutíamos la ley de salud sexual y reproductiva. “¡No se puede!”, nos decían. Después aceptaron la educación sexual integral, “¡ah, pero debe ser una educación de valores!”. ¡¿Qué valores?!: hay que educar a los chicos en la realidad científica. Luego alguna familia religiosa podrá enseñarle en casa que el sexo es feo… Pero la realidad se debe impartir y respetar. Con ese mismo criterio tampoco enseñaríamos historia…

-El sociólogo Jorge Ossona hace una interpretación valiosa del embarazo adolescente. Siempre se aseguraba que obedecía a la fe religiosa, mientras que él lo estudia como una estrategia de las chicas para liberarse de la tutela familiar: el embarazo como camino para ganar respeto social y albedrío.

- Es así; se ve claramente hasta en las guardias de hospitales. En ciertos sectores sociales, solo sos mujer cuando sos madre. Desde el momento en que la chica va a ser madre, ahí se la empieza a valorar. En los servicios de salud, cuando alguna llega buscando un anticonceptivo, le responden: “Sos muy chiquita para las relaciones sexuales”. Y le piden que vuelva con algún familiar. Ese mismo servicio de salud, cuando una chica viene con la pancita, le abren la puerta y la actitud es de cuidado. Eso les da seguridad, las empodera. Pero el respeto acaba muy pronto. Con el bebé, llega la realidad; tienen que mantenerlo, en general dejan la escuela, salen a trabajar en empleos aún más precarios que sus madres. También ocurre que se juntan con los novios porque creen que se salvan de sus propias familias, donde siempre hay cierto uso de las jóvenes para cuidar a los hermanos más chicos. Por eso es tan importante que realmente trabajemos con la autoestima de las jóvenes, porque está muy baja. Todavía vemos cosas increíbles; yo lo cuento y me miran raro… Afirmo que entre los hijos, todavía se discrimina la alimentación de la nena en relación a la de los varones. Siempre la desnutrición se veía más en las nenas que en los chicos. Ahora claro, ha cambiado, y es la mala nutrición; las nenas siempre tienen muchos más trastornos de obesidad y bulimia.

-Entonces, ¿por dónde empezar a atacar el problema?

- Argentina fue la primera del mundo en lograr la identidad de género. Pero los países no son homogéneos en cómo van conquistando los derechos. El campo de la gran desigualdad en Argentina es el laboral. Lo que cuesta tener mujeres jefas, CEOs. Quizá donde eso pasa menos es en los países escandinavos y la clave está en la igualdad laboral, mientras que en los Estados Unidos la brecha socioeconómica es inmensa. El promedio salarial norteamericano es alto pero debido a los hiper-ricos; el desnivel entre ricos y pobres es exorbitante. Yo soy una convencida de que por la presión de los colectivos femeninos vamos a terminar introduciendo cambios significativos en el capitalismo.

- Las feministas de hoy confían menos en el reformismo gradual que las de los años 80. Ya son objeto de estudio las divisiones dentro del feminismo, marcadas por las diferencias de acción y las generaciones.

-Yo admiro muchísimo a las militantes de esta ola. Sin ellas no se hubiera destapado todo el problema del acoso ni estaría el primer plano el femicidio. Por otra parte, admiro sobre todo su seguridad y su libertad sexual, me llena de alegría. Nosotras nos hacíamos conflicto por todo, la sexualidad tenía un halo tabú que para ellas no existe. Son logros para admirar.

Una de las 100 más influyentes del mundo

Mabel Bianco, en las oficinas de FEIM, institución que fundó hace 30 años y preside. Foto Mario Quinteros.

Mabel Bianco, en las oficinas de FEIM, institución que fundó hace 30 años y preside. Foto Mario Quinteros.

Única argentina, esta médica sanitarista y referente en derechos civiles, políticas de género y salud, Mabel Bianco fue elegida la semana pasada por la BBC entre las cien personalidades más influyentes del mundo. Los motivos están en su trayectoria y experiencia, reflejada por una rica memoria que despliega su mirada a la región, a los barrios y las guardias de hospital.

