Coqueteos de Sergio Massa y el polo de centroizquierda, con final abierto

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El objetivo es común: sobrevivir a la polarización Macri-Cristina. Los intentos de seducción son mutuos, aunque difieren en la estrategia. El socialista Antonio Bonfatti invitó a Sergio Massa a una reunión

de referentes de centroizquierda con el objetivo de atraerlo hacia un frente de límites precisos. El líder del Frente Renovador llegó para tantear la posibilidad de arrastrar extrapartidarios a una eventual PASO del peronismo para el 2019.

Como buenos jugadores de póker, el jefe nacional del socialismo -dueño de casa, ya que el encuentro se hizo en la fundación partidaria, el Cemupro- y su huésped principal hablaron de aunar propuestas en políticas públicas (educación, salud, industria), pero delegaron la discusión electoral a sus aliados.

Sergio Massa en la reunión con líderes progresistas, en el Cemupro.

Sergio Massa en la reunión con líderes progresistas, en el Cemupro.

El más audaz fue Diego Bossio, inesperado integrante de la amplia delegación massista. El ex funcionario K (a punto de abandonar el Peronismo Federal) habló de “la lucha por el poder con un gran frente electoral”. Margarita, jefa del GEN, se limitó a proponer “una alternativa”.

Más distante se mostró Humberto Tumini, de Libres del Sur, quien advirtió que la “izquierda” primero debería armar su estrategia. Algo parecido a lo que plantearon los radicales disidentes Ricardo Alfonsín, César Martucci y Carlos Fascendini (vice de Santa Fe), aunque en este caso para ubicar moderadamente al espacio en la “centroizquierda”. De hecho, ese trío cree que las charlas con sectores del PJ deberían esperar a que la sociedad sepa de qué se trata el Encuentro Progresista, espacio que Alfonsín lanzará el 1° de noviembre junto a Stolbizer y el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, en el Palacio Alsina.

Su ausencia en dicho armado fue lo que apuró a Bonfatti a sentar a la mesa al peronista más cercano. Se sabe que su prioridad no es el armado de un polo ideológico que por ahora está lejos de armar una fórmula presidencial. En cambio, busca aliados en su cruzada por volver en 2019 a la Gobernación santafesina. A Massa le cayó como anillo al dedido el convite (con austera mateada, bien estilo socialista) para contrarrestar el mal trago por la huida de Felipe Solá y otros cuatro diputados de su bloque hacia tierras más cercanas a los K.

Mesa de trabajo del massismo y el polo socoaldemócrata en la sede del Cemupro.

Mesa de trabajo del massismo y el polo socoaldemócrata en la sede del Cemupro.

Massa rozó apenas el tema electoral al proponer que el año próximo se de atrás “la corrupción, el ajuste y la timba”. Sus interlocutores entendieron que colocaba a Cristina Kirchner en el primer ítem y a Mauricio Macri en los otros dos. Sin embargo, no dio pistas del alcance de sus exploraciones en el territorio peronista para poder reincidir en las presidenciales. Stolbizer -que oscila entre considerarse su aliada o apostar a una propuesta socialdemócrata pura- le dedicó una galantería, al afirmar que “entre el progresismo y el Frente Renovador no hay grieta”.

El socialista porteño Roy Cortina buscó ir al grano y propuso armar listas distritales conjuntas. Estaban el legislador del GEN, Sergio Abrevaya, y el diputado massista por el mismo distrito, Marco Lavagna, pero no emitieron opinión.

El eje progresista avisó que seguirá consultando a sectores políticos (¿Solá? y ¿Urtubey?) y sociales. Por ahora no tiene candidato a las presidenciales, aunque muchos miran a Alfonsín. Tiene una contra: si Martín Lousteau va a las PASO de Cambiemos podría contener la diáspora radical que vaticinan los “progres”.

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