Debate presidencial: Lo mejor y lo peor de Alberto Fernández

Politica
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Con tono enérgico ya desde sus primeras frases de presentación, Alberto Fernández arrancó pegándole a Mauricio Macri, su principal rival en las elecciones del 27 de octubre.

El candidato

del Frente de Todos se había preparado con sus asesores durante la semana para difundir sus propuestas de Gobierno en el programa de mayor audiencia de toda la campaña, pero no hizo eso: desde el principio acusó al Presidente de mentir. La hizo en varias ocasiones, y en todas esas oportunidades le habló a su propio electorado. Por eso, en el balance de todo el primer tramo del debate, Fernández terminó hablando más tiempo de Macri que de sus propias ideas.

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En el tramo dedicado a las Relaciones Internacionales, luego de asegurar que su plan para integrarse al mundo globalizado es hacerlo "de pie" y de denunciar que el Mercosur está "abandonado", Fernández habló de Venezuela, el flanco que había elegido Macri para pegarle. En ese punto, se diferenció de la posición de Cambiemos para decir que no quería ver a la Argentina participando de una intervención militar en Caracas. Previsiblemente, se cuidó de considerar como una dictadura al régimen de Nicolás Maduro, algo que ya había hecho en la campaña.

El candidato opositor tuvo su pasaje de mayor vehemencia cuando tocó hablar de Economía y Finanzas. Con el dedo derecho levantado y señalándolo una y otra vez -aunque sin mirarlo- le dijo a Macri que no sabía el daño que le había hecho al país su política económica. Al final, el Presidente aprovechó ese gesto para castigarlo por el "dedito levantado" y "la canchereada del kirchnerismo", dos cuestiones que habían saltado desde hacía varios minutos en las redes sociales.

Fue, también, el momento en que se dedicó a hablarles a votantes que no están en el núcleo duro del kirchnerismo y el peronismo. "Yo no soy dogmático", avisó, y adelantó que tiene pensado apelar a la ortodoxia y a la heterodoxia para buscar salidas a la crisis económica. Allí dedicó también unos segundos a difundir su idea de convocar a un pacto social a "la industria, el campo, los que trabajan y el Estado". No mencionó a la oposición en ese punto -y desnudó así el costado corporativo que tienen esa clase de arreglos-, pero elogió en dos oportunidades a Roberto Lavagna. En varios tramos, Fernández se dedicó, ya sin disimulo, a seducir a los votantes del ex ministro de Economía, que en las PASO superó el 8 por ciento de los votos. Esa fue la clave de su participación en el programa: fidelizar el apoyo de sus votantes seguros y caminar sobre el electorado que tiene más cercano.

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