Festival de Ganancias, blanqueo segundo capítulo y ¿Cristina candidata?

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¡Átame! O como Almodóvar inspira el pacto del presupuesto

El peronismo goza la situación de Cambiemos, un gobierno de minorías que va por el mundo con el morral de los USD

50.000 millones del FMI, y que lo único que pide es que firmen el presupuesto que contiene ese acuerdo, para que tenga alguna seguridad de cumplimiento. Por eso busca atarle las manos a cambio de los votos ya prometidos, pero aún no facturados. Un ejemplo es el pedido que le hicieron en estas horas al oficialismo para que derogue el clásico artículo 8° de las leyes de presupuesto, que le atribuye al poder Ejecutivo poderes para gastar durante el año, las partidas de dinero recaudado por impuestos o créditos, que estén por encima de los montos aprobados en la ley.

Es uno de los superpoderes que permitieron que los jefes de Gabinete se aprovechasen de la contabilidad creativa de sus ministros de Economía, que calculaban a la baja los ingresos, y cuando estos crecían, aunque fuera por inflación, se entregaban a un festival del gasto. En la misma cuerda que el personaje de Almodóvar, el Gobierno, con tal de que salga el presupuesto, le dice a la oposición "Átame". En ese filme la cautiva Victoria Abril le pide a su secuestrador que la ate para no tentarse con una fuga que la prive de lo que, en fondo, es algo parecido al amor.

Freno al festival del Impuesto a las Ganancias

En la reunión que tendrá Rogelio Frigerio en la tarde de este miércoles con Miguel Pichetto y los senadores de la comisión de Presupuesto y de esa cámara, la oposición pondrá como condición la derogación de estos poderes delegados, que han tenido otros gobiernos para sobre gastar a su antojo. Y lo tendrán que aceptar en el Gobierno, porque la novedad de este presupuesto es que lo pide un gobierno que tiene número en las dos cámaras, como la primera minoría, porque el peronismo está dividido. Si estos se unen, son más.

En la reunión del viernes, Pichetto le enumeró a Frigerio lo que va a pasar y lo que no va a pasar en el nuevo proyecto. El ministro fue con los ojos bien abiertos. En su cálculo, para que salga la ley, el peronismo de Diputados tiene que poner 20 votos y el del Senado, 10. Estos 20 diputados los pone Pablo Kosiner, o sea Juan Manuel Urtubey, y por eso Macri se costeó el viaje a Salta el miércoles. Los 10 senadores los pone Pichetto. Por eso la peregrinación de Frigerio del viernes, que repetirá este miércoles.

Para la primera cita, el CEO del peronismo blanco pidió foto y testigos: hubo imágenes y Nicolás Massot, que ronca fuerte en la comisión de Presupuesto de los Diputados, fue el chaperón. Frigerio logró en el encuentro del viernes que el peronismo acepte que el nuevo texto del Consenso Fiscal 2018, ingrese por Diputados, no por el Senado, como pedían algunos. Es un pedido de los gobernadores para achicar el recorte de gastos de las provincias, creando nuevos impuestos y postergando la baja de otros, que se habían decidido en la primera versión el año pasado. El mismo miércoles Macri, que vendrá de regreso de Nueva York el martes, firmará el proyecto que tendrá casi una veintena de apoyos de gobernadores. En la minuta de lo que no pasa por el Senado, de la que tomó nota en la tarde del viernes Frigerio, figura la aplicación de Impuesto a las Ganancias a los adicionales al salario, de actividades hoy no gravadas, el aumento a Bienes Personales, y el ajuste de los adicionales a jubilaciones, en algunas zonas del país.

"Háganlo de a poco, gradual, en todo caso", dice el peronismo. También les pidió Pichetto que reescriban el artículo del proyecto para gravar con Ganancias a las mutuales, y cooperativas financieras y de seguros, para que en todo caso, haya un mínimo no imponible que libre de ese impuesto a las cooperativas y mutuales más chicas. Este universo de economía participativa es otra de las transversalidades de la vida pública argentina, y las mutuales y cooperativas tienen defensores inesperados en todas las tribus.