Bianco siempre subrayó la solidez de su perfil profesional por sobre los tonos ideológicos, lo que le daba un estilo neutro hasta en sus actos más desafiantes. Dicen los testigos que cuando entraba, gracias a su credencial de la Organización Mundial de la Salud, en el recinto de deliberaciones cerradas de la delegación en Beijing, relumbraba de odio y levantaba la voz la ex embajadora Zelmira Regazzoli. Apodada “Michi”, la jefa de la comitiva argentina, que impugnaba el uso del preservativo porque sostenía que “ofendía a Dios”, había aterrizado en Cancillería al amparo de Carlos Menem y directo desde La Pampa, donde dirigía un club de fútbol. Como ignoraba todo sobre las artes diplomáticas, se convirtió en un dolor de cabeza cotidiano para el entonces embajador en China, Raúl Estrada Oyuela. Mabel era un discreto periscopio. Bianco nació el 1 de abril de 1941 y asegura que no vino al mundo ya doctora. Su vocación por la medicina asistencial, con un foco en la salud de la mujer, despertó durante su viaje de formación a Cali. Tras recibirse de médica en la Universidad del Salvador, hizo su residencia de dos años y su máster en salud pública en esa idílica ciudad de la costa colombiana, tras la caída del ex presidente Arturo Illia, y más tarde estudió epidemiología y estadística en la Universidad de Londres. “Nunca quise hacer medicina de escritorio -cuenta hoy-. Colombia para mí significó entender qué eran la violencia de género y el embarazo de las jóvenes solteras. Si bien ellos tenían planificación familiar, los varones no hacían caso. En un contexto de mucho alcoholismo y abuso, veía frecuentes suicidios con raticida entre las chicas, agobiadas por el sometimiento. En el hospital, hacía cirujía de batalla; me tocó atender hasta diez partos por noche de guardia”.

Conoció a Aldo Neri, su compañero de vida, al regreso de toda esa experiencia, en 1973, en la escuela de Salud Pública en Buenos Aires: “Sí, conocernos fue un accidente laboral”, suelta ahora. Neri fue Ministro de Salud y Acción Social durante el gobierno de Alfonsín y una destacada figura del radicalismo. Hasta hoy viven juntos. Como él tenía una familia previa, terminaron casándose tres veces, en distintos países y finalmente en Argentina, al salir la Ley de divorcio. No tuvieron hijos, primero, porque a Mabel un fibroma se lo dificultaba, lo que quizá la impulsó de modo indirecto: “Puedo decir que me identifico con la generación de mujeres que priorizó el desarrollo personal y su profesión”. En 1989 fundó la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), una ONG que desarrolla investigaciones, incidencia política, capacitación, y promueve la igualdad y los derechos de las mujeres en Argentina, América Latina y el Caribe y en el mundo.

Itinerario

Mabel Bianco (Buenos Aires, 1941) es médica, recibida en la Universidad del Salvador, con un Máster en Salud Pública en la Universidad del Valle, en Colombia y la especialidad en Epidemiología y Estadística Médica en la Escuela de Epidemiología de la Universidad de Londres. Fue docente en la Escuela de Salud Pública de la UBA. En 1983 creó el Programa Mujer, Salud y Desarrollo en el Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación. Participó en la Conferencias Internacionales de Población y Desarrollo (1994) y de la Mujer en Nairobi (1985) y Beijing (1995).Es fundadora y presidente de FEIM Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer.

Al toque

Un desafío Contribuir a disminuir la desigualdad.

Un sueño Que no mueran mas mujeres por ser mujeres, ni por un aborto inseguro de un embarazo forzado y/o impuesto y que la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad.

Un recuerdo El 30 de Octubre de 1983, la alegría en la calle de toda la ciudadanía por la recuperación de un sueno: la democracia. Bailábamos en las plazas.

Un prócer Sarmiento.

Un líder de hoy Michelle Bachelet.

Una sociedad que admire La danesa.

Una bebida Champagne o vino espumante.

Un placer Pasar unos dias en mi casa en el Delta.

Un libro En busca del tiempo perdido de Marcel Proust.

Una película Hiroshima mon amour.


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