El Gobierno, preocupado por la sucesión de derrotas en los centros urbanos

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Las derrotas en los comicios provinciales no conmueven en público al oficialismo. El libreto que baja desde Jefatura de Gabinete es uno solo y exactamente el mismo que en 2015. “Las

elecciones provinciales no nos preocupan. Se discuten cuestiones locales”, señalan.

Sin embargo, basta revisar los resultados de los comicios provinciales de 2015 con los de 2017 para señalar un dato inocultable. Cambiemos ya no gana en los centros urbanos,donde sí imponía una ventaja a su favor en los comicios provinciales. “Eso es lo que más nos preocupa”, señalan uno de los funcionarios de Mauricio Macri que trabaja para juntar voluntades.

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La capital cordobesa fue el mayor cimbronazo, pero no el único. En el Gobierno adjudican ese resbalón a la falta de una estrategia y a la fractura provincial de Cambiemos. En 2015, Ramón Mestre -único candidato del macrismo entonces- obtuvo el 32 por ciento de los votos y Luis Juez quedó tercero con el 15,86%. Esta vez, su delfín Rodrigo De Loredo -yerno del ministro de Defensa Oscar Aguad- obtuvo el 17,5% y Juez, el candidato de Mario Negri, se quedó con el 19,5%. Las sumas no son equivalentes, pero en cualquier caso el apoyo a los candidatos cercanos a Cambiemos se desmoronó.

El domingo pasado se consumó la derrota en Santa Rosa, que el radical Leandro Altolaguirre le había arrebato en 2015 al peronismo. Esta vez el camporista Luciano Di Napoli se quedó con la capital pampeana y el 51,73% de los votos y frustró la reelección del dirigente radical, que cosechó la mitad de los votos que había logrado 4 años atrás. Los más optimistas del Ejecutivo igual le quitan trascendencia. “¿Cuánta gente vota en La Pampa?”, preguntaron. Son apenas poco menos que 250 mil electorales.

Distinta es la situación de Santa Fe -tercer distrito nacional- donde el oficialismo no tiene ilusiones de colarse en la discusión cabeza a cabeza entre el peronista Omar Perotti y el socialista Miguel Lifschitz. Más grave aún es la inminente derrota en la capital, que gobierna el candidato a la gobernación José Corral. Emilio Jatón, del Frente Cívico y Social, duplicó los votos de “Niky” Cantard en las recientes PASO. En las legislativas de 2017, en las que Cambiemos se impuso a nivel provincial, ya habían perdido en la capital.

La luz amarilla se impone en otro distrito importante, como Paraná, la capital de Entre Ríos. Allí, el intendente local y de Cambiemos -procesado por narcotráfico- le ganó con facilidad al macrista Emanuel Gainza. Sin embargo, con sus votos sumados, ambos quedaron atrás de la candidatura del actual vicegobernador de Gustavo Bordet, Adán Bahl.

El oficialismo ya había retrocedido en los bastante más despoblados centros urbanos de Chubut y Río Negro, aunque varios municipios elegirán en otros turnos electorales. En el norte, confían en mantener San Miguel de Tucumán, pero aunque el intendente Germán Alfaro tiene chances de reelegir, su perfil más peronista no garantiza que sus votantes elijan a Macri.

La preocupación se extiende también a otros ciudades importantes del principal distrito electoral del país: Buenos Aires. El oficialismo corre de atrás en el Conurbano, bastión kirchnerista, pero también administra riesgos en distritos importantes y populosos del interior bonaerense, como Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata.

Macri y José Corral. El Gobierno se prepara para otra derrota en Santa Fe.

Macri y José Corral. El Gobierno se prepara para otra derrota en Santa Fe.

La gestión del intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo, que podría tener que enfrentar al vidalista Guillermo Montenegro, pone en peligro otra ciudad importante. El arrastre de Cristina Kirchner en La Plata y la caída de la imagen oficial en Bahía Blanca, amenaza las chances de Cambiemos. “En todos los lugares estamos más abajo y esos son municipios clave para levantar”, sostienen -siempre más realistas que en la Casa Rosada- los operadores de María Eugenia Vidal.

En el mundo PRO, las estrategias de campaña no son solo territoriales y la preocupación oficial también se replica en esa lógica. Es que en Cambiemos saben que perdieron seguidores entre sus votantes duros de 2015. La discusión por la legalización del aborto no les sumó voluntades. Entre los verdes, Macri nunca fue el preferido y nadie le reconocerá “haber habilitado” el debate, como dicen en Ejecutivo. Entre los celestes, en cambio, perdieron más voluntades.

Entre los cerca de 85 mil efectivos activos de las Fuerzas Armadas, que se suman al personal retirado, también perdieron mucha voluntades. “Los votaron masivamente en 2015 y están golpeados y defraudados”, le confió a Clarín un ex ministro de Defensa. La tragedia del ARA San Juan y las idas y vueltas por haberes, jubilaciones y la obra social ayudaron poco.

En el bunker macrista de Balcarce 412, que responde al jefe de Gabinete Marcos Peña, reconocen que tendrán que recoger votos de otra parte para emular el 2015, cuando ganaron por apenas 2 puntos. “Habrá que juntar votos que antes no tuvimos. ¿Cómo va a votar el tipo que ahora tiene cloacas y nunca tuvo? ¿Y el que esperó una ruta por 15 años y se la hicimos?”, se preguntan sin perder el entusiasmo.