Y por elevación, frustrar el nuevo blanqueo

El debate más duro parece venir por el proyecto de la oposición del elevar el impuesto a los Bienes Personales a quienes tienen propiedades en el exterior. La idea la cabalgan Sergio Massa y sus diputados, aunque es un invento de otro duro del peronismo, Carlos Verna, gobernador de La Pampa. Llevó la idea a la reunión de gobernadores del CFI, previa a la última cumbre con el gobierno. Para Massa es un producto ideal: sale a pedir un impuesto a los ricos, lo que recubre su campaña de hidalguía pobrista, y presiona sobre un costado inconfesable del oficialismo, que es éste: los clientes de este nuevo impuesto son muchos que entraron en el blanqueo de capitales del exterior, a quienes les prometieron borrón y cuenta nueva.

Para Massa es una forma de exhibir al Gobierno hasta ahora como un benefactor de los ricos, una metáfora de utilidad electoral bien eficaz. Si ahora les elevan el impuesto, no sólo se quebrará la seguridad del reglamento del blanqueo anterior, y todo por unos míseros $ 30.000 millones, aunque hoy cualquier monto hace sombra en la tierra. La consecuencia es que bloquea hacia adelante el segundo blanqueo, que tiene en estudio el Gobierno, como se contó aquí, para después de que salga el presupuesto. El cálculo es que en el anterior se logró la mitad de lo que se esperaba, y que ahora pueden llegar a venir otros USD 100.000 millones. Pero si se les sube ese impuesto, ¿quién se va a anotar en este segundo blanqueo? ¿Qué mejor manera de atarle las manos al Gobierno hacia adelante que obturarle esos ingresos?

Lo que costó la salida de Mario Quintana

Para seguir atando manos: ni se les ocurra aumentarle el Fondo del Conurbano a Buenos Aires. María Eugenia Vidal está que trina, porque encima se enteró de esa negativa de la mesa de negociación por un diputado peronista, no por nadie de los suyos, cuando creía que tenía ahí gente que la protegía. La razón es sencilla: la Nación dice que no tiene dinero para actualizar ese fondo, y los gobernadores no tienen ninguna voluntad para alimentarle las alforjas a Vidal, que es candidata a reelegir en un distrito en donde el peronismo tiene su cuartel principal, y su mejor candidata.

Los detalles de este debate, que es el final de meses de negociaciones, secretas y no tanto, se explican no sólo por la inquina electoral. Ya es bastante imponer el recorte a la atribución para gastar lo sobre recaudado, o que no haya este año "planillas de la felicidad" -como se le suele llamar a la nómina de obras que pueden quedar anotadas en "stand by" para usar esos fondos extra-. También el Gobierno paga el reacomodamiento del nuevo gabinete. El proyecto de blanqueo -que el oficialismo considera posible, necesario, pero no oportuno por ahora- era un asunto que estaba en manos del saliente Mario Quintana. Ya no está para defenderlo.

Tampoco está para defender el resultado de un voluminoso estudio que hizo antes de irse, sobre los suplementos por zona que cobran trabajadores activos y pasivos de todo el país, en sus salarios y en sus asignaciones familiares, que reflejan un mundo que ya no existe. Se remontan a los tiempos anteriores a la reforma de la Constitución, que les dio los recursos del subsuelo a las provincias. Nunca se las revisó a fondo y Quintana creía que era el momento. En cuanto mostró el proyecto, se lo recortaron primero y después se lo anularon. Y le pidieron la renuncia. La revolución es un sueño eterno (Rivera, novelista).

Frenesí de primavera por los viajes

Tanto frenesí contable ha apagado otros fogones. Como hay acuerdo para el presupuesto, todos disparan hacia otros lados para estar lejos de la explosión controlada que será su aprobación. Hay que estar lejos de esos estallidos. Setiembre es, además, un mes de fiebre viajera. Macri debutó con la ONU esta semana, Federico Pinedo se va a París a dar una conferencia, Felipe Solá navega hacia Brasil a acompañar a Fernando Haddad, el candidato peteísta a la presidencia -espera estar el fin de semana de regreso, para el lanzamiento de su volumen de memorias ("Felipe Solá: Peronismo, pampa y peligro. Mi vida en la política argentina", se titula). Juan Schiaretti casi se va a México, pero se queda para la cumbre del 6 de octubre, con los otros caciques del peronismo moderado. Urtubey tiene turno para una conferencia en Harvard, pero apura la vuelta porque tiene a Los Pumas en Salta.

