Oscar 2018: La película chilena que puede dar el batacazo

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Una mujer fantástica viene subiendo en las apuestas para ganar el premio de la Academia como filme en idioma extranjero. Entrevista a su director, Sebastián Lelio.

 

De ser la oveja negra de las precandidatas al Oscar a la mejor película hablada en idioma extranjero, Una mujer fantástica está subiendo en las apuestas. La película chilena -la segunda en la historia, tras No, de Pablo Larraín, en alcanzar la nominación- es de Sebastián Lelio, quien nació en la Argentina, pero se asume como ciento por ciento chileno, se centra en una mujer transgénero, cuyo nuevo novio, que por ella dejó a su mujer e hijos y es bastante mayor, fallece repentinamente y Marina (Daniela Vega, 28 años) debe acomodarse a la situación.

La nueva película del director, que el 8 de marzo, Día internacional de la mujer, cumplirá 44 años, ya venía haciendo ruido festivalero desde su presentación en el de Berlín, hace exactamente un año.

Y que Lelio ya tenga una película rodada con producción hollywoodense (Disobedience, hablada en inglés y con Rachel McAdams, Rachel Weisz y Alessandro Nivola), y la remake de su exitosa Gloria, ahora con Julianne Moore, no son datos menores.

Para nada.

Oscar 2018: La película chilena que puede dar el batacazo

Con Daniela Vega. Ella (28 años) comenzó como asesora y terminó protagonizando la película que pueda dar el batacazo el domingo 4 de marzo. FOTO: MIRADA

-¿Viste las películas que compiten con la tuya, o no tuviste oportunidad de hacerlo?

-Sí, las he visto.

-¿Y?

-¿Y qué quieres que te diga? (Risas) Sólo puedo dar una respuesta buena onda, que no es mentira, que es un grupo potente de películas, es un año muy interesante, porque todo puede pasar. Hay años en que claramente hay películas que van a ganar, este año es más entretenido.

Una mujer fantástica estrena aquí el próximo jueves.

-Ya estás acostumbrado al circuito de los festivales, pero ¿cómo pasaste la etapa de la preselección?

-Bueno, uno ya está un poco curtido con lo difícil que es, la cantidad de incertidumbre que hay en torno a los procesos de selección. Se necesita una cuota de suerte. Lo vivimos con cautela, pero al mismo tiempo somos muy conscientes de que la película ha ido en escalada. Entonces, claro, por un lado hay hechos concretos y las posibilidades reales, y por otro una cautela de no querer hacer futurología. Los premios son una circunstancia un poco forzada para las películas, ¿no? No se hacen para competir, entonces es muy difícil analizar demasiado. Vamos con cautela y esperanza, y con alegría cuando las cosas pasan.

 

-Pero a partir de la nominación al Oscar tu película se abrió a más mercados, ¿o ya no?

-No, curiosamente no, la película ya en Berlín se había prácticamente vendido a todos los mercados, no sé si habrá quedado alguno. Para mi sorpresa había ya en Berlín muchos distribuidores decididos.

-¿Vas a estar con Daniela también allá en Los Angeles? ¿Quiénes te van a acompañar?

-Sí, va Daniela, van los productores y el actor principal, Francisco Reyes.

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Daniela Vega será una de las presentadoras de rubros en la entrega del Oscar.

-¿Cómo te contactaste con Daniela?

-Al comienzo estábamos simplemente jugando con la idea de qué pasa si una persona que tú amas muere en tus brazos, y por alguna razón tú eres el o la persona indeseada y la familia no te quiere ver. Y eso parecía un buen punto de arranque, pero no era suficiente para una película. Y poniendo una mujer transgénero, eso fue como un ¡clack! En mi cabeza sonó como con mucho potencial y también muy emocional, con resortes artísticos, morales. Necesitaba saber, conocer quién estaba ahí afuera, conocer una mujer transgénero en Santiago, hoy, cómo eran. Estábamos buscando una guía cultural, una guía del proyecto, una amiga con la que poder conversar e informarnos, sacarnos de la ignorancia. Y así llegamos a Daniela.

-¿Qué sabías de ella?

-Sabía que tenía una veta actoral y que era cantante lírica, y que tenía una gran personalidad, que era genial. Estaba muy interesado en conocerla, y esa conversación fue un hito en el proceso, porque me impactó mucho. Y así durante un año ella fue una consultora del guión, no es guionista. Y en ese proceso nos hicimos amigos, y una vez que el guión estuvo listo comprendí: Daniela es Marina.

-Pero no estabas escribiendo pensando en ella.

-No, pero fue como muy orgánico. Luego de que dijo que sí, se redactaron algunas cosas para adaptarse a ella.

-¿Por ejemplo?

-Hay un par de tomas muy particulares. En ellas se ve a Daniela, en la clínica adonde lleva a su pareja, y a su lado en una pared se lee en un cartel “Area sucia”. ¿Por qué recalcar eso?

-No lo recalcamos, simplemente estaba así.

-Pero vos pusiste la cámara para que lo tomara. No fue fortuito.

-Yo no lo mandé poner ahí, ella estaba esperando por el doctor, y yo podía pedir que lo sacaran, pero no lo hice. Me parecía que había una resonancia posible, en que haya un área sucia en un hospital. No sé ni lo que es un área sucia. Pero evidentemente genera una resonancia con respecto a cómo el personaje es recibido. Más que una elección de provocar algo fue una elección de dejar fluir algo, que ocurrió.

