Turbulencias, fútbol y matrimonios: el día libre de Mauricio Macri en Nueva York

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El viaje de Mauricio Macri a los Estados Unidos empezó con una turbulencia. Esta vez no se trató de un juego de palabras del Presidente para referirse a la crisis

económica o a la corrida del dólar. El avión que contrató el Ejecutivo para viajar a Nueva York se sacudió por el temporal que azotó a la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Para la suerte de la comitiva oficial, que conformaban la primera dama Juliana Awada, el vocero presidencial Iván Pavlovsky, el secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo y el canciller Jorge Faurie, el susto duró hasta Rosario.

El presidente Mauricio Macri sale del hotel Langham en Nueva York. Foto: Adriana Groisman

El presidente Mauricio Macri sale del hotel Langham en Nueva York. Foto: Adriana Groisman

El Presidente llegó muy temprano por la mañana al Hotel The Langham, sobre la Quinta Avenida, a solo tres cuadras de la imponente Biblioteca Pública de esta esta ciudad y a otras tantas del Empire Estate, emblema neoyorquino. La elección del hospedaje no fue casual. El Gobierno buscó enviar un gesto. Durante sus tres visitas anteriores como Presidente a esta ciudad, se había hospedado en el mucho más lujoso The Marks, un hotel boutique de lujo, en el Upper Eeast, a dos cuadras del Central Park. Esta vez tampoco se hizo tiempo para pasear relajado en bicicleta, por el pulmón de esta mole de cemento, como había hecho en 2016, junto a su esposa. El cielo gris y la llovizna intermitente, tampoco invitaba.

Macri eligió descansar durante las primeras horas de la mañana. Awada y varios de los funcionarios que lo acompañaron aprovecharon para caminar anónimamente por las calles de las Gran Manzana. Entre ellos, se contó a Pompeo y al ministro de Hacienda Nicolás Dujovne -clave en la negociación con el FMI, que el Gobierno busca cerrar, y que llegó en un vuelo de línea comercial. Un fiscal mendocino aprovechó para fotografiarse con Dujovne, que lució de buen humor y relajado, tras su breve internación semanas atrás. “Solo tendré reuniones con el Presidente y con mi equipo”, dijo el ministro, con un halo de ministerio. De sus colaboradores solo lo acompañaba Fernando Jasnis, subsecretario de Administración Patrimonial.

Cuando la primera dama regresó al hotel, el Presidente salió a la calle y saludó uno por uno a los periodistas que hacían guardia. Allí habló de sus expectativas y del mensaje optimista sobre la economía que llevará a cada uno de los interlocutores que le toque enfrentar durante la gira. Unos pocos argentinos lo esperaban. Solo hubo elogios, selfies y un pedido que Cambiemos convirtió en marca registrada: “No aflojes”.

Macri y Awada partieron con rumbo desconocido para almorzar con Dujovne y su esposa, Carolina Yellati. Las hijas de ambas comparten la escuela. Antes de salir, el Jefe de Estado confirmó lo que ya se sabía desde temprano. Se recluiría en el hotel para ver el Superclásico. El Presidente no descuida la suerte de Boca ni en los momentos más críticos del Gobierno. Así había ocurrido durante el largo domingo donde terminó de definirse la reestructuración del Gabinete.

Por la puerta del hotel -que la comitiva argentina comparte con la de otros países, como República Dominicana, que asistirán a la Asamblea General de Naciones Unidas- se lo vio al senador nacional Esteban Bullrich. El titular de la Comisión de Presupuesto de la Cámara Alta participa del grupo de Educación para los objetivos 2030 de la ONU. Desde este lunes, acompañará al Jefe de Estado. Por lo bajo, analizaba la suerte de algunos artículos polémicos del proyecto oficial que se tramita en Diputados, y representa la segunda señal que -junto al acuerdo con el FMI- el Gobierno busca enviar para tranquilizar a los mercados.

River terminó por amargar al Presidente, que vio el clásico en la soledad de su suite. "Por suerte", acotó un colaborador entre risas. El resto de los funcionarios hizo lo mismo. El partido que más lo desvive en esta ciudad empezará a jugarse hoy. Dujovne, hincha de River, se quedó más feliz. Otra vez, desde Buenos Aires volvió a escucharse una frase que se repitió apenas se selló el primer acuerdo con el FMI. "El Fondo necesita meter un gol y esperemos que sea con la Argentina", señaló.
​(Enviado Especial)

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