Esta dispersión, y la obsesión presupuestaria que embarga a todos, dejó sin tratamiento otros asuntos, como la postulación a Procuradora General de Inés Weinberg de Roca, que era algo que parecía tapar el cielo. "Nadie del oficialismo ha vuelto a pedir por ella", dicen los peronistas. Y eso que hay ámbitos para discutirlo. En la semana se aprobaron los acuerdos de los conjueces de la Corte -deben reemplazarlos en casos en que los magistrados deban excusarse-. La curiosidad la aportó el senador Guillermo Snopek al observar en la comisión la designación del ex diputado Ricardo Gil Lavedra, uno de los responsables del plan Justicia 20-20. Le atribuyó una relación con el gobernador Gerardo Morales, con quien Snopek libra una jugosa pelea judicial-familiar. Gil Lavedra fue aprobado, pero se excusó de opinar sobre si los jueces deben pagar impuestos. Fue porque si la Corte y sus subrogantes -que son todos judiciales- se excusan en el tema, lo va a tener que resolver él, y no quiere opinar por adelantado. Un caballero.

El peronismo hará con Cristina lo que mejor que convenga

El destino de Cristina presa es un enigma. Apeló el viernes el procesamiento, y debe resolver la Cámara. Se tomará su tiempo, porque también apelaron los otros acusados, arrepentidos o no -son más de 40-, y también el fiscal Carlos Stornelli. Unos rechazan haber formado una asociación ilícita; el fiscal pregunta por los que quedaron sin procesar. Claudio Bonadio dijo que pedirá el desafuero de Cristina si una Cámara lo avala. No basta, por ahora, para quebrar la doctrina Pichetto de que hace falta una sentencia firme.

Aportó un nuevo ángulo en estas horas el jefe del bloque del PRO, Nicolás Massot: la Justicia tiene detenido al desaforado De Vido hace casi un año, y no hay fecha de juicio a la vista. Lo dijo en una crítica a la lentitud de la Justicia, que pide desafueros de legisladores y que los saca de sus bancas sin fecha de vencimiento. Massot está contra la existencia misma de los fueros como coraza de los políticos, y observa que en los meses que vienen van a sobrevenir pedidos de desafueros de otros diputados de la línea cristinista, y que puede verse afectada la representación. En ese marco, Cristina presa puede ser candidata, porque no se ve que haya un juicio cerca, para que una eventual condena la inhabilite. Más cuando la Suprema Corte avaló ya el año pasado a Carlos Menem como candidato, con una condena en Casación después de un juicio de 17 años.

No la ayuda el ejemplo de Lula, que entró a la cárcel con alta popularidad y después de varios meses ha perdido esas marcas. En Brasil hay una ley que les pide a los candidatos un libre deuda que acá no existe. Esto limita la herramienta del peronismo para apartarla de la candidatura, facilitando su detención, y precipitando así la unidad de la oposición. Ojo que en el peronismo hay otros métodos de mortificación de los compañeros. Lo sabe Luis Patti, que terminó fuera del Congreso por el voto del peronismo, que lo había exaltado en varias elecciones. Un destino peronista.

Quién controla la calle

Se preguntan muchos cuál es interés de ella por ser candidata si eso beneficia a Macri en la disputa del poder en 2019. Si rige la doctrina Pichetto, ¿qué falta para que se termine de convencer y abandone la carrera para precipitar una unidad del peronismo sin ella? Algunos imaginan una presión de los indignados anti-K sobre los senadores. El macrismo sociológico nació de los cortes de ruta y los cacerolazos, pero no es una fuerza que se luzca mucho en movilizaciones callejeras. El cristinismo, en cambio, cree que su principal activo es su capacidad de salir a la calle, aunque desde 2015 ese recurso parece haberse disipado.

El control de las movilizaciones lo tienen hoy las organizaciones sociales, y esto explica el mimo con el cual tratan desde el cristinismo a Juan Grabois. Este dirigente es el seguro de la paz callejera, porque cumple un mandato pacifista del Papa Francisco, que no va a quebrar por su opción partidaria. Aunque ojo: su detención por unas pocas horas esta semana, cuando salió a proteger a unos manteros senegaleses, fue un ensayo de rebelión masiva. Sus militantes se agolparon en la puerta de la comisaria en cuestión de minutos, con la celeridad con la que se movilizan sólo los motoqueros. Lo soltaron rápido: la autoridad le debe mucho por su aporte a la paz callejera, y tenerlo entre rejas era una provocación que podía terminar más que mal.

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