-Aquí la gente está más abierta con el tema de transgénero, pero la familia que retratás en tu película está como muy cerrada y encorsetada. Quería saber cómo es en Santiago, si las personas transgénero son muy resistidas por la sociedad.

-Por lo que he podido aprender en el proceso…. Bueno, Chile es un país muy conservador, y no ha sido fácil. Las transgénero han tenido situaciones muy violentas, el Estado no reconoce a las personas trans, eso se traduce en una cantidad de complicaciones a la hora de ir al médico, de cobrar un cheque, salir del país. Nuestra película ha ayudado a tomar conciencia, pero no, hasta que no haya una ley, es sólo bla bla. Probablemente la experiencia sobre el aborto fue más breve.

-Vos naciste en la Argentina y te criaste con tus papás en Chile.

-Nací en la Argentina, pero técnicamente no soy argentino, soy chileno. Mi padre biológico es argentino, pero yo me crié en Chile. Tengo una relación con él, con la Argentina, y voy bastante seguido, pero en rigor no soy argentino.

-Pero ¿fue una casualidad que nacieras aquí?

-No, es que luego se divorciaron. Mi mamá es chilena.

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Vega besa al director Sebastián Lelio luego de recibir el Goya a la mejor película iberoamericana, donde compitió con "Zama", de Lucrecia Martel. FOTO: AFP

-Te formaste cinematográficamente en Chile, un país que ha empezado a emerger como una cumbre de cine importante en Latinoamérica, tanto con vos como con Pablo Larraín o Andrés Wood. ¿Notás que se sigue fomentando esto en las nuevas camadas, o los Larraín y vos son como casos aislados?

-Es difícil trazar la línea… Hay una generación claramente, Pablo, yo, Matías Bize… Más jóvenes que Andrés, a quien mirábamos cómo hacía sus películas cuando nosotros estábamos estudiando. Hay una gran diversidad en la cultura en general en Chile hoy, se están viviendo remezones culturales y sociales importantes, y es un libro con muchas páginas por escribirse. Lo que pasa es que desde afuera se ve como abrupto, te diría que los últimos años se producen puntos de inflexión en cuanto a que el cine chileno comenzó y sobrepasó el rompeolas de los festivales, y eso es algo que había pasado, pero en casos aislados. Ahora hay algo así como una comunidad, si logramos que esa continuidad se mantenga, vienen generaciones nuevas con mucha hambre y sangre…

-¿El público chileno apoya al cine chileno?

-Sí, y no. Es que depende qué película. Es curioso, por ejemplo Gloria fue vista por 150.000 personas en Chile y por casi un millón de personas en el extranjero.

-¿Y “Una mujer fantástica”?

-No hay estadísticas aún internacionales, pero es un caso especial porque se estrenó en abril, estuvo tres meses en cartel, la vieron cerca de 50.000 personas, o sea un tercio de la que vio Gloria, pero se mantuvo en algunas salas independientes todo el año, y ahora con la nominación volvió a las salas, entonces la historia sigue contándose.

-Viste que aquí en la Argentina las cifras de espectadores son superiores, un poco más altas para el cine argentino exitoso, por así decir.

-Por supuesto, yo lo sé. También es un país más grande, Buenos Aires ya es una ciudad más grande, es otro mercado. Chile es un mercado más pequeño y hemos encontrado también una forma de encontrar un equilibrio entre contar historias que provienen de nuestra realidad y de nuestra sociedad local, y que logran estos números más o menos exitosos en Chile, pero que tienen una vida internacional concreta. Ese juego ha sido muy interesante.

-¿Tenés amigos entre los cineastas argentinos? ¿O solamente los conocés y te los cruzás en festivales y listo?

-Amigos no, relaciones muy profundas, no. He compartido muchas veces con Santiago Mitre, con Trapero, los conozco, pero no diría que soy amigo de ellos. Me gustaría, pero no se ha dado.

Lelio ahora está en Los Angeles, pero no haciendo la posproducción de Gloria. “Se está haciendo en Chile”, comenta, sobre el filme que estrenará en el segundo semestre.

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Juianne Moore protagoniza la remake de "Gloria", que el propio Lelio dirigió. Estrenará el segundo semestre de este año.

-¿Y con “Disobedience” cómo te fue? ¿Cómo fue esa experiencia?

-Fue probar y arrojarse en otro idioma, rodar en Londres, con judíos ortodoxos del norte de Londres. Esa experiencia fue fuerte para mí, y estoy muy entusiasmado de qué va a pasar con su estreno en abril en los Estados Unidos, porque la película apareció, se mostró en Toronto, y se la guardó.

-¿Y la nueva versión de “Gloria”, se modifica mucho? ¿Qué hiciste?

-Sí y no, es como un cover hecho con otra banda. Con otros músicos, lo hicimos con esa libertad, como músico más que como cineasta, hay tanto manual de buenas costumbres que uno al final no podría hacer nada… Como si hacer una remake fuera indigno. Y eso fue una de las grandes motivaciones para hacerla. Explorar esos materiales de nuevo y darles una nueva vida, hacerlos resonar con este momento cultural con una actriz de este tamaño (por Julianne Moore, en el rol que tuvo Paulina García, y por el que ganó como mejor actriz en Berlín; también actúan John Turturro, Sean Astin y Michael Cera).

-¿Tuviste libertad para hacer lo que quisieras, elección del elenco incluida?

-Sí. No la hubiera hecho de otra manera. El sistema que logramos armar fue muy familiar a pesar de ser otra escala. Fue muy familiar en sentido de la libertad y de la calidad de la gente que se unió al proyecto.

 

fuente clarín

autor Pablo O. Scholz

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